Relatos de terror García RTG

Relatos de terror García RTG Página oficial desde año 2014 esa página es para historias de terror fue creada el 19 de febrero del año 2014

​Una vez más, nos adentramos en el velo de lo desconocido para explorar las experiencias más auténticas y las situaciones más inquietantes que emanan del más allá

Hacemos exploración paranormales en lugares abandonados.

LA CUEVA DEL TESORO DE GUAYMAS.​En las inmediaciones de Guaymas, donde las imponentes colinas de rocas rojizas se hunden...
12/08/2026

LA CUEVA DEL TESORO DE GUAYMAS.

​En las inmediaciones de Guaymas, donde las imponentes colinas de rocas rojizas se hunden en las aguas azul profundo del Mar de Cortés, existió durante generaciones una leyenda que desvelaba a los hombres más ambiciosos de Sonora. Se hablaba de una cueva oculta entre los acantilados de la bahía, un socavón olvidado desde los tiempos de los piratas y los antiguos misioneros, en cuyo interior se custodiaba una fortuna incalculable: cofres llenos de doblones de oro, barras de plata y joyas que resplandecían en la penumbra.
​Cientos de aventureros, comerciantes adinerados y cazadores de fortunas llegaron a Guaymas con mapas gastados, palas y linternas, desafiando el calor sofocante del desierto y la peligrosidad de las mareas. Sin embargo, todos regresaban con las manos vacías, desgarrados por la maleza o asustados por el extraño eco del viento que retumbaba dentro de las grutas costeras, un silbido que muchos juraban que era la advertencia de los antiguos guardianes del tesoro.
​Mientras la codicia movía a tantos, en las orillas del puerto vivía Mateo, un humilde pescador a quien la vida solo le había concedido manos callosas y un bote de madera destartalado. Mateo no buscaba riquezas; su única preocupación diaria era conseguir lo suficiente para alimentar a su familia y comprar las medicinas que su anciana madre necesitaba. Una tarde de tormenta, cuando las olas amenazaban con destruir su pequeña embarcación, Mateo buscó refugio cerca de los acantilados más inaccesibles del puerto.
​Empujado por el oleaje y con el agua hasta la cintura, el pescador descubrió una grieta disimulada por densos matorrales y rocas desgastadas por el mar. Con dificultad, se deslizó hacia el interior para resguardarse de la furia del viento. Al adentrarse unos pasos, la luz lejana del atardecer filtró un destello dorado entre las sombras. Allí, al fondo de la gruta, yacía el legendario tesoro: baúles carcomidos por la humedad llenos de monedas antiguas que centelleaban bajo el goteo constante del agua subterránea.
​Cualquier otro hombre hubiera gritado de júbilo o llenado sus bolsillos hasta el cansancio, pero Mateo sintió un profundo respeto por el hallazgo. Sabía que la avaricia había destruido la vida de muchos en aquel puerto. Tomó únicamente las monedas estrictamente necesarias para pagar los remedios de su madre y reparar su red de pesca. Antes de salir, juró guardar el secreto y camufló cuidadosamente la entrada con pesadas piedras para que nadie más la encontrara.
​Mateo continuó viviendo con la misma sencillez de siempre, trabajando el mar día a día. Compró las medicinas, curó a su madre y ayudó en silencio a los vecinos más necesitados del puerto. Aquellos que buscaban desesperadamente la fortuna jamás sospecharon que el tesoro más codiciado de Guaymas ya había sido encontrado, no por la codicia de un conquistador, sino por el corazón noble de un hombre pobre que entendió que la verdadera riqueza consiste en saber usarla con prudencia y bondad.

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LEYENDAS DE NUESTRA TIERRA LA MINA DE ORO PERDIDA DE VALLE HERMOSO.​En lo más recóndito de las cordilleras donde la brum...
11/08/2026

LEYENDAS DE NUESTRA TIERRA LA MINA DE ORO PERDIDA DE VALLE HERMOSO.

