10/08/2026
UNA NOCHE TRISTE PARA TLÁHUAC
Hoy es una noche triste.
Una noche que nos recuerda aquella de 1520, cuando los mexicas hicieron retroceder a Hernán Cortés y a sus aliados.
Pero un año después, en 1521, Cortés regresó con nuevos aliados para emprender la conquista de la gran Tenochtitlan.
Hoy, en las tierras tlahuaquenses, pareciera que la historia vuelve a repetirse.
Los mismos intereses de siempre regresan, ahora acompañados por algunos tlahuaquenses que han decidido ponerse al servicio del poder, buscando imponer decisiones sobre un pueblo que también tiene derecho a ser escuchado.
Y aunque existen impugnaciones presentadas por ciudadanos tlahuaquenses ante las autoridades correspondientes, se pretende dar un golpe de autoridad como si la voluntad de unos cuantos estuviera por encima de la voluntad de todo un pueblo.
Eso es precisamente lo que debemos cuestionar.
Porque el problema de Tláhuac no es solamente un mal gobierno.
El problema es mucho más profundo: es un cacicazgo político.
Un sistema donde unos cuantos deciden, unos cuantos controlan y unos cuantos pretenden determinar el futuro de todos.
Mientras tanto, el tlahuaquense originario comienza a sentirse extraño en su propia tierra.
En la tierra de nuestros abuelos.
En la tierra de nuestros pueblos originarios.
En la tierra que conserva una historia, una cultura y una identidad que no pueden ser utilizadas como moneda de cambio político.
Lo más doloroso no es solamente que existan intereses externos.
Lo verdaderamente doloroso es que haya tlahuaquenses dispuestos a entregar su propia tierra política a cambio de conservar privilegios, posiciones o poder.
Tláhuac no puede seguir siendo patrimonio político de unos cuantos.
Esta tierra no pertenece a un grupo político.
No pertenece a un cacique.
No pertenece a quienes creen que pueden comprar voluntades, manipular necesidades o utilizar el voto de la gente para perpetuarse en el poder.
Tláhuac pertenece a su pueblo.
Y por eso debemos despertar.
Despertar para defender nuestra historia.
Despertar para defender nuestra identidad.
Despertar para exigir que las decisiones se tomen de frente al pueblo y no detrás de acuerdos políticos.
Porque cuando un pueblo deja de defender su propia tierra, otros deciden por él.
Y cuando la ciudadanía permite que unos cuantos controlen el destino de todos, el cacicazgo deja de ser una amenaza y se convierte en una realidad.
Como duele ver cómo destruyen nuestra tierra.
Como duele que nuestra historia sea ignorada.
Como duele que algunos de los nuestros se conviertan en instrumentos de quienes solamente buscan conservar el poder.
Pero Tláhuac todavía está de pie.
Y mientras exista un ciudadano dispuesto a levantar la voz, nuestra historia no estará perdida.
Tenemos que recuperar la voz de los tlahuaquenses.
No queremos dueños de Tláhuac.
Queremos ciudadanos libres.
No queremos cacicazgos.
Queremos democracia.
No queremos imposiciones.
Queremos participación ciudadana.
Y no queremos que nuestra tierra sea utilizada como botín político.
Queremos defenderla, cuidarla y devolverle a su pueblo la dignidad de decidir su propio destino.
TLÁHUAC DESPIERTA
Movimiento Social Independiente
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