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Virgo Potens Virgo Potens es una marca católica artesanal de rosarios hechos por manos sacerdotales.

Nacida en la fe, pensada como arma espiritual, busca acompañarte en tu camino de oración, lucha y confianza en la Virgen María.

El Rosario no es una oración para tiempos tranquilos.La Iglesia lo ha tenido entre sus manos también cuando ha sentido e...
07/10/2026

El Rosario no es una oración para tiempos tranquilos.

La Iglesia lo ha tenido entre sus manos también cuando ha sentido el peligro, cuando parecía que las fuerzas humanas no bastaban y cuando era necesario recordar que la batalla del cristiano nunca se libra solamente con sus propias fuerzas.

El 7 de octubre nos lo recuerda de una manera especial.

En 1571, mientras la flota cristiana se preparaba para la batalla de Lepanto, san Pío V pidió a los fieles que imploraran la ayuda de la Santísima Virgen. En Roma se rezaba el Rosario mientras, lejos de allí, se combatía en el mar.

Tras la victoria, el Papa quiso que quedara para siempre en la memoria de la Iglesia la protección recibida por intercesión de María. La celebración que comenzó bajo el título de Nuestra Señora de la Victoria terminaría siendo conocida como la fiesta de Nuestra Señora del Rosario.

Pero sería un error dejar el Rosario encerrado en una batalla del siglo XVI.

Lepanto nos recuerda algo que sigue siendo cierto: el cristiano está en combate.

Hay una batalla contra el pecado.
Contra la tentación.
Contra el desaliento.
Contra la tibieza.
Contra todo aquello que intenta apartarnos de Cristo.

Y en ese combate, el Rosario es un arma porque nos obliga a volver una y otra vez a Jesús.

Mientras repetimos el Avemaría, contemplamos su Encarnación, su Pasión, su muerte, su Resurrección y su gloria. María no nos aparta de Cristo. Nos lleva a recorrer con ella los misterios de su Hijo.

Por eso el Rosario puede parecer sencillo, incluso repetitivo, pero tiene la fuerza de las cosas que perseveran.

Una cuenta después de otra.
Una decena después de otra.
Una tentación después de otra.
Un día después de otro.

El cristiano sigue rezando.

Quizás hoy nuestra Lepanto no tenga barcos ni cañones.

Quizás esté dentro de nosotros.

Una lucha que nadie conoce.
Un pecado que cuesta abandonar.
Una familia que necesita oración.
Una vocación que atraviesa una prueba.
Un alma que queremos recuperar para Dios.

Para esas batallas también existe el Rosario.

Este 7 de octubre, fiesta de Nuestra Señora del Rosario, toma el tuyo entre las manos.

Y reza.

Virgo Potens, ora pro nobis.
Virgen poderosa, ruega por nosotros.
Virgen del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.

Hoy, memoria de Nuestra Señora de los Dolores, contemplamos a María al pie de la Cruz.La Iglesia ha puesto durante siglo...
15/09/2026

Hoy, memoria de Nuestra Señora de los Dolores, contemplamos a María al pie de la Cruz.

La Iglesia ha puesto durante siglos en labios de los fieles el Stabat Mater, una de las más hermosas oraciones dedicadas a la Virgen Dolorosa. No es únicamente una descripción del dolor de la Virgen María. Poco a poco se convierte en una súplica: que podamos llorar con ella, amar más profundamente a Cristo, llevar en el corazón las llagas del Crucificado y permanecer también nosotros junto a la Cruz.

Compartimos la versión poética atribuida a Lope de Vega, publicada en sus Rimas sacras de 1614.

STABAT MATER

La Madre piadosa estaba
junto a la cruz y lloraba
mientras el Hijo pendía.
Cuya alma, triste y llorosa,
traspasada y dolorosa,
fiero cuchillo tenía.

¡Oh, cuán triste y cuán aflicta
se vio la Madre bendita,
de tantos tormentos llena!
Cuando triste contemplaba
y dolorosa miraba
del Hijo amado la pena.

¿Y cuál hombre no llorara,
si a la Madre contemplara
de Cristo, en tanto dolor?
¿Y quién no se entristeciera,
Madre piadosa, si os viera
sujeta a tanto rigor?

Por los pecados del mundo,
vio a Jesús en tan profundo
tormento la dulce Madre.
Vio morir al Hijo amado,
que rindió desamparado
el espíritu a su Padre.

