10/06/2026
‼️Personajazo URBANO en MONCLOVA conocido POR TODOS‼️
Redacción e investigación Por: Alejandra Sánchez Cruz
Algunas personas terminan formando parte de la historia de una ciudad sin haber ocupado cargos públicos, sin haber levantado grandes edificios ni protagonizado acontecimientos que aparezcan en los libros. Basta con que estén presentes durante años, recorriendo los mismos espacios y compartiendo silenciosamente la vida cotidiana de sus habitantes, para convertirse en parte de la memoria colectiva.
En Monclova existe uno de esos personajes.
Quienes han vivido en la ciudad durante las últimas décadas seguramente lo han visto alguna vez. Algunos lo recuerdan desde su infancia; otros lo conocieron siendo jóvenes y hoy, convertidos en padres o abuelos, continúan encontrándolo en las calles.
Su figura es inconfundible.
Alto y delgado, de caminar constante y mirada fija hacia el frente, recorre las avenidas, las colonias y el centro histórico sin detenerse. Su cabello, ahora completamente blanco, y su barba canosa son testigos de los años que han transcurrido mientras él sigue avanzando por los mismos caminos que ha recorrido durante gran parte de su vida.
Sus zapatos, gastados por incontables kilómetros, hablan de una resistencia física extraordinaria. Recuerdo mirarlo intrigada pensando qué lo llevaría a ser quien es. Pues aún bajo el intenso sol del verano, entre los fríos vientos del invierno o durante las tardes nubladas, Francisco Dorantes García caminaba y continúa caminando.
Para la mayoría de los monclovenses es simplemente "El Co".
Sin embargo, detrás de ese personaje que forma parte del paisaje cotidiano de la ciudad existe una historia poco conocida, marcada por la inteligencia, la esperanza, la adversidad y el cariño de una familia que nunca dejó de acompañarlo.
Un niño alegre y un estudiante brillante
Francisco Dorantes García nació en Monclova el 5 de octubre de 1952.
Fue el menor de seis hermanos: Sergio, Marco Antonio, Enrique, Esperanza y Jorge, hijos de Antonio Dorantes Núñez, originario de Saltillo, y de Esperanza García Toscano, nacida en Ciudad Frontera.
Como suele ocurrir con el más pequeño de la familia, creció rodeado de cuidados y afecto. Quienes lo conocieron en aquellos años lo recuerdan como un niño alegre, juguetón y lleno de energía.
En 1957 inició sus estudios en la Escuela Primaria Leopoldo Villarreal Cárdenas, ubicada sobre la calle Ocampo. Desde sus primeros años escolares destacó por sus excelentes calificaciones y por el empeño que ponía en sus estudios.
Era un alumno aplicado y responsable. Sus maestros reconocían su capacidad y su familia veía en él un futuro prometedor.
Después cursó sus estudios en la Escuela Secundaria Número 1 Juan Gil González y posteriormente la preparatoria en el mismo plantel, cuando todavía era conocida entre los monclovenses como "La 24", ubicada sobre el bulevar Juárez.
Su vida transcurría entre la escuela, los amigos, los juegos y los deportes de barrio. Era un joven como tantos otros que crecieron en la Monclova de los años sesenta, cuando las calles todavía servían de cancha y punto de reunión para los muchachos de cada colonia.
Fue precisamente durante esos años cuando surgió el apodo que terminaría acompañándolo toda la vida.
Sus hermanos acostumbraban abreviar su nombre y comenzaron a llamarlo simplemente "Co", utilizando la última sílaba de Francisco. Con el tiempo, aquel apodo familiar terminó convirtiéndose en el nombre con el que toda la ciudad lo identificaría.
Los años en que el rumbo cambió
A principios de la década de 1970, Monclova vivía una etapa de crecimiento acelerado. La ciudad se expandía impulsada por la industria siderúrgica y, junto con los cambios sociales de la época, llegaron también problemas que afectaron a muchos jóvenes.
Fue entonces cuando Francisco comenzó a relacionarse con amistades que, según recuerda su familia, influyeron negativamente en su vida.
Primero apareció el alcohol.
Después la mariguana.
Más tarde llegaron otras sustancias más fuertes.
Aquellos años marcaron un cambio profundo. El joven estudioso y disciplinado comenzó a alejarse poco a poco de la vida que había llevado hasta entonces.
Su familia intentó ayudarlo en repetidas ocasiones. Padres y hermanos hicieron todo lo posible por apartarlo de ese camino, pero las circunstancias terminaron imponiéndose.
Los libros, las tareas, las conversaciones sobre el futuro y las ilusiones propias de la juventud fueron quedando atrás.
La búsqueda de una solución
En 1975, cuando tenía apenas 23 años, su familia decidió buscar ayuda especializada.
Francisco fue internado en un centro de rehabilitación ubicado en Gómez Palacio, Durango, con la esperanza de que pudiera recuperar la estabilidad que había perdido.
Durante algún tiempo pareció que los esfuerzos daban resultado. Los avances fueron notorios y la familia volvió a ilusionarse.
Sin embargo, poco después de regresar a Monclova sufrió una recaída.
La familia decidió internarlo nuevamente en el mismo centro de rehabilitación. Fue durante esos años cuando comenzaron a hacerse evidentes cambios más profundos en su comportamiento.
