Ecos de la Psique

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Sumérgete en los rincones más oscuros de la mente humana. 🧠🖤 Cada relato es un viaje perturbador a las profundidades del alma, donde la realidad se mezcla con la ficción y lo desconocido se convierte en una inquietante verdad. 📚⛓‍

Tobías, el chico más popular de la escuela, caminaba por el pasillo con esa confianza que parecía innata en él. Las mira...
22/09/2024

Tobías, el chico más popular de la escuela, caminaba por el pasillo con esa confianza que parecía innata en él. Las miradas lo seguían, pero esta vez, él se detuvo frente a la persona que menos esperaban. Todos lo vieron acercarse a la chica rara, aquella con la que nadie se atrevía a hablar. El silencio se apoderó del lugar mientras él sonreía, y ella, sorprendida, levantó la vista.

Los ojos de Tobías la hipnotizaron al instante. Eran azules, profundos, de esos que podrían robarte el aliento. Él dijo algo, pero su voz quedó en segundo plano. Ella solo podía pensar en sus ojos. Eran perfectos. Su mente comenzó a divagar, imaginando ya en qué frasco de su colección encajarían mejor, cómo esos ojos seductores se verían entre los otros que ya había reunido con tanto cuidado.

Disimulando su emoción, sonrió, una sonrisa que no alcanzó sus propios ojos, mientras Tobías seguía hablando, sin saber que su destino ya estaba sellado.

Ella me miró fijamente desde el otro lado de la habitación. Sus ojos, idénticos a los míos, brillaban con una intensidad...
18/09/2024

Ella me miró fijamente desde el otro lado de la habitación. Sus ojos, idénticos a los míos, brillaban con una intensidad que me hizo estremecer. Sentí un vacío en el estómago cuando, sin romper el contacto visual, comenzó a sonreír lentamente, una sonrisa demasiado familiar pero extraña a la vez. No me moví, incapaz de procesar lo que estaba ocurriendo. Algo en su expresión me resultaba profundamente inquietante.

Sin decir una palabra, se acercó un poco más, cada paso más pesado, casi irreal. Extendió su mano hacia mí, y aunque todo en mi interior me gritaba que me apartara, que huyera, no pude evitarlo. Algo me mantenía clavada al suelo.

Finalmente, su mano tocó la mía. Fue un contacto breve, pero suficiente para hacerme retroceder instintivamente. El frío que sentí no era el de una persona viva. El escalofrío que me recorrió el cuerpo fue abrumador. Al mirarla de nuevo, su sonrisa se ensanchó aún más, como si disfrutara de mi desconcierto.
Me paralizo verla ahí reflejada, atrapada en el cristal… mientras ella seguía sonriendo del otro lado del espejo.

18/09/2024

El aire era denso aquella noche, impregnado de una inquietud que no lograba descifrar. Laura se había detenido en un lugar apartado, bajo la luz parpadeante de una farola que apenas iluminaba su rostro. Sus ojos no me miraban; parecían enfocados en algo distante, algo que yo no alcanzaba a ver.

—¿Recuerdas que dije que tu voz me hacía volar? —preguntó de repente, con un tono que me desarmó. Hacía semanas que no hablábamos, no de verdad.

Me acerqué, sintiendo el frío de la noche arañando mi piel.

—Laura… —intenté sonreír, pero su expresión seguía inmóvil, como si no hubiera oído mi voz.

—No fue cierto, ¿sabes? —murmuró, sin apartar la vista de aquel punto invisible en el horizonte. Su mano rozó la barandilla de metal, un gesto pequeño pero cargado de una tensión que no comprendía del todo.

Algo dentro de mí gritaba que había algo más en sus palabras, pero aún no lograba entenderlo. Hice un esfuerzo por acercarme más, intentando alcanzar su mano, pero ella dio un paso atrás.

—¡Laura! —dije con el corazón en la garganta— ¡Quédate quieta! ¡Podemos hablar!

Por primera vez esa noche, ella me miró. Sus ojos, ahora llenos de una extraña calma, me atraparon en un silencio frío.

—Creo que no era cierto —susurró, y antes de que pudiera procesar lo que estaba ocurriendo, desapareció del borde del puente, tragada por la oscuridad bajo sus pies.

De repente, el sonido del agua rugiendo abajo me lo reveló todo: el abismo, que había estado escondido en la penumbra, ya no era un secreto.

