Bos Taurus Mexico

Bos Taurus Mexico El toro como cultura. La bravura como identidad.

El silencio del gigante5 de febrero.Esta fecha debería oler a clavel, a puro y a miedo. Debería sonar a "Cielo Andaluz"....
05/02/2026

El silencio del gigante

5 de febrero.
Esta fecha debería oler a clavel, a puro y a miedo. Debería sonar a "Cielo Andaluz".
Pero hoy, en Insurgentes, solo hay eco.

La Monumental cumple años.
La más grande del mundo. La Catedral de América.
Ese embudo de concreto donde se han consagrado los dioses y donde han llorado los hombres.
El sitio donde Manolo mandó. Donde Silverio templó. Donde el tiempo se ha detenido mil veces.

Duele verla así.
Duele que la Ciudad de México hoy le dé la espalda a su propia historia.
Es una tristeza honda ver cerrado el templo en su día santo.
Una capital sin toros es una ciudad con menos alma.

Podrán poner candados. Podrán prohibir los festejos.
Pero el cemento aguanta. Y la afición también.
Nos pueden quitar la tarde, pero nadie nos puede arrancar la memoria.

El monstruo duerme, obligado al silencio.
Pero no muere.

Felicidades, Majestad. Aquí seguiremos esperando a que se abran tus puertas.

El último romántico.Nació un 2 de febrero en Apizaco.Pero en realidad, Rodolfo Rodríguez "El Pana" nunca perteneció a es...
02/02/2026

El último romántico.

Nació un 2 de febrero en Apizaco.
Pero en realidad, Rodolfo Rodríguez "El Pana" nunca perteneció a este tiempo.
Él venía de otra época. De los tiempos en que los toreros olían a puro, a hambre y a gloria.

Le decían "El Brujo". Y tenían razón.
Porque lo suyo no era técnica. Era magia negra. Era capaz de lo peor y de lo sublime en la misma tarde. Podía salir abucheado o salir a hombros entre lágrimas. No había puntos medios.
Odiaba la modernidad. Odiaba el toreo prefabricado.

Él toreaba con el alma, con el sarape al hombro, mascando la vida y escupiendo la muerte. Se fue como vivió: de forma trágica y teatral.

Pero nos dejó la lección más importante de todas: en un mundo de copias, ser auténtico es la única revolución.

Hoy, donde quiera que esté, seguro se está fumando un puro y brindándole al sol.

Felicidades al cielo, matador.

El día que el miedo tuvo alasParece mentira, pero han pasado ya 20 años. 29 de enero de 2006. Plaza México.Salió "Pajari...
29/01/2026

El día que el miedo tuvo alas

Parece mentira, pero han pasado ya 20 años. 29 de enero de 2006. Plaza México.

Salió "Pajarito". Un cárdeno de Cuatro Caminos. Nadie imaginaba lo que traía dentro. Nadie vio venir el salto.

No brincó al callejón. Brincó a la historia. Y al tendido. En un segundo, la barrera entre la fiesta y la tragedia se rompió. Ver a un toro de 500 kilos entre las butacas nos heló la sangre a todos. Fue el caos. Fue el pánico real.

Esa tarde, "Pajarito" nos recordó una lección que a veces olvidamos entre claveles y música: Esto no es un juego. El toro es una fiera. Es impredecible. Es verdad pura.

Fue un milagro que no pasara a mayores. Pero la imagen de ese vuelo se nos quedó grabada en la retina para siempre.

Un aniversario para recordar el respeto que merece el rey de la fiesta.

Vive LibreEl ruido siempre intenta opacar a la verdad.Vivimos tiempos extraños. Tiempos donde algunos creen que tienen l...
28/01/2026

Vive Libre

El ruido siempre intenta opacar a la verdad.

Vivimos tiempos extraños. Tiempos donde algunos creen que tienen la autoridad moral para decidir por todos.

Donde se celebran victorias que no existen y se gritan prohibiciones que no tienen sustento.

Pero se les olvida lo más importante: la libertad.

Ser libre no es imponer tu gusto sobre el del vecino.

Ser libre es respetar.

Es entender que, si algo no te gusta, simplemente no vas. Pero dejas que el otro decida.

Prohibir es el recurso de quien no tiene argumentos.

Elegir es el privilegio de los hombres libres.

No dejemos que nos confundan con verdades a medias.

