10/08/2026
¿Sabías que en una calle del Barrio Abajo
se levantó un edificio donde se reunieron
algunos de los hombres más influyentes
de la historia de Honduras…
en completo secreto?
Aquí no solo hay piedra.
Aquí hay poder, ideas
y silencio.
Estamos en Tegucigalpa,
Barrio Abajo,
Calle Morelos,
entre la avenida Las Delicias
y la avenida Paulino Valladares.
Un punto que muchos pasan de largo,
pero que guarda una de las historias
más intrigantes de la capital.
En 1910, este edificio
no era de piedra.
Era de madera.
Pero en noviembre de 1913
comenzó una transformación definitiva.
Se inicia la construcción
de un edificio sólido,
fuerte,
pensado para durar siglos.
En enero de 1915,
la obra se concluye
y se inaugura oficialmente
como la Logia Masónica Igualdad Nº 1.
La construcción es completamente de piedra,
una rareza incluso para su época.
Una obra que hoy forma parte
de los grandes tesoros arquitectónicos
de Tegucigalpa.
En su edificación participaron
los arquitectos italianos
Alessandro Arrighu
y José Rigamonti,
junto al hondureño
Miguel Turcios Reina,
quien también participó
en la construcción
de la Ermita de Suyapa.
El costo aproximado fue de
32,886.77 pesos plata.
Una inversión enorme
para su tiempo.
La Logia Masónica
“Terencio Sierra”
cuenta con varios salones.
Pero hay uno en especial…
En la segunda planta
se encuentra el gran salón de ceremonias.
Un espacio reservado
exclusivamente
para los miembros de la masonería.
Un lugar donde las puertas
no se abrían para cualquiera
y donde las decisiones
no se anunciaban en voz alta.
El nombre no es casualidad.
La logia lleva el nombre
de Terencio Sierra,
presidente de Honduras
hasta 1902.
Masón declarado,
fue uno de los principales impulsores
para que esta construcción
pudiera realizarse.
Aquí, política, pensamiento
y poder
se encontraban bajo un mismo techo.
La historia cuenta
que grandes hombres
se reunieron en completo secreto.
Nombres que marcaron Centroamérica:
Francisco Morazán,
José Trinidad Cabañas,
Dionisio de Herrera.
Hombres que no solo gobernaron,
sino que soñaron
una región unida
por ideas, educación
y libertad.
Incluso José Martí
hizo referencia
a ese legado.
Dijo:
“Y la sombra de Morazán,
incrustando en su espada triunfante
las cinco repúblicas
de la América del Centro”.
No era solo una logia.
Era una escuela de pensamiento.
La Escuela Centroamericana.
Este edificio no está solo.
Forma parte de una Tegucigalpa
que a finales del siglo XIX
y principios del XX
se llenó de obras emblemáticas.
Como el antiguo Hospital General,
construido en 1882,
que luego fue Palacio de los Ministerios
y hoy es el
Museo de la Identidad Nacional.
O la Escuela de Artes y Oficios,
levantada en 1885,
donde se formaron ebanistas,
tallistas, pintores y carpinteros
que dieron forma
al arte hondureño.
Hoy, entre el ruido,
los vendedores ambulantes
y el paso apresurado,
estos edificios parecen invisibles.
Pero siguen ahí.
Observando.
Guardando historias
que pocos conocen.
La Logia Masónica Igualdad Nº 1
no es solo un edificio antiguo.
Es un testigo de ideas,
de poder,
y de una Tegucigalpa
que pensaba en grande.
Te saluda Leonel Euceda.
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