03/06/2026
La campana ya había sonado y el patio estaba casi vacío. Ella seguía sentada en las gradas, abrazando su mochila morada, mirando hacia la calle con la esperanza de ver aparecer a alguien. Pasaban los minutos y su mamá aún no llegaba.
El policía pudo haberse retirado, su turno casi terminaba. Sin embargo, al verla sola, decidió quedarse. No dijo mucho; simplemente se colocó a su lado, vigilando en silencio. “Tu mamá ya debe llegar”, comentó con tranquilidad, sin alarmarla. Permaneció allí, firme y atento.
Finalmente, tiempo después, la mamá apareció corriendo, preocupada. Él no se fue hasta asegurarse de que la niña estuviera a salvo. A veces no se necesita un gran acto, solo quedarse y actuar con humanidad.