08/10/2025
En la noche del 8 al 9 de febrero de 1855, tras una nevada profunda en el condado de Devon, Inglaterra, apareció algo insólito: cientos de huellas con forma de pezuña (como de casco dividido) atravesaban tejados, patios, iglesias, muros, vallas… cubriendo distancias de decenas de kilómetros en la nieve virgen.
Las huellas aparecieron en lugares imposibles: sobre techos, cruzando canaletas, entrando en establos, saliendo por chimeneas. Ninguna explicación satisfactoria emergió. Fue bautizado como “Devil’s Footprints” (las huellas del diablo).
Testigos dijeron que no había animales que pudieran hacerlas. Los perros no ladraban. Las huellas empezaban temprano en la madrugada. Por semanas, se repitieron eventos similares. Las autoridades investigaron, pero todo se disipó en rumores y teorías imposibles.
Algunas hipótesis apuntan a animales exóticos escapados, fantasmas agrícolas, influencias demoníacas, o entidades Inter dimensionales burlándose de la realidad misma.