20/10/2025
Ya ni siquiera duele
Antes, el dolor era una presencia constante. Se sentía en el pecho, en los huesos, en la piel. Latia como una herida abierta que no dejaba de sangrar, como una aguja clavada en el fondo del alma. Había noches en que el peso de todo me doblaba, en que la tristeza se convertía en una sombra demasiado pesada para cargar.
Pero ahora, ya ni siquiera duele. No sé cuándo pasó, cuándo el dolor dejó de arder y se convirtió en esta nada absoluta. Es extraño, porque siempre pensé que el alivio vendría con la ausencia de sufrimiento. Pero esto no es alivio, esto es vacio.
Me miro en el espejo y no veo rastros de la angustia que antes se dibujaba en mi rostro. No hay lágrimas, no hay rabia, no hay desesperación. Solo un reflejo impasible, unos ojos que ya no buscan respuestas, una boca que no tiene nada más que decir. La herida sigue ahí, pero ya no escuecc. Y me pregunto qué es peor: sentir el dolor o no sentir nada en absoluto.
Camino por la casa en silencio, toco los objetos que alguna vez me hicieron feliz y no encuentro en ellos ninguna emoción. La música que antes me conmovía ahora es solo ruido de fondo. Los recuerdos han perdido su filo, como fotos viejas que ya no evocan nada más que el paso del tiempo.
Supongo que de eso se trata. Supongo que con el tiempo uno deja de doler, pero también deja de sentir. Que cuando se sobrevive a la tormenta, a veces el precio es este, una calma que no es paz, sino ausencia. Y aquí estoy, sin dolor, sin lágrimas, sin heridas abiertas. Pero también sin nada más.
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