La Reina de la Oscuridad 👑🔪La ciudad de Ravenswood, con sus viejas casas victorianas y calles empedradas, había vivido s...
15/09/2024

La Reina de la Oscuridad 👑🔪

La ciudad de Ravenswood, con sus viejas casas victorianas y calles empedradas, había vivido siempre en una relativa calma, hasta que el primer as*****to rompió esa tranquilidad. Era una mañana gris cuando se encontró el cuerpo de una joven en el parque central. Su rostro estaba torcido en una mueca de terror, y en la escena del crimen, la única pista era un mensaje garabateado en la pared con sangre: "La oscuridad me llama." 🖤

El pánico se esparció como un veneno por las calles. Las víctimas eran siempre jóvenes, sus cuerpos aparecían en lugares públicos, pero no había rastro del asesino. No había huellas, ni señales de lucha, solo ese mensaje críptico que hacía temblar a la comunidad. Cada víctima parecía ser escogida al azar, sin ninguna conexión aparente, lo que hacía el caso aún más desconcertante para la policía.

El detective Crowley había estado trabajando incansablemente en el caso. Cada noche se sentaba en su escritorio revisando las mismas pruebas una y otra vez, buscando algún patrón, una pista, algo que los guiara hacia el asesino. Pero no había nada. El único elemento que unía a los crímenes era ese inquietante mensaje: "La oscuridad me llama."

Sin embargo, a medida que avanzaba la investigación, un rastro más oscuro comenzó a emerger. Las víctimas, aunque no lo parecían al principio, tenían algo en común: todas habían sido amigas cercanas de una mujer llamada América ✨️, alguien a quien muchos consideraban distante, pero inofensiva. Crowley decidió hablar con ella. Cuando la entrevistó, América pareció afectada por las muertes de sus "amigas", pero había algo en sus ojos, una frialdad que no podía explicar.

Un mes después, los as*****tos continuaban, pero ahora las víctimas ya no eran amigas de América; ahora eran miembros de su familia. Primero fue su primo, luego su hermana menor. El patrón de los crímenes se volvía más evidente, pero aún no había pruebas claras que vincularan a América con los as*****tos.

Una noche, Crowley recibió una llamada urgente. Habían encontrado el cuerpo del hermano mayor de América en su propia casa. La escena era aún más macabra que las anteriores. El mensaje ahora estaba pintado en grandes letras: "La oscuridad me ha elegido". 🩸 Al revisar los alrededores, Crowley encontró un pequeño diario que había sido dejado en la sala. Lo abrió con manos temblorosas.

Las primeras páginas eran garabatos incoherentes, pero hacia el final, las palabras se volvían más claras, más aterradoras. América había escrito sobre cómo, desde niña, sentía que no pertenecía a este mundo. Hablaba de una "voz" que le susurraba en la oscuridad, una entidad que le prometía poder, pero que le exigía un sacrificio. Página tras página, detallaba cómo su vida había sido consumida por esta voz, hasta que llegó a la conclusión de que solo ella merecía el trono. Solo ella podía ser la "Reina". 👸🏻❤️

El diario revelaba su plan: eliminar a todos aquellos que la rodeaban, amigos, familiares, hasta que no quedara nadie más. Solo entonces, según la voz, sería digna de reinar en la oscuridad.
Crowley sintió un escalofrío recorrerle la espalda. América estaba fuera de control y debía ser detenida. Pero, antes de que pudiera siquiera procesar el siguiente paso, recibió un mensaje en su teléfono: "La oscuridad me espera, ven a encontrarme."

América lo había desafiado. La policía se movilizó rápidamente hacia su casa, pero cuando llegaron, América ya había dejado su marca. Su última víctima, su madre, yacía en el centro de la sala, rodeada de velas negras. La escena era macabra, un altar dedicado a lo que sea que América había estado adorando.

En la penumbra, Crowley la vio por última vez. América estaba en el centro de la habitación, coronada con una tiara de huesos, sus ojos vacíos, consumidos por la locura. Se volvió hacia él y con una sonrisa torcida, susurró:

"Ahora, detective, la oscuridad me pertenece." 🖤🩸

Y, antes de que pudieran detenerla, desapareció en la noche, dejando a Ravenswood en una espiral de terror y caos, mientras su nombre se convertía en un susurro temido en cada rincón de la ciudad.