La ley, como la vida y como el toreo, tiene sus tiempos y sus reglas. Y la verdad siempre termina saliendo al ruedo.

Este viernes, y siempre, defendemos nuestro derecho más básico: el de decidir qué nos emociona.

Sin imposiciones. Sin mentiras.
Simplemente, libertad.

Morir en la rayaHay muertes que no son finales. Son firmas. Hace 45 años, el corazón de Jorge Aguilar "El Ranchero" dejó...
27/01/2026

Morir en la raya

Hay muertes que no son finales. Son firmas. Hace 45 años, el corazón de Jorge Aguilar "El Ranchero" dejó de latir. Pero no paró en una cama, ni en un hospital frío. Paró donde tenía que parar: en el campo bravo.

Fue en la ganadería de Coaxamalucan. Tlaxcala. Su tierra. Estaba tentando. Muleta en mano. Cuentan que estaba bordando el toreo, con esa naturalidad campirana que solo tienen los que nacieron entre los toros. De pronto, se desplomó. Sin drama. En silencio.

Se fue con las botas puestas. Se fue haciendo lo que amaba. Se fue en su ley.

"El Ranchero" no buscaba adornos, buscaba verdad. Y su muerte fue eso: la verdad más absoluta de un hombre que entregó todo al toro, hasta el último aliento.

Hoy recordamos al maestro que nos enseñó que la vida y el toreo no se explican. Se sienten.

Gloria eterna a Jorge Aguilar.

El día que el tiempo se detuvo en QuerétaroMéxico siempre fue más que una plaza para Paco Camino. Fue su casa. Fue su es...
26/01/2026

El día que el tiempo se detuvo en Querétaro

México siempre fue más que una plaza para Paco Camino. Fue su casa. Fue su espejo. Aquí, el "Niño Sabio de Camas" no venía de visita; venía a dar cátedra. La afición mexicana, tan dura y tan entregada, se le rendía porque entendía su idioma: el de la inteligencia y el arte puro.

Pero lo del 17 de diciembre de 1977, en la Santa María de Querétaro, fue otra cosa. Fue un rito.

Era un mano a mano en la cumbre. Manolo Martínez, el mandón de México, y Camino, el maestro de Sevilla.

Entonces salió "Navideño".

Un toro de Javier Garfias. Negro, noble, con una calidad que pedía manos de seda. Un toro que no embestía, planeaba.
Y ahí sucedió el milagro. Camino no peleó. Camino acarició.

Fue una faena de terciopelo. Lenta. Irreal. Esa tarde, Paco borró la violencia de la lucha y dejó solo la estética de la danza. Cada muletazo era un suspiro. Cada pase duraba una eternidad.

Logró lo que todos buscan y casi nadie encuentra: parar el reloj.

La plaza estaba en silencio. Un silencio religioso, roto solo por el "olé" ronco y profundo que sale de las entrañas. Al llegar a la barrera, con la mirada todavía perdida en esa dimensión que solo los elegidos conocen, soltó la frase que nos marcó para siempre:

"Hoy he inventado el toreo".

No fue soberbia. Fue la verdad desnuda.
Porque esa tarde, con "Navideño", Paco Camino no toreó como se debe. Toreó como se sueña.

Ha pasado medio siglo y todavía, si cierras los ojos, puedes sentir esa suavidad.

Gloria eterna al maestro. Y gratitud eterna a la bravura mexicana que le permitió tocar el cielo.

Silverio Pérez, el Faraón de TexcocoUn 20 de noviembre de 1915 nació en Texcoco, Estado de México, Silverio Pérez, figur...
20/11/2025

Silverio Pérez, el Faraón de Texcoco

Un 20 de noviembre de 1915 nació en Texcoco, Estado de México, Silverio Pérez, figura inmortal de la tauromaquia mexicana. Fue hermano de Carmelo Pérez, el valiente torero que perdió la vida a causa de una cornada en Lima, y fue precisamente aquel dolor, aquella tragedia familiar, lo que encendió en Silverio la llama que lo llevaría a los ruedos.

Debutó como novillero en 1931, en la vieja Plaza “El Toreo” de la Condesa, y desde entonces se adivinaba que tenía algo distinto.
Tomó la alternativa el 5 de noviembre de 1936 en la Plaza de Toros “El Toreo”, de manos de Fermín Espinosa “Armillita Chico”, con Manuel Jiménez “Chicuelo” de testigo y toros de San Mateo.
Su confirmación en la Plaza México llegaría en 1946, ya como ídolo nacional.

