06/05/2026
Kichita…
tu nombre todavía se queda temblando en mi boca como si no aceptara que ya no hay a quién llamar.
Eras un pequeño universo de colores, un pedacito de vida pintado con ternura. Tu pelaje calicó parecía un atardecer que se dejó caer sobre tu cuerpo: manchas que contaban historias, tonos que parecían abrazarse entre sí, como si el mundo, por una vez, hubiera decidido hacer algo perfecto.
Y ahora… ahora hay un silencio que no sé nombrar.
Me duele de una forma extraña, profunda, como si me hubieran arrancado algo que no sabía que sostenía todo en mí. Porque no eras “solo un gato”. Eras compañía en los días grises, eras calor cuando el mundo se volvía frío, eras esa mirada que, sin palabras, entendía todo.
Te arrebataron la vida… y a mí me dejaron con este vacío que no sé dónde poner.
Sigo esperando escucharte, sentir tus pasitos, encontrarte en algún rincón como si todo fuera una confusión, como si en cualquier momento fueras a aparecer con esa calma tuya, como diciendo que nada pasó. Pero no. Y esa ausencia pesa… pesa demasiado.
No sé qué hacer con tanto cariño que se quedó sin destino. No sé a dónde llevar este amor que todavía es tuyo.
Kichita, ojalá donde estés haya sol tibio, lugares suaves para descansar y paz… la paz que acá te faltó.
Ojalá alguien allá entienda lo especial que eras, como yo lo supe desde el primer momento.
Yo me quedo acá, aprendiendo a respirar con este dolor,
aprendiendo a vivir con tu recuerdo…
y a quererte incluso en tu ausencia. 🐾💔
-Kefir.