La reina asesina nunca fue capturada. 👑🔪

Joel había conocido a Helena en una tarde de otoño, cuando las hojas caían como lágrimas doradas sobre el pavimento. Des...
21/08/2024

Joel había conocido a Helena en una tarde de otoño, cuando las hojas caían como lágrimas doradas sobre el pavimento. Desde el primer momento, algo en ella lo cautivó, como si sus ojos oscuros escondieran un mundo antiguo y olvidado. Era hermosa, pero de una belleza que no pertenecía a esta era; sus palabras eran suaves, pero cargadas de una sabiduría que solo el tiempo podía conceder.

A medida que pasaban los meses, Joel se enamoró profundamente de Helena. Sin embargo, había algo en ella que siempre se mantenía a la sombra, un secreto que nunca compartía, incluso en los momentos más íntimos. Joel notaba que a veces Helena desaparecía por días sin explicación, regresando con un brillo inquietante en sus ojos y un aire de melancolía que lo hacía estremecer.

Una noche, Joel decidió seguirla. Con el corazón palpitante, la vio adentrarse en un bosque oscuro, donde la luna apenas tocaba el suelo con su luz pálida. La siguió a distancia, oculto entre los árboles, hasta que llegó a un claro donde un antiguo altar de piedra se alzaba en medio del terreno. Allí, Helena desató su largo cabello negro y comenzó a recitar palabras en un idioma que Joel no reconoció. Las sombras a su alrededor parecían cobrar vida, moviéndose con una intención maligna.

De repente, lo entendió todo: Helena no era una mujer común. Era una bruja, una criatura antigua que había dominado las artes oscuras y ahora buscaba algo más allá del entendimiento humano. Joel sintió un frío que le heló la sangre, pero su amor por Helena lo impulsó a acercarse.

Helena, al notar su presencia, no mostró sorpresa, solo tristeza en sus ojos. “Sabías que había algo diferente en mí, ¿verdad, Joel?” le dijo con una voz quebrada. “Lo siento tanto, pero no puedo seguir ocultándolo. Mi amor por ti es real, pero también lo es la maldición que cargo.”

Joel, confundido y aterrado, quiso retroceder, pero Helena lo detuvo con una mirada llena de súplica. “No puedes dejarme, Joel. No puedo soportar la idea de perderte, de verte envejecer y morir mientras yo permanezco eternamente joven. Te amo demasiado para dejarte ir.”

Antes de que Joel pudiera reaccionar, Helena pronunció un hechizo en voz baja, y la oscuridad lo envolvió. Sintió un dolor agudo en su pecho y todo se desvaneció.

Cuando Joel despertó, se encontró en un lugar sombrío, su cuerpo débil y frío. Se miró las manos y vio que estaban pálidas, casi traslúcidas. Se levantó con dificultad y notó que Helena estaba a su lado, mirándolo con una mezcla de amor y desesperación.

“Te he traído de vuelta, Joel. No permitiré que la muerte nos separe,” dijo con lágrimas en los ojos. Pero algo estaba terriblemente mal. Joel sentía un vacío dentro de él, una oscuridad que lo consumía lentamente. Intentó moverse, pero su cuerpo no respondía como antes. Sus manos, su piel... no eran suyas. Eran trozos, partes cosidas, unidas con hechizos oscuros para formar un cuerpo que no era completamente humano.

Helena lo había reconstruido con partes de otros cuerpos, una abominación que desafiaba las leyes de la naturaleza. La bruja había logrado devolverle la vida, pero era una vida maldita, una existencia atrapada entre la vida y la muerte.

Con el tiempo, Joel se dio cuenta de que su amor por Helena se había convertido en un tormento interminable. No podía escapar del dolor, de la sensación de estar atrapado en un cuerpo que no le pertenecía. La oscuridad dentro de él se hizo más fuerte, y la esencia de lo que una vez fue Joel comenzó a desvanecerse, consumida por el poder oscuro que Helena había invocado.

Helena, incapaz de soportar lo que había hecho, decidió poner fin a su sufrimiento. En un último acto de amor, llevó a Joel de regreso al altar y desató un hechizo que rompería el vínculo entre su alma y el cuerpo profano que había creado. Joel sintió un dolor indescriptible mientras su espíritu se liberaba, y en su último aliento, la miró con una mezcla de gratitud y tristeza.