¡Oh dulce fuente de amor!,
hazme sentir tu dolor
para que llore contigo.
Y que, por mi Cristo amado,
mi corazón abrasado
más viva en él que conmigo.

Y, porque a amarle me anime,
en mi corazón imprime
las llagas que tuvo en sí.
Y de tu Hijo, Señora,
divide conmigo ahora
las que padeció por mí.

Hazme contigo llorar
y de veras lastimar
de sus penas mientras vivo.
Porque acompañar deseo
en la cruz, donde le veo,
tu corazón compasivo.

¡Virgen de vírgenes santas!,
llore ya con ansias tantas,
que el llanto dulce me sea.
Porque su pasión y muerte
tenga en mi alma, de suerte
que siempre sus penas vea.

Haz que su cruz me enamore
y que en ella viva y more
de mi fe y amor indicio.
Porque me inflame y encienda,
y contigo me defienda
en el día del juicio.

Haz que me ampare la muerte
de Cristo, cuando en tan fuerte
trance vida y alma estén.
Porque, cuando quede en calma
el cuerpo, vaya mi alma
a su eterna gloria. Amén.

— Lope de Vega
Rimas sacras, 1614

Nuestra Señora de los Dolores, ruega por nosotros.

Hoy, 12 de septiembre, la Iglesia celebra el Dulce Nombre de María.«El nombre de la virgen era María» (Lc 1,27).Para un ...
12/09/2026

Hoy, 12 de septiembre, la Iglesia celebra el Dulce Nombre de María.

«El nombre de la virgen era María» (Lc 1,27).

Para un cristiano, ese nombre no es indiferente. Es el nombre de la Madre de Dios, de la mujer que dijo «sí» al Señor y permaneció junto a Cristo desde la Encarnación hasta la Cruz.

La tradición cristiana ha relacionado el nombre de María con varias expresiones. Una de las más conocidas es Stella Maris: Estrella del Mar.

La imagen es sencilla. En medio de un mar oscuro, la estrella orienta. María hace eso en la vida espiritual: nos ayuda a no perder el rumbo y nos conduce siempre hacia Jesucristo.

Por eso, invocar su nombre ha sido una práctica constante entre los santos.

San Bernardo aconsejaba: «En los peligros, en las angustias, en las dudas, invoca a María».

Cuando llega la tentación, invoca a María.
Cuando falta la paz, invoca a María.
Cuando cuesta rezar, invoca a María.
Cuando el alma se siente débil, invoca a María.

No como una fórmula mágica, sino como el hijo que acude a su Madre y confía en su intercesión.

San Alfonso María de Ligorio enseñaba que el nombre de María da consuelo, confianza y fortaleza al alma.

En Virgo Potens queremos recuperar también estas pequeñas prácticas de la vida cristiana que ayudan a mantener el corazón vuelto hacia Dios.

Una de ellas puede ser muy sencilla: acostumbrarnos a decir durante el día: «Jesús, María».

Dos nombres breves para las horas buenas y para las difíciles.

Dos nombres que queremos conservar en nuestros labios durante la vida y, por gracia de Dios, también en nuestra última hora.

Dulce Nombre de María, ruega por nosotros.

La Natividad de la Santísima Virgen María+8 de septiembreLa Iglesia celebra hoy la Natividad de la Santísima Virgen Marí...
08/09/2026

La Natividad de la Santísima Virgen María
+8 de septiembre

La Iglesia celebra hoy la Natividad de la Santísima Virgen María.

Y quizá alguno podría preguntarse: ¿Entonces hoy es el cumpleaños de la Virgen?

Podemos decir que celebramos su nacimiento, pero no su “cumpleaños” como normalmente entendemos hoy esa palabra.

Un cumpleaños recuerda simplemente que ha pasado un año más desde el nacimiento de una persona. La liturgia, en cambio, hace algo mucho más profundo: contempla el significado que ese nacimiento tiene dentro del plan de Dios.

La Iglesia no celebra hoy cuántos años tendría la Santísima Virgen, ni pretende afirmar que conocemos históricamente con certeza que nació exactamente un 8 de septiembre. Celebramos que un día nació aquella mujer que Dios había escogido desde toda la eternidad para ser la Madre de su Hijo.

Con la Virgen María comienza a aparecer en el horizonte la aurora de nuestra salvación.

