06/08/2026
La cultura no se mendiga, se ejerce.
Nos duele comprobar que incluso en los espacios dedicados a la literatura y la narración oral persistan prácticas que cierran puertas en lugar de abrirlas. Cuando las oportunidades dependen de influencias, intereses o privilegios, se traiciona la esencia misma del arte.
La literatura no nació para ser un lujo ni un instrumento de exclusión. Nació para darle voz a los pueblos, para preservar la memoria, para despertar conciencias y para acercar a las personas. Cada historia que se comparte es un acto de resistencia frente al olvido y la indiferencia.
Creemos en una cultura libre, crítica y accesible; en escenarios donde el talento, el trabajo y la pasión valgan más que las recomendaciones, las cuotas o las relaciones de poder. Porque el arte pierde su sentido cuando se convierte en un privilegio reservado para unos cuantos.
No venimos a pedir permiso para contar historias. Venimos a defender el derecho de todas y todos a escucharlas, narrarlas y vivirlas.
Seguiremos levantando la voz, ocupando los espacios con dignidad y construyendo comunidad desde la palabra. Porque la cultura no pertenece a una élite: pertenece al pueblo. Y mientras exista una historia por contar y un oído dispuesto a escuchar, seguiremos caminando, creando y resistiendo.
Las historias no tienen dueño. La palabra no se vende. La cultura se comparte.