Cuando el cuerpo de Joel se desmoronó en el suelo, Helena se quedó sola en el claro del bosque, rodeada de las mismas sombras que una vez la habían obedecido. Sabía que había condenado a la única persona que había amado, y ese peso sería su castigo eterno.

Desde entonces, la bruja Helena vaga por el mundo, buscando redención, pero sabiendo que nunca la encontrará. El amor de su vida se había convertido en su peor pesadilla, y el recuerdo de Joel la perseguirá por toda la eternidad.

18/08/2024
El doctor Saldívar había dedicado toda su vida a la investigación. Su obsesión por encontrar una solución a los trastorn...
14/08/2024

El doctor Saldívar había dedicado toda su vida a la investigación. Su obsesión por encontrar una solución a los trastornos de conducta en infantes lo había llevado a desarrollar un suero experimental, una mezcla de componentes químicos destinados a minimizar las tendencias violentas y mejorar los procesos cognitivos. Sin embargo, Alejandro sabía que los avances científicos requerían sacrificios y decidió probar su creación en el grupo de alumnos de su esposa. Verónica, quien era maestra de preescolar en una escuela privada, estaba en contra de prestar a sus niños para algo así, pero su esposo, al ser un profesional en persuasión, supo envolverla y lavarle la cabeza para hacerle creer que era una gran oportunidad, a lo que Miss Vero terminó accediendo.

Los niños del aula eran todos pequeños y adorables, pero uno de ellos, Ricardo, destacaba. Era un niño callado, observador y con una inteligencia que sobrepasaba a la de sus compañeros. Alejandro vio en él al sujeto ideal para su experimento.

Los primeros días después de administrar el suero fueron esperanzadores. Ricardo mostró una notable mejoría en su capacidad de razonamiento y resolución de problemas. Sus dibujos se volvieron más complejos, sus respuestas en clase más articuladas, y sus interacciones con los otros niños, más empáticas. Alejandro se regocijaba en su éxito, convencido de que estaba a punto de revolucionar el tratamiento de trastornos conductuales.

Sin embargo, con el tiempo, Ricardo comenzó a cambiar de maneras que Alejandro no había anticipado. Su mirada, antes inocente, se volvió más penetrante, casi desafiante. Se mostraba cada vez más consciente de su entorno y de lo que le habían hecho. Empezó a hacer preguntas inquietantes: "¿Por qué soy diferente a los otros niños?", "¿Qué me hicieron, doctor?".

La situación empeoró cuando Ricardo comenzó a tener pesadillas, y los otros niños también empezaron a mostrar comportamientos extraños. De repente, la clase se llenó de un aire de inquietud, los juegos infantiles fueron reemplazados por susurros oscuros y miradas cómplices. Las sonrisas se desvanecieron, y los niños empezaron a aislarse, formando un grupo cerrado alrededor de Ricardo, quien se había convertido en su líder indiscutible.

El suero, lejos de minimizar las gestiones violentas, parecía haber desatado una oscuridad latente en ellos. Los niños, bajo el liderazgo de Ricardo, comenzaron a actuar con una inteligencia y crueldad alarmantes para su edad. Empezaron a manipular a los adultos, jugando con sus emociones y sembrando discordia entre ellos. Las pequeñas bromas se transformaron en actos de sabotaje, y los accidentes comenzaron a ocurrir con una frecuencia aterradora.

Verónica, cada vez más preocupada por el comportamiento de sus alumnos, enfrentó a Alejandro, pero él, cegado por su orgullo y su deseo de éxito, se negó a detener el experimento. "Están mostrando una evolución cognitiva sin precedentes", insistía, sin darse cuenta del peligro que había desatado.

En última instancia, una mañana oscura y tormentosa, Ricardo tomó la decisión. Sabía que ellos no pertenecían a ese mundo, que habían sido transformados, y que ahora tenían un propósito mayor. Lideró a los niños en una revuelta, una rebelión, un levantamiento silencioso pero implacable contra los maestros y el personal de la escuela. Utilizaron su inteligencia y las habilidades adquiridas para desactivar las alarmas, bloquear las salidas y sembrar el caos.

Cuando Verónica y Alejandro intentaron detenerlos, fue demasiado tarde. Los niños los rodearon, con Ricardo al frente. Sus ojos, fríos y calculadores, no mostraban rastro del cariño infantil que alguna vez le había tenido a sus maestros. "No somos tus experimentos", dijo Ricardo, "somos la nueva humanidad".

