27/04/2026
El Guardián de la Niebla de la Pradera
Esta no es una fotografía que se deba mirar durante mucho tiempo. Es una postal del siglo XIX, descubierta en el ático de una granja abandonada cerca de Clifton, Iowa. El sello de la "Sociedad Micológica y Paranormal de Clifton" es real. Lo que muestra no lo es, o al menos, no debería serlo.
La historia cuenta que en 1893, un joven granjero llamado Silas, cansado de las interminables plagas de langostas que devastaban sus campos, comenzó a escuchar susurros en el viento. No el viento normal, sino un susurro que venía de las raíces del viejo roble que marcaba el límite de su propiedad, el árbol que se ve en primer plano.
Silas, desesperado, comenzó a dejar ofrendas. Primero, puñados de granos preciosos. Luego, cuencos de leche. Finalmente, algo que encontró creciendo de forma extraña en la base del roble: un tipo de hongo raro y resplandeciente, el mismo hongo que adorna el sello.
Una noche, bajo la luna llena, Silas vio al ser. Se agazapó en la rama que se extiende hacia el oeste, exactamente como se muestra. No era una hada bonita de los cuentos de hadas; era una criatura de corteza, hueso y membranas de insecto, con ojos tan antiguos como el suelo mismo. Silas la llamó "Mugwort".
Lo que Silas no notó hasta que reveló la placa de cristal fue lo que acechaba en el cielo. Esa masa nebulosa y pálida no es una nube. Es el espíritu desplazado de la pradera original, la "Vieja de la Pradera", que había sido expulsada por el arado de los colonos. Sus ojos vacíos miran hacia abajo, observando al pequeño centinela que ella misma ha encargado proteger.