Silverio fue contemporáneo y rival de grandes colosos como Lorenzo Garza, Carlos Arruza y el propio Armillita, con quienes protagonizó una época dorada para el toreo en México.
Mientras Garza era poder y Arruza técnica y raza, Silverio era sentimiento. Toreaba con un arte que desbordaba emoción y misterio. Su toreo era hondura, ritmo, cadencia. Decían los cronistas que no toreaba con las manos, sino con el alma.

La prensa de su tiempo lo apodó “El Faraón de Texcoco”, y con razón: su figura imponía respeto, su empaque era regio, y su estilo tenía un perfume antiguo, lleno de majestad y pureza.
Su toreo fue el punto más alto del arte natural mexicano: vertical, pausado, cargado de verdad y poesía. Cuando Silverio se acoplaba con el toro, el silencio de la plaza era una oración.

Triunfó en las principales plazas de México y España, se retiró en 1952 y, tras algunos regresos simbólicos, dejó los ruedos para dedicarse a la ganadería y a la promoción cultural. Fue también cronista, conferencista y figura popular, querido más allá de los tendidos.

Murió en 2006, pero su recuerdo sigue vivo en cada aficionado que busca el arte, la estética y la pureza por encima de la mera faena.
Silverio Pérez no solo fue un torero: fue una escuela de sentimiento, una manera de entender la vida, un espejo donde el toreo mexicano se mira cuando quiere recordarse a sí mismo.

¿Qué es citar al toro?El misterio donde todo empiezaEn la fiesta brava hay gestos que pasan desapercibidos para muchos… ...
18/11/2025

¿Qué es citar al toro?

El misterio donde todo empieza

En la fiesta brava hay gestos que pasan desapercibidos para muchos… pero que en realidad sostienen toda la arquitectura del toreo. La bravura, la cadencia, la emoción, la ligazón, la verdad… todo nace en un instante silencioso que apenas dura un suspiro:
el cite.

Citar no es “llamar” al toro.
No es moverle la muleta para que venga.
No es un truco, ni una señal, ni un simple movimiento del brazo.

Citar es abrir una puerta en el aire.
Es una invitación íntima, casi secreta, para que el toro cruce un umbral invisible y entre en el terreno sagrado donde viven el arte, el riesgo y la entrega.
Es la primera decisión del torero: ¿dónde lo quiero? ¿cómo lo quiero? ¿cuándo lo quiero?

Porque el cite contiene una geometría exacta:
la distancia justa, el ritmo íntimo del torero, la colocación en los terrenos, el compás de la muleta y la verdad de las zapatillas bien clavadas en la arena.
Si el cite está mal dado, todo lo que sigue se desmorona.
Si está bien, nace la faena.

Hay toreros que citan como si no hicieran nada.
Los hay que citan con mando, con temple, con autoridad.
Otros, con un susurro.

Rafael de Paula, por ejemplo, citaba andando, leve, imperceptible… como si el toro acudiera más por un embrujo que por una muleta.
Curro Romero citaba desde la quietud absoluta: un gesto mínimo, la muleta dormida, y de pronto el toro encontraba un camino que sólo él veía.
Manolo Martínez citaba con el peso de una catedral: firme, seguro, dueño de la distancia y de la voluntad del toro.
Morante cita con seda y misterio: un toquecito apenas visible, una cintura que respira, y el toro cae en un ritmo que es más música que lidia.
Y David Silveti, mexicano y eterno, citaba con raza en la mirada: un cite torero, bravo, lleno de esa solemnidad suya que parecía venirse de adentro del alma.

Porque el cite no es un gesto: es un acuerdo.
Es un pacto silencioso entre dos fuerzas que se reconocen.
El toro acepta, el torero abre paso… y ahí comienza el milagro.

Cuando el torero cita bien, la embestida nace limpia, clara, redonda. Cuando cita mal, la faena se rompe antes de nacer.
Por eso el cite es la primera verdad del toreo: donde termina el disfraz y empieza el alma.

Y quizá por eso tiene tanto misterio:
porque no hace ruido,
no presume,
no aparece en los resúmenes,
ni lo nota el que sólo mira el espectáculo y no la liturgia.

Pero para quien ama la fiesta,
para quien sabe mirar,
el cite es el instante más íntimo del toreo.