Con un gesto del líder, los niños avanzaron, y la última imagen que Alejandro tuvo antes de ser rodeado por la oscuridad fue la de sus propios experimentos mirándolo con un odio que él mismo había creado.

Los niños escaparon de la escuela esa noche, desapareciendo en la tormenta. Pero no huyeron para esconderse; se fueron para crecer, para aprender, y para esperar. Sabían que el mundo les pertenecía ahora, y que era solo cuestión de tiempo antes de que su ascensión al poder fuera completa.

Cuando era pequeño, el día comenzó como cualquier otro. Mi padre y yo caminábamos juntos por el parque, bajo el cielo gr...
14/08/2024

Cuando era pequeño, el día comenzó como cualquier otro. Mi padre y yo caminábamos juntos por el parque, bajo el cielo gris que presagiaba una tormenta. El aire estaba cargado de una tensión que no podía entender en aquel entonces. Caminábamos de la mano, sus dedos firmes envolviendo los míos con un calor que hoy, al recordarlo, me provoca escalofríos.

Nos acercamos al viejo puente de piedra que se erguía imponente sobre el río. Mi padre siempre me decía que desde allí arriba se veía todo el valle, y que era el lugar perfecto para soñar con volar. Sin embargo, ese día había algo distinto en su mirada. No era el brillo de la esperanza, sino un vacío que me hacía temblar.

De repente, apareció un hombre tambaleante, sus ropas sucias y desgastadas. Tenía los ojos inyectados en sangre, y el olor a alcohol y desdicha lo envolvía como una nube. Corría hacia nosotros, sus pasos eran erráticos, pero decididos. Mi padre me atrajo hacia sí, protegiéndome, o al menos eso pensaba yo.

El vagabundo, con una fuerza que no parecía posible para alguien tan consumido, se abalanzó sobre nosotros. En un abrir y cerrar de ojos, me arrancó de los brazos de mi padre. Yo grité, aterrado, pero él no me escuchaba. Solo lo vi mirar hacia el abismo, sus labios moviéndose en un susurro que apenas alcancé a oír: "Es el único camino".

El hombre corrió conmigo en brazos, alejándose del puente mientras yo pataleaba, intentaba liberarme, pero su agarre era de hierro. Desde la distancia, vi a mi padre dar un paso al borde, sus ojos fijos en el vacío. No había duda, sabía lo que iba a hacer. Mis gritos se perdieron en el viento mientras el hombre me sujetaba con más fuerza, como si supiera que ese momento era crucial.

Lo vi saltar. Vi a mi padre desaparecer en el abismo, su figura pequeña perdiéndose entre las sombras. El impacto fue un sonido sordo, apagado por la distancia, pero que resonó en mi mente como un trueno.

El vagabundo me dejó en la entrada del parque, su mirada se encontró con la mía solo un segundo. Había algo en sus ojos, una mezcla de locura y comprensión, como si supiera exactamente lo que había hecho y por qué. Luego, se fue corriendo, desvaneciéndose entre los árboles como un fantasma.

Yo sabía que ese hombre no podría haber detenido a mi padre físicamente. Nadie podría. Pero gracias a él, no morí ese día con mi papá. Sin embargo, en el fondo, una parte de mí se quedó en ese puente, junto a él, en el silencio eterno que siguió a su caída.

Ahora, cuando cierro los ojos, a veces vuelvo a ese momento. Y siempre me pregunto si fue el destino o la locura lo que puso a ese hombre en nuestro camino. Porque aunque él me salvó, también me condenó a vivir con el peso de lo que vi, de lo que no pude evitar, y de lo que jamás podré olvidar.

Era una noche siniestra y fría, el tipo de noche que se siente como un presagio de lo peor. Mi vida había sido un torbel...
27/07/2024

Era una noche siniestra y fría, el tipo de noche que se siente como un presagio de lo peor. Mi vida había sido un torbellino de dolor desde la ruptura extrema con mi exnovia, una ruptura que había sido más que devastadora. Ella, en su crueldad, no solo se quedó con mi mejor amigo, sino que decidió que su vida sería una serie de torturas sutiles y constantes.

