19/07/2026
Todo lo cumplí intachablemente.
Me ocupé de las labores propias
de una señorita, me abstuve
de levantar la voz y desdeñar
las buenas costumbres de tu reino;
posé para la instantánea
de la hija provinciana modelo,
obedecí todos tus mandatos
más por miedo que por convicción.
Tú sabes que fui la mejor de todas.
«Corona de los padres son los hijos»
repetías como halago y sentencia,
mientras evaluabas todo a tu alrededor.
«No preguntes, no reproches, no blasfemes,
no des tu cuerpo sin estar casada».
La prohibición era la médula de tus leyes.
Pero yo, necesitaba develar el misterio.
Había sido animal enjaulado
y al sentir el calor del sol
me dejé bañar por él,
comí de la manzana y en su sabor
encontré mi delicia.
Sé de sobra que hoy
soy todas tus vergüenzas,
señal de escándalo
que te ofende con su sola mención.
Nada queda de la niña que formaste.
Y es que después de todo, madre,
lo que tú nombras rebeldía,
fracaso, libertinaje,
yo lo llamo albedrío,
ajuste de balanza.
—Nadia López García
*Fotografía: en Instagram