Es la semilla.
El primer latido.
El “ven” que no se dice con la voz, sino con la sangre.

Porque antes de la belleza, antes de la ligazón, antes de la emoción…
está ese pequeño gesto donde el torero ofrece su alma y el toro decide si la acepta.
Ahí empieza todo.

13/11/2025
Las mujeres que miraron al toro de frenteDurante siglos, la arena fue territorio vedado. El ruedo, ese círculo de sol y ...
13/11/2025

Las mujeres que miraron al toro de frente

Durante siglos, la arena fue territorio vedado. El ruedo, ese círculo de sol y miedo, era dominio de los hombres. Las mujeres miraban desde los tendidos, cosían el terno del maestro, o rezaban por él desde la sombra. Pero un día, una de ellas decidió saltar la barrera. Y desde entonces, nada volvió a ser igual.

Torear no es sólo un acto de valor: es una forma de estar en el mundo. Y cuando una mujer toma la muleta, el rito adquiere otro sentido. Entra la intuición, la gracia, la templanza. La fuerza que da la vida y la elegancia que la sostiene.

Las pioneras

En tiempos en que la sociedad no lo entendía, mujeres como Juanita Cruz o la chilena-peruana Conchita Cintrón desafiaron prohibiciones, se calzaron el traje de torear y abrieron una senda imposible. Ellas fueron las primeras en romper el dogma de un arte que parecía tener dueño.

Décadas más tarde, el eco de su gesto cruzó el Atlántico y germinó en nuevas generaciones. En España, Cristina Sánchez se convirtió en un símbolo de dignidad y temple; Olga Casado y Miriam Cabas prolongan esa lucha con el corazón en la boca y la muleta en la mano.

En México, la historia también se escribió con bravura femenina.
Hilda Tenorio, michoacana, fue la primera mujer mexicana en confirmar en Las Ventas de Madrid, un hito que resonó como un “olé” que no se apaga. Lupita López, yucateca de alma luminosa, confirmó en la Plaza México y dejó su sello de arte y valor. Paola San Román, guanajuatense, representa a la nueva generación: fresca, disciplinada, con esa mezcla de juventud y determinación que anuncia futuro. Y en el rejoneo, Mónica Serrano encarna la elegancia en la grupa, la danza entre el caballo y el toro, el dominio del temple sin perder la dulzura. Y en Europa, Lea Vicens, la amazona francesa, convirtió el rejoneo en una sinfonía de temple y precisión.

Ser torera, novillera o rejoneadora es mucho más que ponerse delante del toro. Es torear también contra los prejuicios, las miradas escépticas, las puertas que aún se abren con dificultad. Por eso, cuando una mujer pisa el ruedo, no sólo desafía al animal que embiste: desafía la historia. Y con cada pase, con cada muletazo, escribe una página nueva en el libro de la Tauromaquia.

Porque en su toreo hay verdad y ternura, valor y medida, miedo y belleza. Y porque al final, el toro no distingue género: sólo siente el temple, la pureza y la entrega.

“El arte no tiene dueño. Tiene quien lo ame.”

Hoy, Bos Ta**us rinde homenaje a ellas: a las que se atrevieron, a las que abrieron camino, a las que siguen toreando con el alma en vilo y el sol sobre el rostro. Porque la historia del toreo no se entiende completa sin la presencia de la mujer que, de frente al toro, hizo del valor una forma de belleza.

12/11/2025

El Rey David: cuando el valor se volvió leyenda

Hoy, la memoria del toreo mexicano se detiene un instante para inclinarse ante una figura que fue más que un torero: fue un símbolo, una herida abierta, una elegancia doliente.

Un día como hoy, 12 de noviembre de 2003, partió de este mundo David Silveti Barry, “El Rey David”, heredero de una dinastía y dueño de un arte que rozó la tragedia y la gloria a partes iguales.

Hijo de Juan Silveti Reynoso, nieto de Juan Silveti Mañón “El Tigre de Guanajuato”, y hermano de Alejandro Silveti, David nació el 3 de octubre de 1955 en la Ciudad de México, marcado por la vocación y la sangre de los toros. Desde niño jugó al toreo, pero en su caso el juego tenía destino: a los 12 años ya toreaba becerros, y su figura estilizada, de gesto grave y mirada intensa, anunciaba al artista que vendría.