Cada día, ella preparaba con esmero las comidas, cocinando envenenadas porciones de desayuno, almuerzo y cena para mi amigo, con una meticulosa precisión que solo alguien con un corazón verdaderamente frío podría tener. Él, siempre tan inteligente y perspicaz, se había negado a probar bocado alguno, su instinto le decía que algo estaba terriblemente mal. Su rechazo sistemático a las comidas le había permitido mantenerse a salvo, pero no había escapado del tormento psicológico que ella le infligía.

Pero aquella noche, algo cambió en el espeluznante teatro de sus juegos crueles. La última comida envenenada, un filete suculento que había sido entregado con la habitual sonrisa de falsa amabilidad, había sido lamida por mi fiel perro. Mi mente se paralizo por un momento al ver a mi perro, que había estado a mi lado desde que era un niño, acercarse a la comida con la familiaridad de siempre.

El filete, tan delicioso y aparentemente inofensivo a primera vista, había sido la trampa final. Mi fiel compañero, que había estado allí para consolarme en los días más oscuros de mi vida, estaba a punto de pagar el precio de la maldad de aquella deshumanizada. Mi tristeza era inmensa al darme cuenta de que el tiempo que le quedaba era corto, y que el veneno había comenzado a hacer efecto.

Mientras lo observaba, noté que su mirada, aunque debilitada, aún reflejaba un destello de reconocimiento. Era como si, en el último instante, a pesar del veneno y el dolor inminente, él pudiera ver y sentir la presencia de quien había sido su verdadero dueño. Tenía sentido, al final de cuentas, lo que lamio fue mi pierna, y brazo y medio molido en su plato.

Cierta noche penumbrosa, Osvaldo entró en un bar sumido en sombras. El ambiente era denso, cargado con el murmullo de co...
12/07/2024

Cierta noche penumbrosa, Osvaldo entró en un bar sumido en sombras. El ambiente era denso, cargado con el murmullo de conversaciones y el tintineo de copas. Con una mirada inquieta, Osvaldo escaneó la multitud hasta que sus ojos se posaron en Sandra, una chica que irradiaba carisma y energía.

Con pasos decididos, Osvaldo se acercó a ella. Su voz era suave pero cargada de una intención oculta.

—Hola, ¿puedo invitarte un trago?

Sandra levantó la vista, sus ojos brillaban con curiosidad y un toque de recelo.

—No suelo aceptar bebidas de extraños.

Osvaldo sonrió, intentando parecer más relajado de lo que realmente se sentía.

—Podemos conocernos y dejar de serlo.

Sandra, tras un breve silencio, esbozó una sonrisa enorme y contagiosa.

—Está bien, acepto.

Los minutos se convirtieron en horas y las copas se acumularon frente a ellos. La risa de Sandra llenaba el aire, mientras Osvaldo la observaba con una mirada que ocultaba un propósito oscuro. Sabía que, a medida que la noche avanzara, tendría a Sandra bajo su poder.

El reloj avanzaba sin detenerse, y con cada trago, Sandra se volvía más despreocupada, más confiada en la compañía de Osvaldo. Él, sin embargo, solo veía cómo sus planes siniestros tomaban forma.

Finalmente, con la voz arrastrada por el alcohol, Osvaldo sugirió:

—Mi departamento está cerca. ¿Te gustaría continuar la noche allí?

Sandra, ya borracha y sin percibir el peligro que la acechaba, aceptó sin pensarlo dos veces.

—Claro, suena divertido.

Osvaldo la guió fuera del bar, sujetándola suavemente del brazo. Las calles estaban desiertas y la luna llena proyectaba sombras inquietantes sobre los edificios. Mientras caminaban, el aire se tornaba más frío y denso, pero Sandra apenas lo notaba, sumida en su mareo.

Al llegar al departamento, Osvaldo abrió la puerta y la invitó a pasar. El lugar estaba decorado de manera austera, casi clínica. Sandra, tambaleándose, se dejó caer en el sofá, sin percatarse de la puerta que Osvaldo cerraba con un clic siniestro.

La oscuridad se cernía sobre ella, y un escalofrío recorrió su espalda cuando Osvaldo se acercó, su sonrisa ahora convertida en una mueca malévola.

—Sandra, hay algo que no te he contado —dijo Osvaldo, su voz era apenas un susurro. —¿Te suena el nombre de Karla?

