11/05/2026
Hace mucho que no hago esto 🙄
Pan yace frente a mí, se ve muy quieta, mas pequeña que de costumbre, como si le hubiesen estirado la piel pálida sobre los huesos, y el pitido constante del monitor a su lado, me golpea en la cabeza, me recuerda que sigue viva, no del todo, pero respira.
Me quedo en la puerta, no me atrevo a entrar, el ambiente se siente pesado, tengo la sensación de que si doy un paso más esto se volvera real de una forma irreversible.
Todavía creo que estoy soñando, que sigo atrapado en una pesadilla y pronto despertare.
Observó a mi hermano y no logro reconocerlo, no ha dicho ni un sola palabra desde que encontramos a Pan tirada en medio de su habitación, casi mu**ta. Decidió qué el trabajo era más importante que la vida de su hija y esta a qui por obligación... O quizás, es lo único que lo mantiene cuerdo.
No levanta la mirada de la computadora, sus dedos golpean el teclado con una velocidad desesperada, casi violenta, parece colon si la cura qué tiene atrapada a su hija se encontrase justo allí, entre números y el tiene que decírselo.
—No es un problema numérico —murmuro sin pensar,
Él no se detiene—. No es un punto robot , Gohan.
—Cállate, Goten.
Gruñe con voz seca, no hay emoción, como si se estuviera sosteniendose con lo último que le queda.
Videl por otro lado, se encuentra frente a la ventana, inmóvil, vulnerable, a veces creo que si la abrazo la romperé. Ella ha llorado, se a enojado, a preguntado y las respuestas que tengo, no se como decirlas.
Pero debo hacerlo, debo decir lo que se...
—Videl… —digo en voz baja.
—No —responde ella, apenas en un susurro—. No me digas nada.
El silencio se vuelve mas insoportable qué antes, el aire es pesado, y la habitación se encoge ante mis ojos dejándome sin aire, creo que vomitar, no puedo soportarlo, esto de cierto modo es mi culpa.
Pan se mueve dentro las sabanas.
Apenas.
Sus párpados tiemblan antes de abrirse, y su mirada tarda en enfocarse, pasando por todos nosotros como si no terminara de reconocernos.
—Pan… —Gohan no duda en tirar su computadora al suelo, por primer vez en mucho tiempo, se levanta de golpe, la silla rechina contra el suelo—. Pan, hija…
Videl voltea incrédulo y corre hacia la cama, mientras que ahora soy yo quien permanece inmóvil.
Pan parpadea, traga con dificultad, y luego suelta, con la voz rasposa:
—Mierda.
Nadie sabe cómo reaccionar. Nadie se atreve a decir nada. Y en ese instante entiendo que esto no es alivio para ella, que su despertar es una tortura y que su plan falló.