09/24/2026
Aleida Rodríguez Galván: entre Managua, la memoria y el cariño
Hay personas que se marchan y, sin embargo, continúan hablándonos. Quedan sus palabras, sus gestos, sus recuerdos y esa manera particular que tenían de hacernos sentir queridos. Aleida Rodríguez Galván es una de ellas. Hoy, al volver a leer los mensajes que me escribió, comprendo aún más el inmenso cariño que sentía por su pueblo, por sus raíces y por quienes intentamos mantener viva la memoria de Managua.
Aleida nació el 11 de junio de 1954 y perteneció a una generación de mujeres cubanas marcada por el trabajo, la responsabilidad y la vocación de servicio. Durante 35 años dedicó su vida al ámbito farmacéutico, llegando a desempeñarse como administradora y contribuyendo también a la formación de jóvenes técnicos de farmacia que después continuaron su camino profesional.
Su historia estuvo profundamente ligada a Managua, Volcán y San Antonio de las Vegas. Recordaba con especial cariño su servicio social en la farmacia de San Antonio y a personas que dejaron huellas en su formación y en su vida, entre ellas Ángel Freiré —Lelo—, Nereyda, Manolo, Gisela «La Gallega» y María del Carmen, conocida cariñosamente como Chichi.
Pero detrás de su trayectoria profesional había algo todavía más profundo: Aleida nunca dejó de sentirse managüera.
Un día me escribió:
«Mi pueblo querido… cada lugar me acerca más a mi infancia, juventud y toda la vida».
En esas pocas palabras estaba resumida una vida entera. Para Aleida, Managua no era simplemente el lugar donde había nacido o crecido. Era la infancia, la familia, las amistades, los caminos conocidos y los recuerdos que atravesaron con ella las fronteras.
También compartió conmigo parte de sus raíces familiares. Me habló de sus abuelos maternos, Pastora y Valerio, naturales de Managua, y de sus abuelos paternos, Félix Rodríguez y Amparo Alonso. Eran recuerdos que deseaba conservar, aun cuando lamentaba no poseer fotografías de ellos.
Cuando yo publicaba historias de nuestro pueblo, Aleida aparecía muchas veces con una palabra de aliento. Me llamaba cariñosamente «mi historiador» y me decía:
«Gracias por acordarte de nuestras raíces».
En otro mensaje escribió:
«Mi padre Lulú estaría orgulloso de tu obra».
Y aquellas palabras adquirieron para mí un significado especial. Porque detrás de cada historia que rescatamos existen personas como Aleida que necesitan volver, aunque sea por unos minutos, al pueblo que dejaron atrás.
Nunca olvidaré tampoco uno de sus mensajes más afectuosos:
«Te quiero mucho, mi niño hermoso… todavía recuerdo el gran abrazo que te di el 15 de mayo… qué orgullo haberte visto. Te quiero y admiro. Siempre estarás bendecido por acordarte de todos en nuestro pueblo de Managua».
Hoy esas palabras duelen de una manera diferente.
También recuerdo cuando me escribió que venía desde Tampa y quería llegar antes de que yo me marchara. Quería verme para darme personalmente las gracias «por todo lo que has logrado con nosotros los managüeros». Entonces podía parecer simplemente un mensaje cariñoso. Hoy se convierte en un tesoro.
Aleida emigró a los Estados Unidos y obtuvo la ciudadanía estadounidense en 2016, pero la distancia nunca consiguió arrancarle sus raíces. Cuba continuó viviendo en ella, y Managua permaneció como ese lugar íntimo al cual regresaba mediante fotografías, nombres, historias y recuerdos.
El 21 de septiembre de 2026, Aleida partió físicamente. Pero nos dejó algo que la muerte no puede borrar: su memoria.
Ahora soy yo quien tiene que darte las gracias, Aleida.
Gracias por cada mensaje.
Gracias por llamarme «mi historiador».
Gracias por confiarme recuerdos de tu familia.
Gracias por hablarme de tus abuelos y de tu padre Lulú.
Gracias por querer tanto a Managua.
Y gracias por aquel abrazo del 15 de mayo que tú misma quisiste dejar escrito para que nunca se olvidara.
Decías que cada rincón de Managua te acercaba a tu infancia, a tu juventud y a toda tu vida. Quizás por eso hoy podemos imaginarte regresando definitivamente a ese pueblo de tus recuerdos: caminando nuevamente por sus calles, encontrándote con quienes partieron antes y abrazando otra vez las raíces que nunca abandonaste.
Descansa en paz, querida Aleida Rodríguez Galván.
Tu pueblo no te olvida.
Y mientras exista alguien dispuesto a contar sus historias, pronunciar sus nombres y conservar sus recuerdos, una parte de ti continuará caminando por Managua.
Managua siempre te recordará. 🕊️🖤