11/07/2026
¿Y si el idioma que hablas también hubiera moldeado la forma en que entiendes el mundo?
Pensamos que las palabras solo sirven para comunicar ideas, pero pocas veces nos detenemos a preguntarnos si, antes de expresar un pensamiento, ese pensamiento ya fue condicionado por el idioma que aprendimos. Cada lengua organiza la realidad de una manera distinta: decide qué merece tener un nombre, qué relaciones son importantes y qué conceptos pasan inadvertidos. Entonces surge una pregunta incómoda: ¿pensamos libremente o pensamos dentro de los límites del lenguaje que heredamos?
Cuando una lengua desaparece, no solo se pierde un conjunto de palabras. Desaparece una forma de comprender el tiempo, la naturaleza, la comunidad y la existencia. El náhuatl, por ejemplo, conserva conceptos que difícilmente encuentran un equivalente exacto en el español, porque nacieron de otra manera de observar el mundo. ¿Qué ocurre cuando dejamos de hablar una lengua? ¿Solo cambia nuestro vocabulario… o también cambia la manera en que sentimos, razonamos y nos relacionamos con quienes nos rodean?
Quizá por eso la descolonización no comienza únicamente revisando los libros de historia. También implica preguntarnos por las palabras con las que nombramos nuestra realidad. Si el idioma que utilizamos fue parte de un largo proceso histórico, ¿cuántas ideas seguimos repitiendo sin advertir de dónde provienen? Tal vez la verdadera libertad intelectual empieza cuando somos capaces de reconocer que existen otras formas de pensar tan complejas y profundas como aquellas que hoy consideramos “normales”.
¿Tú qué opinas? ¿El idioma únicamente sirve para comunicarnos o también determina la manera en que interpretamos el mundo? Comparte tu punto de vista en los comentarios.
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