Tomó la alternativa en Irapuato el 20 de noviembre de 1977, de manos de Curro Rivera, con Manolo Arruza de testigo, y el toro “Cariñoso” de la ganadería de San Mateo. Dos años más tarde, confirmó en la Plaza México, apadrinado por Manolo Martínez y con Eloy Cavazos de testigo. En 1987, haría lo propio en la plaza de Las Ventas de Madrid, en un gesto de ambición y orgullo profesional que sólo los elegidos intentan.

La herida que lo volvió eterno

David Silveti fue un torero de una sensibilidad rara. Toreaba como si el tiempo se detuviera, con una lentitud espiritual que nacía de dentro, del alma. Pero el destino, siempre cruel con los elegidos, lo marcó pronto: una terrible lesión en la rodilla derecha, sufrida precisamente al confirmar en la Plaza México, cambió su vida y su cuerpo para siempre. A partir de entonces, vivió toreando sobre el dolor, con más de cuarenta operaciones a cuestas.

Cada vez que salía al ruedo, lo hacía sabiendo que podría ser la última. Y eso se sentía. En su toreo había gravedad, verdad, una especie de recogimiento místico que transformaba cada muletazo en plegaria. Su figura doliente, apoyada a veces en el valor más que en la fuerza, lo convirtió en un héroe trágico de la tauromaquia moderna.

Por eso, cuando el público gritaba “¡Olé, Rey David!”, no lo hacía sólo por su arte: lo hacía por su coraje. Porque lo que el hombre sufría, el torero lo sublimaba.

El arte de la entrega

Su toreo fue un himno a la estética de la verdad. Decían los cronistas que en sus faenas había alma, temple y pureza. Que cada pase era un poema de arena y sangre. En una época donde muchos toreros buscaban la seguridad, Silveti buscaba la emoción. Toreaba con el cuerpo roto y el espíritu entero, consciente de que la grandeza no se mide por los triunfos, sino por la entrega.

Su elegancia natural, su figura erguida y ese rostro que siempre parecía cargar un pensamiento más profundo, le valieron el título de “El Rey David”. Y lo fue, porque gobernó con arte, con dolor, con una dignidad que muy pocos hombres han sostenido frente a la muerte que embiste.

El ocaso y la leyenda

El 12 de noviembre de 2003, el silencio cayó sobre la finca familiar en Salamanca, Guanajuato. El cuerpo del torero no resistió más el peso del dolor que durante años llevó con entereza. Su partida dejó a México sin uno de sus más hondos intérpretes del arte taurino.

Sin embargo, los reyes verdaderos no mueren, sólo cambian de luz. Su legado sigue vivo en su hijo Diego Silveti, que honra la dinastía con el mismo fuego y apellido. Cada vez que un toro embiste con nobleza, que una muleta se templa al compás de la vida y la muerte, ahí está David. Invisible, pero presente.

Porque el Rey David no fue sólo un torero: fue una lección de humanidad, de arte y de dolor convertido en belleza.

“Hay toreros que triunfan por la técnica, otros por el valor. Pero los elegidos, como David Silveti, trascienden porque torean con el alma.”

Hoy lo recordamos desde el respeto y la emoción, con un olé que cruza el tiempo.
¡Viva el Rey David!

7 de noviembre de 1965: nació un reinadoUn día como hoy, en la Monumental de Monterrey, Manolo Martínez tomó la alternat...
07/11/2025

7 de noviembre de 1965: nació un reinado

Un día como hoy, en la Monumental de Monterrey, Manolo Martínez tomó la alternativa.
Padrino: Lorenzo Garza, “El Ave de las Tempestades”.
Testigo: Humberto Moro.
El toro: “Traficante”, de San Miguel de Mimiahuápam.

Aquella tarde no solo se doctoró un torero: se coronó un mandón. Desde entonces, nada volvió a ser igual. Su temple seco, su paso firme, su muleta de poder sereno cambiaron la historia. Manolo no toreaba: dictaba. Era el reloj de la fiesta, el compás que marcaba a todos.

Durante dos décadas impuso su ley en cada plaza. Lo mismo llenaba La México que mandaba en provincia; los públicos lo idolatraban y los compañeros lo temían. En su muleta cabía la elegancia y la autoridad, el arte y el gobierno. El último gran mandón del toreo mexicano.

Hoy, en su aniversario, recordamos al hombre que convirtió el ruedo en su trono y la faena en decreto.

Porque en la historia del toreo hay muchos toreros…
pero muy pocos reinados.

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