03/05/2026
¿Has escuchado alguna vez cómo se parte tu alma?
Molécula por molécula se parte el corazón; se desgarra a causa del sentimiento. El torrente de la sangre fluye tan veloz para cubrir una herida ficticia, porque lo que se desgarra no es el órgano en sí, sino el alma.
Muchas son las formas de fragmentar el alma, así como muchas son las formas de romper un jarrón de porcelana.
El jarrón se rompe y la esencia se pierde: así funciona ese dolor. Y una de esas maneras de romper el jarrón es a través de la resonancia.
Una vibración que aturde la materia hasta quebrarla. Ahí, análogamente, está el poder de las palabras: son vibraciones que llegan al corazón —al jarrón— cargadas con todas las intenciones de quien las pronuncia, y causan efectos devastadores en quienes las reciben.
No por nada Buda sonreía cuando le escupían en la cara: nunca dejaba que su jarrón se rompiera.
Proteger el jarrón es proteger el corazón. Pero solo lo logra aquel que domina sus emociones y que, sin restricciones, busca seguir adelante; sin duda, como sonreía el Buda.