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VEA ETNOPRENSA CON IDENTIDAD,
PROMOTOR Y GESTOR CULTURAL.
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🔴  🗓️  🗂 La ENAH Escuela Nacional de Antropología e Historia a través del Observatorio Coyuntural Antropológico, el Depa...
23/04/2026

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🗂 La ENAH Escuela Nacional de Antropología e Historia a través del Observatorio Coyuntural Antropológico, el Departamento de Educación Continua, la Línea de Investigación Cuerpo y Poder del Posgrado en Antropología Física - ENAH, invitan al Seminario: Antropología del Cuerpo y las Emociones. Un desafio reflexivo de la antropología física.

📑 Consulta el Programa Completo: https://drive.google.com/file/d/1ZD1HXFb6ehfM24S79pYkL2vLqqrkYqMw/view?usp=sharing

🔳 Regístrate a través del código QR o desde: https://forms.gle/kx1GWnMnyP7Zhttg6

📅 Fecha: 30 de Abril al 26 de Noviembre 2026.
⏰ Horario: 13:00 a 15:00 hrs.(CDMX).
💻🧑‍🧒‍🧒 Modalidad: Híbrida.
📍Presencial: Escuela Nacional de Antropología e Historia.
📹 Virtual: Por Zoom con Registro Previo.
🎟 Actividad gratuita.

🎥 Transmisión a través de Facebook: Observatorio Coyuntural Antropológico y Departamento de Educación Continua ENAH

🎯 Dirigido a estudiantes y especialistas en antropología física y disciplinas afines con interés en el estudio del cuerpo y las emociones.

👥 Organizan:
Dra. Josefina Ramírez Velázquez del Posgrado en Antropologia Física-ENAH.
Dr. Tomás Loza Taylor de la Universidad de la Salud de la Ciudad de México.

👤 Coordina:
Mtro. Gastón Macín Pérez de la ENAH-OCA.


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VEA

El seminario tiene el propósito de contribuir a la difusión de una nueva comprensión del cuerpo y las emociones en antropología física, propiciando una reflexión que dimensione los avances teóricosmetodológicos plasmados en diversas investigaciones, pero también abriendo al diálogo y deba...

23/04/2026
¿Y si la guerra no fuera el problema sino la solución para los pueblos que no quieren ser gobernados?Un antropólogo desc...
23/04/2026

¿Y si la guerra no fuera el problema sino la solución para los pueblos que no quieren ser gobernados?

Un antropólogo descubrió que ciertas sociedades hacen la violencia precisamente para evitar la unificación política y la aparición del Estado.

Por Redacción Nota Antropológica

Imagina que vives en una aldea donde nadie te dice lo que tienes que hacer. No hay policía, ni jueces, ni presidente. Tomas tus decisiones, cultivas tu comida, crías a tus hijos. Un día llega un forastero y te explica que deberás pagar impuestos, obedecer leyes escritas por desconocidos y reconocer a un jefe que manda sobre todos. ¿Lo aceptarías?

Probablemente no, ahora imagina que esa negativa constante, generación tras generación, toma la forma de algo que nosotros llamamos guerra. Ese es el punto de partida del antropólogo francés Pierre Clastres, quien pasó años viviendo con indígenas de la Amazonia venezolana y del Paraguay.

Clastres observó un patrón recurrente en América del Sur. La guerra no era un accidente ni un exceso de violencia irracional. Tampoco respondía a la escasez de comida o al deseo de robar recursos. Lo que Clastres documentó es que muchas comunidades primitivas hacen la guerra para mantener su autonomía. Cada grupo vive en su territorio, se gobierna a sí mismo sin jefes que manden y rechaza cualquier intento de unificación con los vecinos. La guerra es el precio que pagan por seguir siendo libres.

Este hallazgo contradice lo que la tradición occidental ha enseñado sobre la violencia. Desde Hobbes hasta los manuales de antropología económica, se repitió que los salvajes guerrean porque son pobres o porque aún no han aprendido a intercambiar en lugar de matarse. Clastres dice lo contrario. La guerra no es un fallo del intercambio. El intercambio de mujeres, bienes y alianzas es una consecuencia de la guerra. Primero viene el enemigo. Después viene la necesidad de buscar aliados. No lo hacen por amor al comercio. Lo hacen para sobrevivir frente a los otros.

El mecanismo funciona así. Cada comunidad se piensa a sí misma como un Nosotros autónomo y diferente. Frente a ella están los Otros, que son por definición extranjeros y potencialmente hostiles. Ese estado de guerra permanente no significa que combatan todos los días. Significa que la posibilidad del conflicto armado está siempre presente. Si todos fueran amigos, desaparecería la diferencia y se disolvería la identidad de cada comunidad. Si todos fueran enemigos absolutos, terminaría imponiéndose un vencedor. Ambas opciones destruirían la sociedad primitiva. La guerra controlada es la solución que estos pueblos encontraron para no tener rey ni Estado.

Por otra parte, Clastres analiza lo que ocurre cuando Occidente se enfrenta a estas sociedades. No solo las mata físicamente. Las destruye de otra manera. El etnocidio es la aniquilación sistemática de las culturas indígenas. A diferencia del genocidio, que elimina cuerpos, el etnocidio borra modos de vida, lenguas, creencias y formas de organización política. Los misioneros que condenan las dr**as chamánicas, los gobiernos que obligan a los indígenas a vestirse como ciudadanos, las empresas que arrasan territorios en nombre del progreso: todos ellos cometen etnocidio. La diferencia es sutil pero letal. El etnocidio se disfraza de humanismo. Te queremos ayudar, dicen. En el fondo, te están matando en tu espíritu.