Todavía Cristo no ha nacido. Todavía no vemos el pesebre. Todavía no escuchamos a los ángeles cantar en Belén. Pero ya ha nacido aquella de quien nacerá el Salvador.

Por eso la tradición cristiana ha visto el nacimiento de Bienaventurada Virgen María como la llegada de la aurora que anuncia el sol.

Antes de que salga el sol, aparece la primera claridad del día. La Virgen María no es la luz definitiva: Cristo es la Luz del mundo. Pero Ella es aquella aurora que anuncia que la Luz está cerca.

La liturgia tradicional expresa esta alegría diciendo: «Tu nacimiento, oh Virgen Madre de Dios, anunció la alegría a todo el mundo; pues de ti nació el Sol de justicia, Cristo nuestro Dios.»

Por eso la Natividad de Santa María no es solamente una celebración afectuosa en honor de la Virgen. Es una fiesta profundamente cristológica.

Celebramos a María porque Dios está preparando la venida de Cristo. Dios prepara sus obras en silencio

Hay además una enseñanza espiritual muy hermosa en esta fiesta.

Cuando nació la Virgen María, aparentemente no ocurrió nada extraordinario ante los ojos del mundo. No nacía una princesa en un palacio. No se reunían los poderosos. Roma continuaba gobernando. Los grandes acontecimientos políticos seguían su curso.

Y, sin embargo, Dios estaba realizando silenciosamente una de las obras más importantes de la historia.

Había nacido la mujer que un día diría: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»

Muchas veces ocurre lo mismo en nuestra vida espiritual. Esperamos que Dios actúe mediante acontecimientos extraordinarios, y Él comienza sus obras más grandes de manera pequeña, escondida y silenciosa: una oración sencilla, una confesión bien hecha, una renuncia que nadie conoce, una pequeña victoria contra una tentación, una acto de caridad, una propósito humilde.

Quizá parezca poco, pero Dios sabe lo que puede nacer de una pequeña fidelidad.

En la Natividad de María podemos preguntarnos: ¿qué está queriendo hacer nacer Dios en mi vida?

Quizá una virtud que todavía me cuesta. Quizá una vida de oración más seria. Quizá el abandono de un pecado. Quizá una reconciliación. Quizá una mayor confianza en la Providencia. Quizá simplemente comenzar otra vez.

Podemos rezar: «Santísima Virgen María, cuya venida al mundo anunció la cercanía de nuestra salvación, enseñadme a dejar que Dios obre también en mi vida. Alcanzadme un corazón humilde, disponible y fiel, para que Cristo pueda nacer y crecer cada día más en mí. Amén.»

La Natividad de María nos recuerda algo esencial en el combate espiritual: Dios suele comenzar sus grandes victorias de manera pequeña y escondida.

El mundo quizá no vio nada extraordinario el día en que nació aquella niña. Pero el cielo sabía que había comenzado a despuntar la aurora.

Nació María. Y la llegada de Cristo estaba ya más cerca.

❤️✨ AGOSTO: MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA ❤️✨DÍA 31: EL CORAZÓN DE MARÍA, REINA Y MADRE DE MISERICORDIAEn este últ...
31/08/2026

❤️✨ AGOSTO: MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA ❤️✨

DÍA 31: EL CORAZÓN DE MARÍA, REINA Y MADRE DE MISERICORDIA

En este último día, alma devota, contempla con confianza y amor filial el Corazón tan compasivo hacia nosotros de la Reina y Madre de Misericordia. El Padre eterno, dice san Buenaventura, asignó a Jesucristo el reino de la justicia y a María el reino de la misericordia.

San Bernardo se pregunta por qué la Iglesia llama a María «Reina de la Misericordia», y responde: «Para que creamos que María abre el abismo de la misericordia a quien quiere, cuando quiere y como quiere; de modo que no hay pecador tan grande que no pueda salvarse si la Santa Reina de todos los santos lo toma bajo su poderosa protección.»

Con ocasión de un pecador condenado al suplicio y salvado después por intercesión de María, a quien había honrado durante su vida, Nuestro Señor reveló a santa Catalina de Siena que, por uno de los privilegios concedidos a esta divina Madre, quien le hubiera profesado verdadera devoción durante su vida no perecería.

