21/08/2024
Joel había conocido a Helena en una tarde de otoño, cuando las hojas caían como lágrimas doradas sobre el pavimento. Desde el primer momento, algo en ella lo cautivó, como si sus ojos oscuros escondieran un mundo antiguo y olvidado. Era hermosa, pero de una belleza que no pertenecía a esta era; sus palabras eran suaves, pero cargadas de una sabiduría que solo el tiempo podía conceder.
A medida que pasaban los meses, Joel se enamoró profundamente de Helena. Sin embargo, había algo en ella que siempre se mantenía a la sombra, un secreto que nunca compartía, incluso en los momentos más íntimos. Joel notaba que a veces Helena desaparecía por días sin explicación, regresando con un brillo inquietante en sus ojos y un aire de melancolía que lo hacía estremecer.
Una noche, Joel decidió seguirla. Con el corazón palpitante, la vio adentrarse en un bosque oscuro, donde la luna apenas tocaba el suelo con su luz pálida. La siguió a distancia, oculto entre los árboles, hasta que llegó a un claro donde un antiguo altar de piedra se alzaba en medio del terreno. Allí, Helena desató su largo cabello negro y comenzó a recitar palabras en un idioma que Joel no reconoció. Las sombras a su alrededor parecían cobrar vida, moviéndose con una intención maligna.
De repente, lo entendió todo: Helena no era una mujer común. Era una bruja, una criatura antigua que había dominado las artes oscuras y ahora buscaba algo más allá del entendimiento humano. Joel sintió un frío que le heló la sangre, pero su amor por Helena lo impulsó a acercarse.
Helena, al notar su presencia, no mostró sorpresa, solo tristeza en sus ojos. “Sabías que había algo diferente en mí, ¿verdad, Joel?” le dijo con una voz quebrada. “Lo siento tanto, pero no puedo seguir ocultándolo. Mi amor por ti es real, pero también lo es la maldición que cargo.”
Joel, confundido y aterrado, quiso retroceder, pero Helena lo detuvo con una mirada llena de súplica. “No puedes dejarme, Joel. No puedo soportar la idea de perderte, de verte envejecer y morir mientras yo permanezco eternamente joven. Te amo demasiado para dejarte ir.”
Antes de que Joel pudiera reaccionar, Helena pronunció un hechizo en voz baja, y la oscuridad lo envolvió. Sintió un dolor agudo en su pecho y todo se desvaneció.
Cuando Joel despertó, se encontró en un lugar sombrío, su cuerpo débil y frío. Se miró las manos y vio que estaban pálidas, casi traslúcidas. Se levantó con dificultad y notó que Helena estaba a su lado, mirándolo con una mezcla de amor y desesperación.
“Te he traído de vuelta, Joel. No permitiré que la muerte nos separe,” dijo con lágrimas en los ojos. Pero algo estaba terriblemente mal. Joel sentía un vacío dentro de él, una oscuridad que lo consumía lentamente. Intentó moverse, pero su cuerpo no respondía como antes. Sus manos, su piel... no eran suyas. Eran trozos, partes cosidas, unidas con hechizos oscuros para formar un cuerpo que no era completamente humano.
Helena lo había reconstruido con partes de otros cuerpos, una abominación que desafiaba las leyes de la naturaleza. La bruja había logrado devolverle la vida, pero era una vida maldita, una existencia atrapada entre la vida y la muerte.
Con el tiempo, Joel se dio cuenta de que su amor por Helena se había convertido en un tormento interminable. No podía escapar del dolor, de la sensación de estar atrapado en un cuerpo que no le pertenecía. La oscuridad dentro de él se hizo más fuerte, y la esencia de lo que una vez fue Joel comenzó a desvanecerse, consumida por el poder oscuro que Helena había invocado.
Helena, incapaz de soportar lo que había hecho, decidió poner fin a su sufrimiento. En un último acto de amor, llevó a Joel de regreso al altar y desató un hechizo que rompería el vínculo entre su alma y el cuerpo profano que había creado. Joel sintió un dolor indescriptible mientras su espíritu se liberaba, y en su último aliento, la miró con una mezcla de gratitud y tristeza.
Cuando el cuerpo de Joel se desmoronó en el suelo, Helena se quedó sola en el claro del bosque, rodeada de las mismas sombras que una vez la habían obedecido. Sabía que había condenado a la única persona que había amado, y ese peso sería su castigo eterno.
Desde entonces, la bruja Helena vaga por el mundo, buscando redención, pero sabiendo que nunca la encontrará. El amor de su vida se había convertido en su peor pesadilla, y el recuerdo de Joel la perseguirá por toda la eternidad.