23/08/2023
📖 Lectura de Agosto: 🎭
2. El sueño de una noche de verano: Capitulo 12
"Era un hombre alto de veintimuchos o treinta y pocos años, con el pelo rubio hasta los hombros y barba. Entró en el semicírculo de velas y se colocó entre los actores. El perro que había estado tumbado junto a la primera fila se sentó, alerta.
—Qué delicia —continuó—. Qué espectáculo más maravilloso.
Había algo casi familiar en su cara, pero Kirsten no acababa de identificarlo. Sayid tenía el ceño fruncido.
—Gracias —agradeció el hombre a los actores y los músicos—. Démosle las gracias a la Sinfonía Viajera por el bello respiro de nuestras preocupaciones diarias que nos ha regalado. —Les fue sonriendo a todos, uno por uno. El público volvió a aplaudir, en el momento justo, pero con menos energía que antes—. Hemos sido bendecidos —aseguró el hombre a la vez que levantaba las manos y el aplauso cesó al momento. El profeta—. Hemos sido bendecidos por tener músicos y actores entre nosotros hoy. —Algo en su tono le hizo a Kirsten tener ganas de salir corriendo. Parecía que había una trampa escondida tras cada palabra—. Hemos sido bendecidos de muchas formas, ¿no es así? —continuó—. Hemos sido bendecidos por estar vivos hoy. Debemos preguntarnos: ¿por qué?, ¿por qué nos hemos librado? —Se quedó callado un momento examinando a la Sinfonía y a la gente que se había congregado, pero nadie respondió—. Yo creo —retomó el profeta— que todo lo que ha pasado en esta tierra ha pasado por una razón.
La directora de la orquesta estaba de pie junto a la sección de cuerda con las manos agarradas a la espalda. Estaba muy quieta.
—Amigos —siguió el profeta—, en el día de hoy he estado reflexionando sobre la gripe, la gran pandemia, y dejad que os pregunte algo: ¿habéis pensado alguna vez en la perfección del virus? —Una oleada de murmullos y respingos recorrió la audiencia, pero el profeta alzó una mano y todos callaron—. Pensad aquellos que recordéis el mundo antes de la gripe de Georgia, pensad en las apariciones de la enfermedad que la habían precedido, aquellos brotes insignificantes contra los que nos vacunaban cuando éramos niños, las gripes del pasado. Hubo un brote en 1918, amigos, el momento obvio, castigo divino por el desperdicio de vidas y la carnicería de la Primera Guerra Mundial. Pero ¿y después, en las décadas que siguieron? Las gripes fueron llegando en cada estación, pero eran muy débiles, virus ineficaces que solo afectaban gravemente a los más ancianos, los más jóvenes y los muy enfermos. Pero entonces llegó este virus como un ángel vengador, un virus al que era imposible sobrevivir, un microbio que redujo la población del mundo caído… ¿cuánto? No eran más que estadísticas entonces, ángeles míos, pero ¿podríamos decir que el noventa y nueve con noventa y nueve por ciento? ¿Que quedó una persona de cada doscientas cincuenta, de cada trescientas? Os digo, mis queridos amigos, que un agente mortal tan perfecto solo pudo ser algo divino. Porque ya hemos leído sobre limpiezas terrenales como esa, ¿verdad?
Las miradas de Kirsten y de Dieter, cada uno en un extremo del escenario, se cruzaron. Él había hecho de Teseo en la obra. Jugueteó nerviosamente con los gemelos de su camisa.
—La gripe —continuó el profeta—, la gran limpieza que sufrimos veinte años atrás, esa gripe fue nuestro diluvio. La luz que llevamos en nuestro interior es el arca que mantuvo a Noé y a su familia a flote sobre la superficie de las terribles aguas, y os digo que nosotros hemos sido salvados —empezó a elevar la voz— no solo para traer la luz, para difundirla, sino para «ser» la luz. Fuimos salvados porque nosotros «somos» la luz. Somos los puros.
[...]
El profeta la miró fijamente durante un momento antes de volverse. Le murmuró algo a un hombre de la primera fila, el hombre armado que estaba de guardia en la gasolinera esa mañana, y los dos se fueron juntos del Walmart.
—¡Luli! —el profeta llamó por encima del hombro y el perro fue trotando detrás de él.
La audiencia empezó a dispersarse y en pocos minutos los integrantes de la Sinfonía se quedaron solos en el aparcamiento. Era la primera vez, por lo que Kirsten recordaba, en que nadie del público se quedaba para charlar con la Sinfonía después de una representación.
—Rápido —ordenó la directora—. Preparad los caballos.
—Creía que nos íbamos a quedar unos días —se quejó Alexandra.
—Es una secta apocalíptica. —La clarinetista estaba ya soltando el decorado de fondo de El sueño de una noche de verano—. ¿Es que no le has oído?
—Pero la última vez que estuvimos aquí…
—Esta no es la ciudad que era la última vez que estuvimos aquí. —El bosque pintado se fue ondulando y cayó al suelo sin hacer ruido—. Este es uno de esos lugares donde no te das cuenta de que la gente está cayendo mu**ta a tu alrededor hasta después de haber bebido el vino con el veneno."
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© Station Eleven (Serie de HBO, 2021)
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