15/05/2026
La Invitada de Negro
Eran las tres de la mañana en una funeraria antigua de la ciudad. El ambiente estaba pesado, cargado de ese olor penetrante a flores marchitas y cera quemada. Solo quedaban tres personas despiertas: el hijo de la difunta, un primo lejano y una mujer de negro sentada en la última fila, con el rostro cubierto por un velo.
Nadie la conocía, pero en los velorios es común que aparezcan viejas amistades, así que nadie se atrevió a preguntar. Lo extraño comenzó cuando el hijo se acercó al ataúd para acomodar un rosario. En el cristal del féretro, vio reflejada a la mujer de negro de pie justo detrás de él.
Al girar la cabeza, la última fila estaba vacía.
Confundido, regresó a su silla. Segundos después, el primo, que cabeceaba del sueño, despertó de golpe al sentir un susurro helado en el oído: "Todavía no es mi hora, pero la de ella ya pasó". Cuando abrió los ojos, vio una sombra cruzar hacia el área de los servicios, pero no se escucharon pasos.
Al amanecer, cuando llegó el personal de la funeraria para sellar el ataúd, encontraron algo que heló la sangre de todos: dentro de la caja, entre las manos de la difunta, había un broche de azabache antiguo que no estaba allí la noche anterior. Era el mismo broche que la "mujer de negro" llevaba en el pecho en una fotografía vieja que encontraron días después en el fondo de un baúl familiar... una tía que había fallecido hace más de cincuenta años en esa misma fecha.