​En lo más recóndito de las cordilleras donde la bruma abraza las altas cumbres y los arroyos susurran secretos ancestrales, se alza el legendario paraje conocido como Valle Hermoso. Aunque hoy en día su belleza natural cautiva a cualquier viajero, los abuelos del lugar guardan en sus memorias un relato que ha pasado de generación en generación: la trágica y fascinante historia de la mina de oro perdida.
​Cuentan los antiguos pobladores que, durante los años dorados de la bonanza minera, un grupo de gambusinos intrépidos se adentró en las entrañas de los cerros que circundan el valle. Guiados únicamente por corazonadas y por el brillo tenue que a veces reflejaban las paredes de roca viva bajo la luz de la luna, excavaron incansablemente día y noche.
​Un atardecer, tras golpear con fuerza una pared especialmente dura, el sonido metálico cambió de tono. Al remover los escombros, los mineros quedaron petrificados: ante sus ojos se abría una veta prodigiosa, un filón tan rico y puro que parecía una ofrenda directa de las entrañas de la tierra. Las pepitas y los bloques de oro puro resplandecían en la oscuridad, prometiendo riquezas capaces de comprar reinos enteros.
​La ambición, sin embargo, suele ser mala consejera. En cuanto el grupo logró extraer una cantidad descomunal del metal precioso, la codicia sembró la discordia entre los hombres. Quienes habían sido hermanos de fatigas y compañeros inseparables comenzaron a disputarse el tesoro con miradas recelosas y palabras encendidas. La discusión escaló rápidamente hasta convertirse en una pelea campal en las inmediaciones del socavón.
​Mientras forcejeaban cegados por la avaricia en la ágil y empinada cornisa, nadie advirtió el peligro. En medio del tumulto, el contenedor principal que guardaba las mayores piezas de oro resbaló por la pendiente. Los hombres intentaron atraparlo, pero fue inútil; el pesado tesoro rodó colina abajo, hundiéndose en un profundo abismo boscoso hasta desaparecer en el cauce oculto de un torrente subterráneo.
​Desesperados por su infortunio, los mineros descendieron para buscarlo, pero una densa neblina cayó de repente sobre la sierra, borrando los senderos y ocultando para siempre la entrada de la mina. Jamás volvieron a encontrar el oro, y el paraje pareció esfumarse de los mapas humanos.
​Desde entonces, se dice que la montaña protege celosamente su secreto. Los lugareños aseguran que en las noches serenas, cuando el viento sopla fuerte entre los riscos de Valle Hermoso, aún se escuchan los ecos lejanos de aquellos hombres discutiendo en la oscuridad, y que el oro sigue allí, parpadeando bajo la tierra, esperando a que alguien de corazón noble —y no cegado por la codicia— logre descubrirlo de nuevo.





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La leyenda del Hotel Pasada del Sol y la Novia de Ciudad Valles.​En el corazón de Ciudad Valles, San Luis Potosí, se enc...
10/08/2026

La leyenda del Hotel Pasada del Sol y la Novia de Ciudad Valles.

​En el corazón de Ciudad Valles, San Luis Potosí, se encuentra una de las historias de terror reales más documentadas y conocidas por los vallenses: los sucesos trágicos ocurridos a mediados del siglo XX en las inmediaciones del antiguo Hotel Posada del Sol (ubicado cerca de la zona centro y la carretera federal).
​A finales de la década de 1960, una joven oriunda de la Huasteca Potosina estaba a punto de contraer matrimonio. La noche previa a la boda, la pareja se hospedó en el hotel tras una discusión acalorada. Horas más tarde, las autoridades locales y los cuerpos de auxilio fueron alertados por los huéspedes tras escuchar gritos desesperados.
​Al ingresar a la habitación, la policía encontró una escena trágica: la joven había perdido la vida violentamente a manos de su prometido tras un brote de celos. El asesino huyó del lugar esa misma noche, internándose en la vegetación de la Huasteca, y aunque se montó un operativo policial registrado en los periódicos locales de la época, nunca fue localizado.
​A partir de ese hecho sangriento, los trabajadores del hotel y comerciantes de la zona comenzaron a reportar fenómenos inexplicables:
​Apariciones en la carretera: Conductores y taxistas que transitan de madrugada por la entrada a Ciudad Valles afirman ver a una mujer vestida de blanco con un velo manchado pidiendo raite a la orilla del camino. Los testimonios coinciden en que la figura sube al asiento trasero y desaparece metros más adelante, cerca del antiguo inmueble.
​Llanto en las habitaciones: Exempleados del hotel contaron durante años que en la habitación donde ocurrió el crimen la temperatura descendía drásticamente y se escuchaban sollozos de mujer a las 3:00 AM, razón por la cual muchas personas rechazaban alojarse en ese cuarto.
​Con el paso de las décadas, el recinto cambió de administración y sufrió modificaciones, pero la historia de la "Novia de Valles" quedó asentada en el folclor y la nota roja histórica de la ciudad como uno de los episodios trágicos más impactantes de la región.