«¡Ah! —exclama san Antonino—, ¡qué inmenso cuidado tiene la Virgen María de nosotros!» Santa María Magdalena de Pazzi, durante uno de sus éxtasis, nos dirige esta exhortación:

«Vosotros que no encontráis misericordia, acudid a María, que es toda bondad y toda poder. Vosotros que vivís constantemente agitados, acudid a María, que es un mar de paz. Vosotros para quienes los placeres del mundo se han vuelto insípidos, acudid a María, que es un mar de amargura. Vosotros que estáis bajo el dominio del demonio, acudid a María, que es la Madre de la humildad, pues nada ahuyenta tanto al demonio como la humildad. Acudid, pues, todos a María.»

Acudamos, por tanto, a María. Pero, dice san Bernardo, para ello debemos dirigir hacia ella todas las facultades de nuestra alma.

«Ella reconoce y ama a quienes la aman; asiste a quienes la invocan con sinceridad, sobre todo a quienes se esfuerzan por parecerse a ella en la castidad y la humildad, con tal de que posean también la caridad, pongan en ella, después de su Hijo, toda su esperanza y la busquen de todo corazón.»

Pero nosotros, ¿somos acaso de esos verdaderos devotos, de esos hijos predilectos de la Reina de la Misericordia?

¡Oh gloriosa Reina!, recibidme entre el número de vuestros fieles servidores.

«Puesto que sois la Reina de la Misericordia —os diré con san Bernardo—, vuestros verdaderos súbditos son los desdichados. Vos sois la Reina de la Misericordia, y yo soy el más miserable y el más indigno de vuestros súbditos pecadores. Ejerced, pues, sobre mí vuestro dominio; gobernadme y dirigidme, oh Reina de la Misericordia.

No me rechacéis, oh María, porque quiero ser enteramente vuestro. Quiero tener para con vos un corazón de hijo, así como vos tenéis para conmigo un corazón de Madre. Que mi corazón pueda unirse al vuestro, para amar, en esta santa unión y durante la bienaventurada eternidad, a vuestro Hijo, a quien sean el honor y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.»

ORACIÓN
¡Oh María, Virgen clemente, Madre de misericordia, siempre pronta a socorrernos!, dígnate ser nuestro refugio en las aflicciones, nuestro consuelo en las penas, nuestro escudo en los combates y nuestra fortaleza en las tentaciones. Dígnate, sobre todo, Reina del cielo, ser para nosotros un baluarte inexpugnable contra los ataques de nuestros enemigos en la hora de nuestra muerte, para que podamos llegar a la morada de los bienaventurados y allí alabar eternamente tu misericordiosa clemencia para con nosotros. Amén.

FLOR. Recitar con devoción, con los brazos abiertos, la oración del en cruz, la Salve Regina.

FRUTO. En toda ocasión, mostrar a María un
corazón de hijo y aconsejar dedicar un mes del año a santos ejercicios de devoción al Sagrado Corazón de María.

❤️✨ AGOSTO: MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA ❤️✨DÍA 30: EL CORAZÓN DE MARÍA CONVERTIDO EN UN OCÉANO DE GRACIA POR LA ...
30/08/2026

❤️✨ AGOSTO: MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA ❤️✨

DÍA 30: EL CORAZÓN DE MARÍA CONVERTIDO EN UN OCÉANO DE GRACIA POR LA VENIDA DEL ESPÍRITU SANTO

Considera con qué abundancia el Espíritu Santo se comunicó a la Virgen, su Esposa, con preferencia a todos los que se hallaban reunidos con ella en el Cenáculo.

El ángel ya la había saludado como llena de gracia: Ave, gratia plena. Había sido colmada de gracia con una nueva plenitud desde el momento en que concibió al Verbo divino por obra del Espíritu Santo: Spiritus Sanctus superveniet in te («El Espíritu Santo vendrá sobre ti»).

Se hallaba, pues, entonces llena de gracia con una plenitud extraordinaria; y sobre esa plenitud inmensa descendió nuevamente el Espíritu Santo con una sobreabundancia aún mayor. Porque el ángel no dijo simplemente: «El Espíritu Santo vendrá», sino: «Vendrá sobre ti» (superveniet).».

¿Quién podría comprender hasta qué grado ese Amor increado comunicó sus dones a su excelsa Esposa, ya llena y rebosante de Él? Nadie podría lograrlo; es imposible.

Imagina un inmenso océano de gracia sobre el cual cae desde el cielo un diluvio todavía mayor que ese océano, como sucedió durante el diluvio universal, cuando las aguas sobrepasaron sus límites, cubrieron las riberas e inundaron toda la tierra.

