26/12/2021
No tengo nada más que regalarles, que mis letras.
Escribo a solas por las noches, cuando todo el mundo duerme
y el ruido de los autos se toma un descanso, cuando el bullicio
de seres que transitan por esas avenidas se calman, se aplacan,
y se disponen a soñar; tal parece que es como si les apagaran
los interruptores, escribo a solas por las noches, esas noches en
que se olvida todo y la poesía elige la sabana más caliente y se
va a la cama sin comer, sin hacer las paces, porque es por la
noche, que se olvidan todas esas charlas de mañana que van
acompañadas de un expreso bien cargado, todas las tertulias
de reuniones de amigos, de risas con tragos dobles de whisky
con colegas de trabajo, todos con secretos jamás contados, con
penurias de soñantes, de adoloridos, enfermos por las deudas,
del día a día, de tanto pensar en el mañana nos olvidamos
del hoy, es por la noche que el mundo duerme y se cierran los
libros, se apagan las luces y la ciudad se guarda en el armario
de la brevedad.
el perro allá afuera no deja de ladrar, y yo escribo por las noches y puede ser cualquier noche que poesía se le antoje venir
a visitarme, talvez me invite a conocer sus entrañas, talvez me
invite a bailar, tomados de la mano como en un ritual, un
completo concierto de exclusividad, solo la luna roja de cristal
es mi fiel compañera, y yo le escribo como si fuese un lobo en
primavera que quiere apaciguar su llanto, ella ilumina el viejo
callejón donde gatos deambulan entre la basura queriendo hallar suerte, los perros solitarios que no se preocupan por el dinero, ni por la muerte, estoy aquí escribiendo a solas y muero
cada noche, pero vuelvo a revivir cada mañana, escribo a solas
por las noches cuando todo el mundo duerme y el ruido de los
autos se toma un descanso, porque es ahí cuando al fin puedo encontrar un poco de calma, un poco de paz.