26/02/2026
¿Cómo reparar un corazón?
Para empezar, nunca deje de amar.
Tengo la pesada e inútil (capitalistamente hablando) carga de nunca parar de crear. He superado varias veces mi obra más grande, pero no hubo otra cosa que me hiciera tan feliz y tan satisfecha como el cine.
Los planes cambiaron muchas veces, pero el destino es el mismo: tengo que crear… o me muero.
Escribo, pinto, dibujo, canto o rayo las paredes con garabatos hasta que el muro se vuelve negro.
¿Por qué? Porque amo demasiado.
Demasiado es bastante, y bastante es abrumador. La gente quiere poquito: sencillo, cómodo, dentro de la raya. Yo nunca pude dibujar dentro de la raya. Todos mis cuadernos estaban tapizados de dibujos. En mi mente, hoy, solo hay números. Así es el sistema.
No puedo, lo siento, soy así.
La gente cree que es inestabilidad porque no quepo en el molde. Que es un defecto. Hay personas que creen que es “cool” ser especial y raro, a menos que seas especial y raro y que todo el mundo te ponga el pie porque te “crees”.
Pero no me creo: es lo que soy.
Sinceramente, no es tan cool cuando no puedes dormir durante días; cuando pierdes trabajos del molde para los que te esforzaste tanto en encajar. No es cool cuando las parejas tienen expectativas irreales y normativas (aunque ellos tampoco las cumplan); cuando tu propia familia te infantiliza y te sobaja; cuando la gente que amas se aleja porque “inviertes mucho tiempo en tus cosas esas de cine que a nadie le importan”.
Estaba aquí, en la esquina de mi habitación, buscando una herramienta cuando lo encontré… arrumbado, lleno de polvo, polillas y cucarachas. Rasguñado. Sucio. Violado. Despreciado. Abandonado. Olvidado.
Mi corazón.
¿Por qué permití que pasara?
Mi mayor orgullo, mi alma, mi espíritu, mi todo.
Lo limpié, lo curé y lo llevé a enmarcar. Tiene al igual que el de carne, suficientes cicatrices. Así qué dejé un recordatorio en mi piel, que la muy joven Elvira del pasado dejó para mí:
“Aun martirizado, sin su estructura original, el corazón conserva su humanidad dentro del mecanismo. Ya reparado, puede seguir latiendo… Y si llega el final, debe darlo todo.
14 de febrero de 2011”.