Así ocurrió con María, dicen los santos Padres, quienes incluso le atribuyen la venida del Espíritu Santo sobre las almas de todos los fieles, sin exceptuar a los mismos Apóstoles.

San Epifanio afirma: «Ella hizo caer sobre toda la tierra, como torrentes, la lluvia del Espíritu Santo, para producir en ella el fruto de la fe.»

Nuestra alma fue regada por esa lluvia en el sacramento del Bautismo, en el de la Confirmación y en los demás sacramentos.

Pero ¿cuáles son los frutos que ha producido nuestra fe? ¿Podemos decir con el Apóstol: «La gracia de Dios no ha sido estéril en mí»?

«¡Oh Mujer llena de gracia, colmada de una gracia tan sobreabundante que bastaría para devolver la vida a todas las criaturas si fueran regadas por ella!», haced que hoy la gracia que un día recibí en el santo Bautismo sea reavivada en mí, y que, por ella, yo resucite a una vida nueva.

ORACIÓN
¡Oh María, colmada de los dones del Espíritu Santo!, te ruego que me alcances de tu divino Esposo la sabiduría que solo de Él puede venir, para que sepa ordenar de tal manera mi conducta en este mundo que camine siempre por las sendas de la justicia, la prudencia y la templanza; que reciba la fortaleza necesaria para resistir a los enemigos de mi salvación y pueda llegar a la gloria eterna. Amén.
FLOR. Repetir con frecuencia la jaculatoria:
«Madre de la divina gracia, ruega por mí.»

FRUTO. Practicar las buenas obras y hacer fructificar el talento de la gracia recibido de Dios.

❤️✨ AGOSTO: MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA ❤️✨DÍA 29: EL CORAZÓN DE MARÍA ALENTADO,FORTALECIDO Y ARREBATADO HASTA E...
29/08/2026

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DÍA 29: EL CORAZÓN DE MARÍA ALENTADO,
FORTALECIDO Y ARREBATADO HASTA EL
CIELO EN LA ASCENSIÓN DE SU HIJO

Santa María Magdalena de Pazzis, habiendo escuchado en uno de sus maravillosos éxtasis la última conversación secreta de Jesús con su Madre, la refiere en estos términos:

«Nuestro Dios es grande. Grandes son los secretos que el divino Esposo de nuestras almas comunica a María. ¡Oh María!, la conversación que vuestro Hijo tuvo con Vos antes de su Pasión fue una conversación de perfecta conformidad con la voluntad de Dios, su Padre; la que tuvo después de su Resurrección fue una conversación de alegría; y esta, siendo la última, fue una conversación de gloria.

¿Pero cuál podía ser entonces el tema que más os interesaba, oh María? ¿Sería acaso el Verbo, Esposo de las vírgenes, rodeado de las vírgenes? Sí, sin duda; puesto que Vos erais Virgen y amabais la virginidad, vuestro mayor deleite debía consistir en hablar de las vírgenes.»

Considera ahora qué aliento y qué fortaleza debió recibir el Corazón de la Reina de las Vírgenes en una conversación tan honorable para las esposas de Jesucristo. Imagínate acompañando al divino Redentor cuando, después de este coloquio, se dirigía con su Madre y sus discípulos hacia el monte de los Olivos. Llegados allí, después de despedirse de su Madre y de bendecirlos a todos, «se separó de ellos y fue elevado al cielo», a la vista de todos, hasta que, ya muy alto, una nube lo ocultó de sus miradas.

¡Ah!, ¿quién puede comprender plenamente toda la alegría y el éxtasis de María al contemplar aquel glorioso triunfo de su divino Hijo y ver aquel Cuerpo formado en sus entrañas elevarse por encima del más alto de los cielos y resplandecer con un brillo mayor que el del sol?

No se saciaba de contemplarlo y mantenía sin cesar la mirada fija en aquella parte del cielo por donde ascendía aquella águila victoriosa. Pero el Corazón de María siguió a su Hijo más allá de donde alcanzaban sus ojos, hasta el mismo cielo, donde su amado Jesús está sentado a la derecha de Dios Padre.

La Iglesia nos exhorta todos los días, durante la Santa Misa, a elevar nuestros corazones. «Sursum corda», nos dice; y nosotros respondemos: «Habemus ad Dominum»: «Los tenemos levantados hacia el Señor».

