11/03/2026
Nadie abandona su hogar,
a menos que su hogar
sea la boca de un tiburón.
Solo corres hacia la frontera
cuando ves que toda la ciudad
también lo hace.
Tus vecinos corriendo más deprisa que tú.
Con aliento de sangre en sus gargantas.
El niño con el que fuiste a la escuela,
que te besó hasta el vértigo detrás de la fábrica,
sostiene un arma
más grande que su cuerpo.
Solo abandonas tu hogar
cuando tu hogar
no te permite quedarte.
Nadie deja su hogar
a menos que su hogar le persiga,
fuego bajo los pies,
sangre hirviendo en el vientre.
Jamás pensaste en hacer algo así,
hasta que sentiste el hierro ardiente
amenazar tu cuello.
Pero incluso entonces
cargaste con el himno bajo tu aliento,
rompiste tu pasaporte
en los lavabos del aeropuerto, sollozando
mientras cada pedazo de papel
te hacía ver que jamás volverías.
Tienes que entender que nadie
sube a sus hijos a una patera,
a menos que el agua
sea más segura que la tierra.
Nadie abrasa las palmas de sus manos
bajo los trenes, bajo los vagones,
nadie pasa días y noches enteras
en el estómago de un camión,
alimentándose de hojas de periódico,
a menos que los kilómetros recorridos
signifiquen algo más que un simple viaje.
Nadie se arrastra bajo las verjas,
nadie quiere recibir los golpes
ni dar lástima.
Nadie escoge los campos de refugiados
o el dolor del que revisten
tu cuerpo desnudo.
Nadie elige la prisión,
pero la prisión es más segura
que una ciudad en llamas,
y un carcelero en la noche es preferible
a un camión cargado de hombres
con el aspecto de tu padre.
Nadie podría soportarlo,
nadie tendría las agallas,
nadie tendría la piel
lo suficientemente dura.
Los: «váyanse a casa, negros»,
«refugiados»,
«sucios inmigrantes»,
«buscadores de asilo»,
«quieren robarnos lo que es nuestro»
«negros pedigüeños»,
«huelen raro», «salvajes»,
«destrozaron su país y ahora
quieren destrozar el nuestro».
¿Cómo puedes soportar las palabras,
las miradas sucias?
Quizás puedas,
porque estos golpes son más suaves
que el dolor de un miembro arrancado.
Quizás puedas,
porque estas palabras son más delicadas
que catorce hombres entre tus piernas.
Quizás porque los insultos
son más fáciles de tragar
que el escombro, que los huesos,
que tu cuerpo de niña despedazado.
Quiero irme a casa,
pero mi casa
es la boca de un tiburón.
Mi casa es un barril de pólvora,
y nadie dejaría su casa
a menos que su casa
le persiguiera hasta la costa,
a menos que tu casa
te dijera que aprietes el paso,
que dejes atrás tus ropas,
que te arrastres por el desierto,
que navegues por los océanos.
“Naufraga, sálvate,
pasa hambre, suplica,
olvida el orgullo,
tu vida es más importante”.
Nadie deja su hogar
hasta que su hogar se convierte
en una voz sudorosa en tu oído
diciendo: “Vete,
corre lejos de mí ahora.
No sé en qué me he convertido,
pero sé que cualquier lugar
es más seguro que éste”.
—“Hogar”, de la poeta keniana Warsan Shire
[*] Patera: Una patera es una embarcación pequeña, de fondo plano y sin quilla, utilizada habitualmente para el transporte de inmigrantes en travesías marítimas peligrosas. Suelen ser embarcaciones precarias, lo que representa un alto riesgo de naufragio o hipotermia.
*Traducción y adaptación:
*Pintura: Esaias Thórenk