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09/08/2026

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El Fuego en la Sierra: Las Brujas del Abra Tanchipa.​En las afueras de Ciudad Valles, donde la llanura urbana se interru...
09/08/2026

El Fuego en la Sierra: Las Brujas del Abra Tanchipa.

​En las afueras de Ciudad Valles, donde la llanura urbana se interrumpe abruptamente para dar paso a las elevaciones protegidas de la Reserva de la Biosfera Sierra del Abra Tanchipa, la noche adquiere una densidad distinta. En esta región de la Huasteca Potosina, cuando los caminos de terracería quedan desiertos y la vegetación de la sierra parece cerrar filas contra el cielo estrellado, los pobladores de los ejidos cercanos prefieren no mirar fijamente hacia las cumbres. Saben que en las alturas de la cordillera habitan fuerzas antiguas que no pertenecen al mundo de los vivos.
​Don Ramiro, un veterano cazador de la región que conocía cada sendero y quebrada de la sierra como la palma de su mano, solía adentrarse en el monte durante las madrugadas en busca de presas. No le temía al calor, a las víboras ni a la oscuridad. Sin embargo, una noche de octubre, en vísperas de las fechas de mu***os, presenció algo que le cambiaría la vida para siempre.
​Eran cerca de las tres de la mañana cuando Ramiro avanzaba sigilosamente por la falda de un cerro escarpado. La noche transcurría en total aparente calma, hasta que un resplandor anaranjado captó su atención en una cresta lejana. Al levantar la mirada, vio una esfera de fuego de un tamaño desproporcionado que flotaba suspendida en el aire. Instantes después, la luz descendió a gran velocidad hacia el suelo antes de rebotar y salir disparada hacia una cumbre vecina, desafiando cualquier ley de la física. No era una antorcha ni un incendio forestal; el fuego se movía con voluntad propia, danzando en la penumbra.
​Llevado por una mezcla de curiosidad e imprudencia, el cazador decidió acercarse con cautela hacia la hondonada por donde la luz parecía haberse posado. Tras media hora de caminata entre la espesura y las rocas filosas, llegó a un claro cerca de una vieja estructura abandonada de piedra. Oculto tras un denso matorral de huizaches, Ramiro observó una escena de la que pocos logran hablar: tres figuras humanas con vestidos oscuros y raídos realizaban cánticos en una lengua extraña ygutural alrededor de una pequeña pira de brazas.
​El aire se volvió pesado, saturado de un penetrante olor a azufre y humedad estancada. Con horror, el hombre vio cómo las mujeres se retiraban prendas y piel mediante frotaciones y murmullos rituales, dejando al descubierto siluetas oscuras e indefinidas. En un instante de sobrecogimiento total, las tres figuras se transformaron de nuevo en brillantes bolas de fuego que elevaron el vuelo hacia el cielo nocturno, dejando tras de sí un rastro de chispas verdes y un silbido agudo que hizo retumbar las rocas del lugar.
​El impacto paralizó a Ramiro. Sintió que el frío le calaba los huesos a pesar del calor sofocante de la sierra. Presa del pánico, tropezó con una rama seca, haciendo un ruido seco en medio del silencio. A lo lejos, una de las luces pareció detener su trayecto en el aire y girar bruscamente en su dirección.
​Sin esperar a comprobar si había sido descubierto, Ramiro arrojó su escopeta y corrió desenfrenadamente cerro abajo, rasgándose la ropa con los espinos y tropezando con las piedras hasta alcanzar el límite del ejido. Llegó a su hogar pálido, temblando y desorientado. Esa misma mañana cayó en una fiebre ardiente que duró tres días, durante los cuales solo deliraba sobre luces que volaban en círculos alrededor de su cama.
​Aunque logró recuperarse, Don Ramiro jamás volvió a internarse en la Sierra del Abra Tanchipa de noche. Hasta el día de hoy, los habitantes de las comunidades cercanas a la reserva advierten a los viajeros y cazadores que, si durante la madrugada llegan a divisar bolas de fuego saltando entre los cerros de Valles, lo mejor es agachar la cabeza y seguir de largo, pues las brujas de la sierra no toleran a los testigos de sus ritos ancestrales.


