31/03/2026
¿Alguna vez lograste algo importante y lo primero que pensaste fue: “Seguro fue suerte”, “Me eligieron de casualidad”, “Si se enteran de lo poco que sé, se van a dar cuenta”?
Si te pasó, no estás solo: eso tiene nombre, y se llama síndrome del impostor. Lo describieron dos psicólogas, Pauline Clance y Suzanne Imes, allá por 1978, cuando notaron que muchísimas personas exitosas, en lugar de disfrutar sus logros, los vivían con miedo a ser “descubiertos”.
Lo curioso es que no desaparece con el éxito: a veces, cuanto más lográs, más sube la vara… y más dudás.
Te premiaron, pero pensás que fue un error.
Te ascendieron, pero creés que no lo merecés.
Y esa vocecita se repite, como un eco incómodo.
Estás siempre esperando que se abra la puerta, y alguien diga:
“¡es un farsante!”
Buenas y malas noticias:
* Le pasa a muchos. No sos un bicho raro: la mayoría de las personas talentosas lo atraviesan en algún momento.
Probá esto (simple, pero potente):
* Nombralo: “esto es el impostor hablando, no un hecho”.
* Buscá evidencia: ¿qué hice concretamente para estar acá?
* No discutas la emoción, pero tampoco la obedezcas.
El impostor no es un enemigo a vencer: es una voz vieja, un eco.
No se trata de callarla, sino de darle un lugar más chico.
No te olvides:
Tal vez dudás de vos… pero el mundo sigue apostando por vos.
¿Quién tendrá razón?
Si sentís que tus emociones te manejan más de lo que te gustaría, te espero en las páginas de mi nuevo libro, Botiquín de Emociones, para entender y cuidar lo que nadie ve: lo que sentimos.
Los espero ahí!
Un abrazo,
Laura.