Clastres advirtió que Occidente es etnocida porque su lógica combina dos fuerzas. Por un lado, el Estado necesita uniformar a la población. Por otro lado, el capitalismo no soporta la improductividad. Las sociedades primitivas trabajan apenas tres o cuatro horas al día, producen lo justo para vivir y dedican el resto al ocio, los rituales y la guerra. Eso es un escándalo para una civilización que mide el valor de las personas por lo que producen. La guerra que los indígenas hacían para preservar su libertad encuentra así su respuesta. El etnocidio es la guerra de Occidente contra la diferencia.

¿Crees que en la actualidad nuestra sociedad sigue cometiendo etnocidio sin llamarlo así cuando impone su idioma, sus leyes y su forma de trabajar a comunidades que preferían vivir de otra manera?

Si esta nota te hizo pensar distinto sobre lo que creías saber de los pueblos indígenas, coméntala y compártela. Déjanos una reacción para saber que estuviste aquí leyendo y síguenos para enterarte de la siguiente Nota Antropológica.

Fuente: Clastres, P. (1978). Investigaciones en Antropología Política. Gedisa.

22/04/2026

Fiesta de la cruces, en el distrito de San José dé Santillana, provincia de Huanta, región Ayacucho, Perú.
Narración del video en quechua: Carlos Efraín Chavarría Rojas.

22/04/2026
22/04/2026
21/04/2026
¿DE DÓNDE VIENE EL ODIO AL SERRANO EN EL PERÚ?TEXTO EXTRAIDO DE LA RED.  “La mano brutal de Chile despedazó nuestra carn...
21/04/2026

¿DE DÓNDE VIENE EL ODIO AL SERRANO EN EL PERÚ?
TEXTO EXTRAIDO DE LA RED.
“La mano brutal de Chile despedazó nuestra carne y machacó nuestros huesos; pero los verdaderos vencedores, las armas del enemigo, fueron nuestra ignorancia y nuestro espíritu de servidumbre”. (González de Prada, 1888)
En el contexto actual de polarización electoral en el Perú, se ha vuelto común por parte de la elite limeña criolla y eurodescendiente, así como de sus defensores de los sectores populares (principalmente de mestizos alienados de los conos de Lima), el uso del calificativo de “serranos de mierda” para atacar a los votantes del candidato Roberto Sánchez.
Teniendo en cuenta esto. El origen del uso peyorativo del término “serrano” como insulto, forma de descalificación y herramienta de discriminación se remonta a la Guerra del Pacífico y, específicamente, al período de la Ocupación chilena de Lima y la posterior Guerra Civil de 1884 -1885. En ese convulso contexto, los sectores criollos de la élite limeña - principalmente terratenientes y ricos comerciantes - que colaboraban con Chile o simpatizaban con el gobierno de Miguel Iglesias, comenzaron a emplear la palabra “serrano” de manera despectiva contra sus adversarios políticos y militares. Así lo registró el secretario extranjero Dr. Amstrong, quien documentó cómo este término era utilizado para atacar a los simpatizantes, seguidores y milicianos del general Andrés Avelino Cáceres y del caudillo Tomás Laymes.
"Yo no veo en Iglesias sino a un teniente chileno, que obedece a los propósitos chilenos, que vive bajo la sombra de los chilenos" (Caceres, 1883).
En medio de la doble guerra, externa contra Chile e interna entre peruanos, los denominados “serranos” encarnaban la resistencia armada más tenaz contra el invasor chileno y contra el gobierno de la oligarquía costeña. Su negativa a claudicar y su disposición a continuar la lucha fueron interpretadas por los criollos costeños como signos de barbarie. De esta forma, los “serranos” fueron retratados como seres desalmados, incivilizados y salvajes, consolidándose el uso peyorativo del término como un mecanismo para moralmente inferiorizar y marginar a quienes provenían de la sierra o defendían una postura irreductible frente al ocupante chileno. Este fue el primer registro histórico documentado del empleo discriminatorio de la palabra “serrano” en el Perú.
Paradójicamente, mientras los colaboracionistas costeños usaban “serrano” como insulto, los miembros de la resistencia respondían con igual dureza, llamando a sus opositores como “chilenistas”, “traidores”, “cuchis”, “argollistas” o “calacuchis”. Este intercambio de epítetos revela que el odio al “serrano” no surgió precisamente de un prejuicio racial o cultural abstracto, sino de un conflicto político y militar concreto, en el que la división geográfica de costa versus sierra se convirtió en una línea de fractura ideológica y social que marcaría profundamente la historia posterior del Perú.
“Estas hordas de indios serranos […] que, con fanatismo abyecto, son los más temibles… por su salvajismo y número dejan todos nuestros campos arruinados”. (Antonio de Aliaga, 1882)
“Todos los anexos, caseríos y haciendas de este distrito han sido el teatro de las correrías de la montonera que, formada por sus mismos habitantes, saqueaba las haciendas circunvecinas, incendiándolas después, y asesinando sin piedad a cuantos tenían la desgracia de caer en sus manos; más aún si eran blancos”. (Ráez 1899)
Referencia:
La ocupación de Lima: Aspectos económicos del gobierno de García Calderon, Margarita Guerra (1991)

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