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Los Duendes de los Cañaverales: El Chaneque de la Colonia Hidalgo.​En Ciudad Valles, donde los campos de caña de azúcar ...
08/08/2026

Los Duendes de los Cañaverales: El Chaneque de la Colonia Hidalgo.

​En Ciudad Valles, donde los campos de caña de azúcar se extienden hasta perderse de vista bajo la sombra de la sierra, existen historias que la gente prefiere contar con voz baja cuando el sol empieza a ocultarse. La Colonia Hidalgo, una de las zonas más antiguas y ligadas al trabajo de la zafra, es famosa entre los vallenses no solo por sus frondosos árboles y su cercanía a los antiguos caminos de terracería, sino por ser el territorio preferido de los chaneques, aquellos espíritus guardianes del monte que disfrutan gastando bromas pesadas a los desprevenidos.
​Don Ismael, un veterano cortador de caña, recuerda perfectamente la noche en que aprendió a respetar a estas criaturas. Corría el mes de marzo, época de intensa actividad en los campos. Tras una larga y agotadora jornada de trabajo que se prolongó hasta casi la medianoche, Ismael decidió regresar a pie hacia su hogar en la Colonia Hidalgo. Caminaba a paso firme por un estrecho sendero flanqueado por densos cañaverales que susurraban con el mecer de la brisa nocturna. El calor seguía apretando y el ambiente olía a tierra seca y jugo dulce de caña.
​Llevaba apenas diez minutos de recorrido cuando escuchó un crujido entre las varas de caña a su derecha. Pensó que se trataba de algún perro callejero o un animal del monte, así que aceleró el paso sin prestarle mayor importancia. Sin embargo, unos metros adelante, una risa infantil, aguda y burlona, resonó en el aire. Ismael se detuvo en seco y alumbró hacia la vegetación con su pequeña linterna de mano. El haz de luz solo reveló hojas secas y sombras alargadas.
​Tratando de calmar sus nervios, continuó su camino, pero el trayecto pronto se volvió extraño. Por más que avanzaba, el sendero parecía alargarse indefinidamente; los mismos árboles y pedregales volvían a aparecer una y otra vez ante sus ojos. De pronto, una pequeña piedra le golpeó la espalda, seguida de otra que impactó cerca de sus pies. Al voltear rápidamente, la luz de su linterna captó una silueta diminuta parada a mitad del camino.
​No medía más de un metro de altura. Vestía ropas desgastadas y llevaba un sombrero de palma demasiado grande para su tamaño. Lo más perturbador no era su estatura, sino su rostro: arrugado como el de un anciano centenario, pero con unos ojos oscuros que brillaban con una malicia infantil. La criatura le sonrió mostrando unos dientes afilados antes de dar un salto increíblemente ágil y desaparecer entre los cañaverales.
​Ismael sintió que el aire se le escapaba del pecho. Intentó correr, pero sus pies pesaban como si estuvieran enterrados en el lodo. Comprendió de inmediato que el chaneque le había "encantado" el camino para hacerlo perder la razón y llevarlo al interior del monte. Recordando los viejos saberes de los ancianos huastecos, se quitó la camisa a toda prisa, la volteó al revés y se la volvió a poner, mientras pronunciaba en voz alta una oración de protección.
​En ese mismo instante, el aire frío de la sierra pareció romper el hechizo. El follaje dejó de moverse, las risas cesaron y las luces de las primeras casas de la Colonia Hidalgo aparecieron a solo unos pocos metros de distancia. Ismael corrió sin mirar atrás hasta llegar al umbral de su casa.
​Hasta el día de hoy, los vecinos de la Colonia Hidalgo aconsejan a cualquiera que deba cruzar cerca de los cañaverales durante la madrugada llevar consigo algún amuleto o saber cómo voltearse la ropa, pues los chaneques siguen vigilando sus dominios, listos para extraviar a todo aquel que camine solo en la oscuridad.




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El Eco Eterno sobre las Aguas del Jalpilla.​En el corazón de la Huasteca Potosina, el calor sofocante de Ciudad Valles n...
07/08/2026

El Eco Eterno sobre las Aguas del Jalpilla.

