07/10/2026
El Rosario no es una oración para tiempos tranquilos.
La Iglesia lo ha tenido entre sus manos también cuando ha sentido el peligro, cuando parecía que las fuerzas humanas no bastaban y cuando era necesario recordar que la batalla del cristiano nunca se libra solamente con sus propias fuerzas.
El 7 de octubre nos lo recuerda de una manera especial.
En 1571, mientras la flota cristiana se preparaba para la batalla de Lepanto, san Pío V pidió a los fieles que imploraran la ayuda de la Santísima Virgen. En Roma se rezaba el Rosario mientras, lejos de allí, se combatía en el mar.
Tras la victoria, el Papa quiso que quedara para siempre en la memoria de la Iglesia la protección recibida por intercesión de María. La celebración que comenzó bajo el título de Nuestra Señora de la Victoria terminaría siendo conocida como la fiesta de Nuestra Señora del Rosario.
Pero sería un error dejar el Rosario encerrado en una batalla del siglo XVI.
Lepanto nos recuerda algo que sigue siendo cierto: el cristiano está en combate.
Hay una batalla contra el pecado.
Contra la tentación.
Contra el desaliento.
Contra la tibieza.
Contra todo aquello que intenta apartarnos de Cristo.
Y en ese combate, el Rosario es un arma porque nos obliga a volver una y otra vez a Jesús.
Mientras repetimos el Avemaría, contemplamos su Encarnación, su Pasión, su muerte, su Resurrección y su gloria. María no nos aparta de Cristo. Nos lleva a recorrer con ella los misterios de su Hijo.
Por eso el Rosario puede parecer sencillo, incluso repetitivo, pero tiene la fuerza de las cosas que perseveran.
Una cuenta después de otra.
Una decena después de otra.
Una tentación después de otra.
Un día después de otro.
El cristiano sigue rezando.
Quizás hoy nuestra Lepanto no tenga barcos ni cañones.
Quizás esté dentro de nosotros.
Una lucha que nadie conoce.
Un pecado que cuesta abandonar.
Una familia que necesita oración.
Una vocación que atraviesa una prueba.
Un alma que queremos recuperar para Dios.
Para esas batallas también existe el Rosario.
Este 7 de octubre, fiesta de Nuestra Señora del Rosario, toma el tuyo entre las manos.
Y reza.
Virgo Potens, ora pro nobis.
Virgen poderosa, ruega por nosotros.
Virgen del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.