Pero ¿respondemos con verdad?

«Si hemos resucitado con Jesucristo —nos dice el Apóstol—, no debemos buscar las cosas de la tierra, sino las del cielo, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios Padre.»

Y la Iglesia añade: «Que nuestros corazones estén donde se encuentran los verdaderos gozos.»
¡Oh Jesús mío!, elevad mi corazón; arrebatadlo hacia Vos; atraedlo a Vos mismo y mantenedlo siempre unido a vuestro Corazón y al de vuestra tierna Madre. Que ya no permanezca hundido en el fango de este miserable mundo. Concededme esta gracia, Jesús mío, por el amor con que llevasteis al cielo el Corazón de vuestra divina Madre.

ORACIÓN
¡Oh María, Reina de todos los Santos!, la gloria de tu divino Hijo desde el día de su Ascensión me da una idea de tu grandeza y de la excelsa dignidad que posees como su Madre; y este pensamiento me llena de reverencia. Pero, al considerar la caridad que nunca dejas de mostrar hacia los pecadores que te invocan, siento renacer mi confianza; y, acudiendo a ti con profunda humildad, te suplico que me alcances la gracia de reparar con mi fervor los años estériles que tengo que lamentar y de llegar, por una fidelidad constante en imitarte, a la gloria eterna del cielo junto con todos los Santos. Amén.

FLOR. Repetir con frecuencia la jaculatoria: «Atráeme en pos de Ti, Virgen María.»

FRUTO. Mantener el corazón desprendido de la tierra y elevado al cielo.

❤️✨ AGOSTO: MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA ❤️✨DÍA 28: LA ALEGRÍA DEL CORAZÓN DE MARÍA AL CONTEMPLAR A SU HIJO RESUC...
28/08/2026

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DÍA 28: LA ALEGRÍA DEL CORAZÓN DE MARÍA AL CONTEMPLAR A SU HIJO RESUCITADO

Considera la inmensa alegría y el gozo del Corazón de María al ver a Jesús presentarse ante Ella en el mismo instante de su Resurrección.

Para comprender esta alegría inefable, que penetró de inmediato en aquel Corazón tan profundamente afligido, sería necesario haber comprendido antes la magnitud de sus sufrimientos;pues el gozo de contemplar a su Hijo glorioso y resucitado fue proporcional al exceso de los dolores que había experimentado al verlo padecer los más atroces tormentos y la muerte más cruel.

¡Qué torrente de alegría inundó entonces, de repente, el Corazón de la Virgen!

San Ambrosio afirma que este gozo despertó la admiración más profunda de los ángeles y que ninguna lengua humana sería capaz de expresarlo. Fue, sin duda, la mayor alegría que aquel gran Corazón había experimentado hasta entonces.

Santa María Magdalena de Pazzi, durante la octava de Pascua, después de recibir la Sagrada Comunión, hallándose en éxtasis y contemplando la aparición de Jesús a su Madre, se dirigió al Señor con estas palabras: «Así como, en la dolorosa conversación que tuviste con tu santísima Madre antes de tu Pasión, le diste el conocimiento pleno de todo cuanto tu santa Humanidad había realizado y debía realizar para nuestra salvación, y le revelaste de antemano todos tus sufrimientos y tormentos; así también, en esta conversación tan dulce, cuando Ella se encontraba contigo colmada de alegría, consuelo y júbilo, le diste a conocer lo que tu Divinidad ya había obrado y lo que había de obrar en adelante en nosotros y por nosotros.»

¿Quién podría comprender, pues, la alegría y el contento de María?

Alegrémonos también nosotros con Ella y con su divino Hijo, suplicándole que lleve a cabo en nosotros aquello mismo que anunció a su bienaventurada Madre que realizaría por nosotros.

¡Oh Madre felicísima! ¡Oh glorioso Jesús! Me alegro con Vos de todo corazón y, con toda mi alma, os doy gracias por todo cuanto habéis padecido por mí. Dignaos, por vuestra bondad, aplicarme los méritos de vuestra Pasión y realizar en mí aquello que más convenga a vuestra mayor gloria y a la salvación de mi alma.

ORACIÓN
Regina cæli

Reina del cielo, alégrate, aleluya; porque el que mereciste llevar en tu seno, aleluya, ha resucitado, según lo había anunciado, aleluya. Ruega al Señor por nosotros, aleluya. Alégrate y regocíjate, Virgen María, aleluya; porque verdaderamente ha resucitado el Señor, aleluya.