Sus palabras empezaron a perder coherencia.
Sus conversaciones se volvieron cada vez más difíciles.
Y con el paso del tiempo prácticamente dejó de hablar.
Alrededor de esta etapa surgieron numerosas versiones y rumores. Algunas personas atribuyeron su condición a determinados tratamientos utilizados en aquella época.
Sin embargo, no existe información médica pública que permita confirmar dichas versiones.
Lo cierto es que su salud mental continuó deteriorándose.
El diagnóstico.
Buscando respuestas, su hermano Sergio logró incorporarlo al Seguro Social para que fuera atendido por especialistas.
Después de diversas consultas médicas en la Clínica 7 del IMSS, Francisco fue diagnosticado con esquizofrenia.
La enfermedad transformó profundamente su vida.
La esquizofrenia es un trastorno mental crónico que afecta la percepción de la realidad, la comunicación, el pensamiento y las relaciones sociales.
Para la familia Dorantes fue una noticia difícil de asimilar, pero nunca dejó de brindarle apoyo.
Con el paso de los años comprendieron que la enfermedad formaría parte permanente de su vida.
El caminante de la Capital del Acero
Mientras el tiempo seguía avanzando, Francisco desarrolló una rutina que terminaría convirtiéndolo en uno de los personajes más conocidos de Monclova: Caminar.
Caminar durante horas. Caminar durante días. Caminar durante años.
Desde su domicilio en la calle Jesús Silva, en la Zona Centro, sale diariamente para recorrer las calles de la ciudad.
A veces sus pasos lo llevan hasta Ciudad Frontera. Otras veces llega a Castaños. En ocasiones continúa hasta San Buenaventura.
Siempre por la orilla de la carretera. Siempre observando el camino. Siempre avanzando.
Miles de personas lo han visto recorrer la región durante décadas. Niños que alguna vez lo observaron pasar desde la banqueta hoy son adultos que continúan encontrándolo en sus recorridos cotidianos.
Su presencia se ha vuelto tan familiar que resulta imposible hablar de los personajes populares de Monclova sin mencionar a "El Co".
El amor de una familia
La vida también trajo momentos difíciles para la familia Dorantes.
En marzo de 1998 fallecieron sus padres. Don Antonio Dorantes Núñez murió el 4 de marzo y doña Esperanza García Toscano el día 21 del mismo mes.
A partir de entonces, el cuidado de Francisco recayó principalmente en su hermano Sergio, quien ha permanecido a su lado durante todos estos años.
Desde 1993 habitan la casa marcada con el número 315 de la calle Jesús Silva, donde continúan compartiendo la vida cotidiana y enfrentando juntos los desafíos que impone la enfermedad.
Quizá ésta sea la parte más conmovedora de la historia.
Porque detrás del personaje que todos conocen existe una familia que nunca dejó de verlo como aquel niño alegre, inteligente y lleno de ilusiones que alguna vez recorrió las aulas de la ciudad.
Mucho más que una leyenda
Con el paso de los años surgieron innumerables historias alrededor de "El Co". Algunos aseguran que fue un estudiante excepcional; otros afirman que perdió la razón a consecuencia de los excesos de la juventud. También existen quienes repiten viejas versiones que han ido pasando de generación en generación hasta convertirse en leyendas urbanas. Mi mamá decía que era un hombre muy inteligente que "quedó mal" porque hizo mucho esfuerzo estudiando para un exámen difícil.
La realidad, sin embargo, parece mucho más humana y mucho más cercana.
Francisco Dorantes García no es solamente un personaje popular de Monclova. Es un hombre que vivió una infancia feliz, que destacó en la escuela, que tuvo sueños y proyectos como cualquier joven de su época y que posteriormente enfrentó una enfermedad que transformó el rumbo de su vida.
Aun así, el tiempo no ha logrado borrarlo del paisaje cotidiano de la ciudad.
Todavía hoy, cuando el sol comienza a elevarse sobre Monclova, no resulta extraño encontrar su figura recorriendo alguna calle del centro, caminando por las avenidas que tantas veces ha transitado o avanzando por la orilla de la carretera rumbo a alguno de los municipios vecinos.
Su andar pausado y constante forma parte de la memoria viva de Monclova.
Generaciones enteras han crecido viéndolo pasar. Muchos lo recuerdan desde su infancia; otros lo conocieron siendo adolescentes y hoy lo observan con los cabellos ya encanecidos, mientras él continúa recorriendo los mismos caminos que ha transitado durante décadas.
Quizá por eso "El Co" ocupa un lugar especial en el corazón de los monclovenses.
Porque mientras la ciudad ha cambiado, las colonias han crecido, las viejas tiendas han desaparecido y nuevas generaciones han llegado a habitar sus calles, él continúa caminando. Ha visto transformarse a Monclova mientras avanza silenciosamente por sus avenidas, convirtiéndose sin proponérselo en un símbolo de permanencia en una ciudad que nunca ha dejado de cambiar.
Más allá de los rumores, las historias y las leyendas, Francisco Dorantes García representa un capítulo vivo de la memoria colectiva de Monclova.
Y mientras siga recorriendo sus calles, seguirá siendo mucho más que un personaje popular: será parte de la historia cotidiana de nuestra amada ciudad.