​En el corazón de la Huasteca Potosina, el calor sofocante de Ciudad Valles no da tregua ni cuando el sol se oculta en el horizonte. Las noches suelen ser pesadas, cargadas de una humedad densa que obliga a las familias a mantener puertas y ventanas abiertas, acompañadas únicamente por el canto incesante de las chicharras y el murmullo constante de los caudales. Sin embargo, a las orillas del río Jalpilla, cuando la madrugada se vuelve espesa y la brisa sopla con un frío unnatural, la naturaleza guarda un silencio sepulcral. Quienes conocen la zona saben perfectamente que ese silencio es la advertencia de que una presencia antigua y atormentada camina entre las sombras de la vegetación.
​Don Faustino, un anciano que dedicó más de cuarenta años a la pesca nocturna en las inmediaciones del Jalpilla, contaba que en su juventud jamás creyó en los relatos de los viejos del pueblo. Para él, las historias sobre espectros no eran más que invenciones para espantar a los curiosos o a los borrachos que trasnochaban cerca del agua. Pero una noche de mayo, bajo la luz de una luna llena que pintaba el río como una franja de plata luminosa, aprendió la verdad de la forma más aterradora.
​Eran cerca de las dos de la mañana cuando Faustino caminaba despacio por la ribera, ajustando su red y atento a cualquier movimiento en la corriente. La noche transcurría en total calma, hasta que de pronto, un silencio repentino ahogó por completo el ruido del monte. El aire se volvió helado, tan frío que el aliento del pescador comenzó a condensarse en pequeñas vaporadas. Fue en ese instante cuando se escuchó: un suspiro desgarrador, un lamento lleno de agonía que pareció nacer directamente de las entrañas de la corriente.
​No era un grito estruendoso, sino un llanto aflictivo que se metía por los oídos y retumbaba en el pecho de quien lo escuchaba. “¡Ay, mis hijos!”, resonó en la penumbra. Faustino quedó paralizado. Al levantar la mirada hacia la otra orilla, vio entre los carrizales la figura de una mujer vestida con un huipil blanco desgarrado y cubierto de lodo. Su largo cabello negro flotaba en el aire como si estuviera sumergido en agua, y caminaba sobre la orilla sin tocar jamás la tierra.
​El terror dominó al hombre. Intentó dar un paso atrás para huir, pero sus piernas no respondían; la voz de la mujer distorsionaba todos sus sentidos y hacía que el camino conocido pareciera un abismo sin salida. La figura comenzó a flotar sobre la superficie del río, cruzando hacia él. Faustino, recordando las viejas enseñanzas de sus abuelos, cayó de rodillas, cerró los ojos y se aferró a una pequeña cruz de madera, rezando con todas sus fuerzas.
​Sintió una ráfaga helada con olor a humedad y cieno pasar justo encima de su cabeza. El lamento vibró en sus oídos una última vez antes de empezar a alejarse lentamente, perdiéndose cauce abajo hacia la oscuridad de la sierra. Al abrir los ojos, el sonido de los insectos había regresado. Faustino corrió sin mirar atrás, dejando sus redes olvidadas. Desde esa noche, jamás volvió a acercarse al río Jalpilla en la oscuridad.
​En Ciudad Valles se sabe bien que la Llorona no solo busca a los hijos que la corriente le arrebató, sino que aguarda en las orillas para arrastrar a las profundidades a todo aquel que desafíe el silencio de la noche.

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Castillo bajo la Luna de Sangre.Una imponente luna de sangre domina el cielo nocturno, iluminando un majestuoso paisaje ...
06/08/2026

Castillo bajo la Luna de Sangre.

Una imponente luna de sangre domina el cielo nocturno, iluminando un majestuoso paisaje de montañas nevadas y un valle envuelto por la niebla. Un antiguo castillo de piedra, situado sobre un afloramiento rocoso, emite una cálida luz desde sus ventanas, creando un marcado contraste con el frío ambiente de la noche. Un camino empedrado guía la mirada hacia la fortaleza, evocando la sensación de un viaje hacia un lugar lleno de misterio y secretos.
En la esquina inferior derecha se aprecia, como marca de agua, el logotipo "Relatos de Terror García", reforzando la atmósfera oscura y sobrenatural de la escena, ideal para ilustrar una historia de terror, fantasía gótica o leyendas antiguas



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