14/10/2025
Informe especial: el duelo invisible de la infancia.
En Honduras, la infancia muere con titulares. No por una guerra, sino por algo más cruel: la indiferencia
Entre septiembre y octubre, al menos 17 niñas y niños fallecieron por causas evitables: incendios, atropellamientos, negligencia y abusos. Cada caso revela una misma verdad: la niñez no es una prioridad en nuestra sociedad.
Detrás de cada niña y niño hay una madre que corre de turno en turno, una abuela cansada, una hermana que asume el rol de adulta antes de tiempo. En este país, la supervivencia sigue siendo trabajo femenino no remunerado.
Aproximadamente el 60% de las mujeres que cuidan y crían están haciéndolo solas, sin redes de apoyo y con la carencia de trabajos mal pagos sin derechos laborales. ¿quién puede permitirse cuidar o trabajar sin sentir algo de culpa? Madres sobrecargadas se traduce en infancias vulnerables.
“No es que las madres no queramos cuidar, es que el sistema no nos deja. Nos empuja al límite.” Me dijo una amiga que recién tuvo a su bebé.
Madres al límite
En nuestros barrios, las historias de mujeres que dejan a sus hijas e hijos porque necesitan ir a ganarse un salario, es normal que veamos a vecinas ‘echándole un ojo a los cipotes’. Pero realmente, ¿hay empatía...?
Mujeres solas, sin redes de apoyo ni horarios dignos; comunidades sin espacios seguros; una sociedad que, demasiadas veces, llega tarde o no llega. Muerte en las calles: la deuda de todos
En el tránsito hondureño, la niñez también muere. Entre septiembre y octubre, once menores perdieron la vida en accidentes viales, según reportes de medios nacionales.
En muchos barrios, las calles siguen siendo espacios hostiles: sin aceras, sin pasos peatonales, sin vigilancia comunitaria.
A veces no es solo falta de infraestructura, sino de conciencia colectiva: manejar con prisa, sin pensar que puede cruzar un niño, también es una forma de descuido.
Cada atropello infantil combina pobreza, descuido social y falta de empatía.
Algunos psicólogos sociales hablan de “normalización del duelo infantil”: una sociedad anestesiada por la repetición de crueldad, la producción masiva de noticias y su abordaje inhumano.
El duelo no solo se expresa en las lágrimas. También se manifiesta en agotamiento moral, el aumento de desconfianza en el futuro y la ruptura del tejido comunitario. La infancia en Honduras, es una promesa que no se cumple.
La justicia del cuidado es una deuda con la vida.
La crisis de la mortalidad infantil no puede seguir leyéndose como crónicas trágicas. Nos pone en la cara las desigualdades estructurales, las mujeres criamos solas, sin redes de apoyo, ni horarios dignos, en las comunidades no es prioridad un centro de cuidados infantil o mejorar la infraestructura peatonal para que las niñas y niños lleguen a la escuela, una enorme carencia de espacios seguros para jugar.
Cuidar como acto político
La justicia del cuidado debe esta como un punto innegociable en los debates de desarrollo comunitario. Ir más allá de un aparato, entender que es urgente cambiar de paradigma.
Desde mi propia maternidad
Siento que cada infancia que muere de forma evitable deja más miedo y más soledad. Significa que una madre vivirá la culpa, el dolor y el desanimo de perder la ternura en la mirada de sus criaturas.
Tengo miedo.
frecuentemente me juzgan porque “sobre protejo” o dicen que “me preocupo demasiado” y aun así siempre creo que no hago lo suficiente.
A ninguna madre – por muy difícil que sea su historia- la hace vivir en paz que sus hijos enfrenten peligros para poder estudiar, jugar o desarrollarse. Esa zozobra cotidiana no es amor: es sobrevivencia en un país que no cuida y que además culpa a las madres compulsivamente.
Hoy no busco más que drenar, estoy movilizada con todas las cosas que le han ocurrido a niñas y niños, incluso a los míos. Cada niño y niña que se nos muere pudiendo evitarlo, es un fracaso colectivo. Cada madre que carga sola ese duelo, una evidencia de la deuda que tenemos como país para cuidar.
Que el duelo jamás sea una rutina
Que el cuidado sea ley, no sacrificio.
Si cuidar es resistir, que resistir sea un acto de amor político