OREMOS. Oh Dios, que te dignaste alegrar al mundo con la resurrección de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, concédenos, por la intercesión de la Virgen María, su Madre, alcanzar los gozos inefables de la vida eterna. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

FLOR. Recitar la siguiente jaculatoria: «Alégrate, oh Virgen María; regocíjate y alaba al Señor, porque el Señor ha resucitado verdaderamente. ¡Alaba al Señor!»

FRUTO. Cooperar con la gracia de Jesucristo, que obra en nosotros.

❤️✨ AGOSTO: MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA ❤️✨DÍA 27: EL CORAZÓN DE MARÍA CON JESÚS EN EL SEPULCROConsidera a la Ma...
27/08/2026

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DÍA 27: EL CORAZÓN DE MARÍA CON JESÚS EN EL SEPULCRO

Considera a la Madre de Jesús junto al sepulcro donde su Hijo ha sido enterrado. Como dice san Bernardo, no sabe ni puede apartarse de Él.

Allí deja escapar estas dolorosas lamentaciones: «Jesús, Hijo mío; Hijo mío, Jesús; mi buen y dulce Jesús: Vos, Creador de todas las cosas; Vos, que os hicisteis hombre por amor a los hombres y fuisteis entregado a la muerte en el más ignominioso de los suplicios; Vos, a quien ni la tierra, ni el mar, ni los cielos pueden contener, ¡os halláis ahora encerrado en este estrecho sepulcro!

¡Mi Hijo ha mu**to! ¡Ha mu**to! Está ahí, bajo esas piedras. Hijo mío, vida mía, ahí estáis Vos; ahí estoy yo con Vos.»

La misma Santísima Virgen lo reveló a santa Brígida: «Sí; cuando mi Hijo fue sepultado, dos corazones quedaron, por decirlo así, encerrados en un mismo sepulcro.» Es decir, el Corazón de María y el Corazón de Jesús.

Y verdaderamente así debía ser, porque Jesús nos dijo en el Evangelio: «Donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.»

El tesoro del Corazón de María era, ciertamente, Jesús. Jesús estaba en el sepulcro; por tanto, también allí estaba el Corazón de María.

Pero nuestro corazón, ¿dónde está? Está igualmente donde se encuentra nuestro tesoro, es decir, en aquello que amamos. ¿Y cuál es ese objeto? ¿Es Jesús?

¡Ah!, ¿no será acaso algún cadáver todavía con vida, pero destinado muy pronto a corromperse en un sepulcro? ¿O quizá el dinero? ¿O el humo de los honores vanos y de una gloria pasajera?

¡Qué tesoros tan abominables ante Dios!¡Qué fuentes inagotables de miserias! ¡Ay, cuántos corazones permanecen apegados a ellos!

¡Oh Jesús, mi Bien y mi Tesoro!, tened misericordia de mí.

Hasta ahora mi corazón corría hacia su perdición, persiguiendo los bienes engañosos y miserables de esta vida. ¡Qué grande era mi ceguera!

Me arrepiento de ello desde lo más profundo de mi corazón, y ese mismo corazón os lo entrego y lo uno para siempre a Vos. Que permanezca siempre junto a Vos.

Tierna Madre, alcanzadme esta gracia por el amor que tenéis a Jesús, vuestro Tesoro.

ORACIÓN
Aquí estás separada de tu divino Hijo, ¡oh tierna Madre!, ¡oh Madre desolada! Pero no, en realidad no estás separada de Él: la fe te mantiene unida a Él; tu corazón permanece junto a su Corazón; el sepulcro de Jesús es tu morada y allí permanece tu espíritu.

¡Oh María!, alcánzame la gracia de vivir también yo continuamente unido a Jesús, de unirme espiritualmente a Él en el sepulcro. Él es mi tesoro, mi único bien y mis delicias. Que nada en este mundo me separe de Él y que toda mi dicha consista en hacer de mi corazón un sepulcro nuevo para recibirlo, con el mayor desprendimiento de mí mismo, en la santa Comunión. Amén.

FLOR. Visitar, unidos a la Virgen, a Nuestro Señor Jesucristo en el Santísimo Sacramento.

FRUTO. Pensar con frecuencia en Jesús, en unión con María, y dirigirle todos los sentimientos de nuestro corazón, especialmente en las tentaciones.

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