22/09/2026
Por • "El 16 de septiembre de 1521, Tonantzin se apareció frente a Cuauhtémoc.
Tras escapar, Cuauhtémoc llegó hasta la Tēpetl Nantli (Sierra de Guadalupe), donde los sobrevivientes se ocultaban y organizaban un contraataque. Pero la derrota y las pérdidas habían hecho que muchos perdieran la esperanza.
Esa noche, mientras Cuauhtémoc vigilaba a unos soldados españoles cerca del Tepeyac, una luz apareció frente a él.
Era Coatlicue, su madre venerada.
—¿Tleca amo inanmōtequi, nopilhuān?
¿Por qué no pelean, hijos míos?
Cuauhtémoc bajó la mirada.
—Xinechpōpolhui, nantli. Ticcahuazqueh.
Perdónanos, madre. Te hemos fallado.
—Amo ximomauhtican, nopilhuān. ¿Cuix amo nehuātl nican niitztoc, ininnan?
No teman, mis hijos. ¿Acaso no estoy yo aquí, que soy su madre?
—Oc monequi ximotequican. Oc monequi xichōcan ipan in tlālli in nopiltzin ceppa anmechmactili. Ipan in amicnihuān miquizqueh.
Aún tienen que pelear. Aún tienen que luchar por las tierras que mi hijo alguna vez les prometió. Por sus hermanos caídos.
—In tlācah ayacmo quinequi motequi, nantli. Polihuiz in inneltoca...
La gente ya no quiere pelear, madre. Han perdido la fe...
Tonantzin señaló la cima del cerro.
—Xicui in xōchitl tictēmitiz ipan in tepetl. Xicpia ipan in moyātē, auh amo xicahcahua hasta tiāz in ixpan.
Toma las rosas que encontrarás allí. Guárdalas en tu ayate y no las sueltes hasta encontrarte frente a ellos.
Cuauhtémoc obedeció. Al regresar, abrió su ayate y las rosas cayeron al suelo.
Entre ellas apareció la imagen de su madre, plasmada en la tela.
Aquella imagen se convirtió en el estandarte de la resistencia. Los sobrevivientes se dividieron y partieron hacia el norte y el sur en busca de aliados."
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