Sandra solo abrió los ojos desmesuradamente como si estos fueran a salirse de sus cuencas. Un escalofrío recorrió su espalda al recordar las últimas semanas de su vida, marcadas por la tragedia y el dolor.

Karla era su mejor amiga desde la infancia, hace 2 meses había sido encontrada sin vida en un canal de agua. La noticia había destrozado a Sandra, quien lloró a mares cuando la mamá de Karla le comunicó la terrible pérdida. La pequeña con la que compartió todo, desde el kínder hasta la universidad, ya no estaba en este mundo.

Sandra intentó levantarse de la silla, pero algo se lo impedía. Miró hacia abajo y vio sus muñecas y tobillos atados con cuerdas gruesas. La desesperación se apoderó de ella. Frente a ella, Osvaldo la miraba con una mezcla de rabia y dolor en sus ojos.

—Parece ser que no eran tan unidas después de todo —dijo Osvaldo con voz quebrada—. Mi hermana murió porque lamentablemente no supiste cuidarla. Ahora es tu turno de acompañarla.

Osvaldo levantó un arma y la apuntó directamente a la cabeza de Sandra. El pánico se apoderó de ella y un grito desgarrador escapó de sus labios, resonando en la oscuridad de la cabaña. En ese momento, Sandra solo pudo tener un último pensamiento:

—"¿Cómo me encontró? ¿Cómo supo que Karla ya me tenía fastidiada y ahogarla fue mi escape más rápido?"

La mente de Sandra se llenó de imágenes de aquel fatídico día en el que, harta de las constantes peleas y celos de Karla, decidió ponerle fin a su tormento. La había empujado al canal, Karla se partio la cabeza y su supuesta mejor amiga la había dejado ahí, sabiendo que no sabría nadar e inconsciente mientras se desangraba, jamás pensó que alguien pudiera descubrir su secreto, mucho menos Osvaldo.

El sonido del gatillo al ser apretado resonó en la cabaña, y todo se volvió oscuro para Sandra. En la penumbra de la noche, el viento siguió aullando, como si los espíritus de los difuntos lloraran por la traición y la muerte que aquella amistad había traído consigo.

La casa estaba en silencio, sumida en una penumbra casi sobrenatural. Sus paredes, testigos mudos de tantos años de sufr...
06/07/2024

La casa estaba en silencio, sumida en una penumbra casi sobrenatural. Sus paredes, testigos mudos de tantos años de sufrimiento, parecían respirar a cada paso que daba. Maribel avanzaba lentamente por el pasillo, sus pensamientos un torbellino de recuerdos dolorosos.

Había soportado sus golpes porque lo amaba. Cada vez que su mano se alzaba, su corazón se quebraba un poco más, pero siempre encontraba la fuerza para perdonarlo. A lo largo de los años, se acostumbró a las humillaciones, aceptándolas como una rutina sombría e inevitable. Los gritos eran insoportables; si la comida no le gustaba, el regaño era seguro. Su voz resonaba en la casa, convirtiéndola en una prisión de desesperación.

Un día, sin previo aviso, él se rió en su cara y la abandonó. Se fue con otra mujer, mucho más joven, misma con la que ya esperaba un hijo. Las lágrimas corrían por su rostro mientras los moretones y cortadas se desvanecían con el tiempo, dejando cicatrices invisibles en su alma. La casa, ahora vacía, era un eco de su dolor.

Un par de meses después, una noticia perturbadora llegó a sus oídos: lo habían acribillado en la calle. Parecía ser que el hermano de la nueva chica no soportó ver cómo la maltrataba, tal como lo había hecho con Maribel. La noticia era un golpe frío, un recordatorio de que el ciclo de violencia siempre encuentra su fin.

Finalmente, el día del funeral llegó. Ella era la única que acudió, sola frente a la tumba de aquel que tanto daño le había causado. El viento soplaba suavemente, llevando sus palabras al vacío. "Te amaba y siempre te amaré," murmuró, susurrando al mármol frío. "Después de todo, una madre nunca dejará de querer a su hijo."

La tumba, en silencio, parecía devolverle una mirada vacía. La noche cayó sobre el cementerio, envolviéndola en una oscuridad que ya le era familiar. Y mientras se alejaba, el eco de su amor incondicional resonaba en cada rincón de su ser, un amor que ni siquiera la muerte podía extinguir.

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