31/03/2026
Capítulo 6: Lo que ya no podían fingir
Nathalie no se fue.
Y eso, por sí solo, ya cambiaba las reglas.
Adrián la observó en silencio.
Como si quisiera entender qué demonios estaba haciendo todavía ahí.
—Pensé que esta vez también ibas a desaparecer —dijo él.
Nathalie sostuvo su mirada.
—Pensé que esta vez no ibas a preguntarlo.
Una media sonrisa apareció en sus labios.
Pequeña.
Peligrosa.
—No respondes nada fácil.
—Y tú no sueltas nada gratis.
Silencio.
El tipo de silencio que ya empezaba a sentirse demasiado personal.
Demasiado íntimo.
Demasiado cerca.
Adrián dio un paso hacia ella.
Solo uno.
Pero bastó para que el aire entre ambos cambiara.
—Entonces dime algo que sí sea verdad —murmuró.
Nathalie no retrocedió.
Ni un centímetro.
—¿Sobre qué?
Él la miró fijo.
A los ojos.
Luego a los labios.
Y de nuevo a los ojos.
—Sobre por qué sigues viniendo.
Esa vez…
Ella no respondió de inmediato.
Y eso fue peor que cualquier mentira.
Porque Adrián lo vio.
Vio la duda.
La grieta.
La parte de ella que ya no estaba tan segura de nada.
—Ahí está otra vez —dijo él en voz baja.
—¿Qué cosa?
—Esa pausa.
Nathalie apretó la mandíbula.
—Te gusta demasiado creerte que me lees.
—No —dijo él, acercándose un poco más—. Lo que me gusta… es cuando te quedas sin respuestas.
Eso la tocó.
Más de lo que quería mostrar.
—No me conoces tanto como crees.
—No. Pero cada vez menos me importa lo que intentas ocultar.
Ella soltó una risa breve.
Sin humor.
—Eso suena a mala idea.
—Lo es.
Silencio.
Otra vez.
Y esta vez ninguno de los dos parecía querer romperlo.
El ruido del club se volvió lejano.
La música, un eco.
Las luces, apenas sombras.
Todo se había reducido a ese rincón.
A esa distancia ridícula entre ellos.
A esa tensión que ya no se podía disimular.
Adrián bajó la voz.
—Dime que no has vuelto por mí.
Nathalie lo miró.
Y por primera vez…
No tuvo una respuesta rápida.
No tuvo ironía.
No tuvo máscara.
Solo respiró.
Lento.
Como si esa simple frase la hubiera desarmado más de la cuenta.
—No deberías hacerme ese tipo de preguntas —murmuró al fin.
—¿Por qué?
Ella levantó apenas la barbilla.
—Porque puede que no te guste la respuesta.
Adrián no sonrió.
Pero sus ojos se oscurecieron.
—Últimamente… nada de ti me deja indiferente.
Y ahí.
Ahí fue donde todo se tensó de verdad.
Porque Nathalie sintió el golpe de esas palabras como si él le hubiera rozado la piel.
No era juego.
Ya no.
No del todo.
Y eso era exactamente lo que empezaba a dar miedo.
—No compliques esto más —dijo ella, en voz más baja.
—Tú entraste aquí a complicarlo.
—No vine para esto.
Adrián la observó unos segundos.
Serio.
Demasiado serio.
—Lo sé.
Esa respuesta la descolocó.
—¿Lo sabes?
—Sí.
Silencio.
—Y aun así… —continuó él— aquí estás.
Nathalie tragó saliva.
Pequeño gesto.
Mínimo.
Pero él lo vio.
Como lo veía todo en ella.
—No me mires así —dijo ella.
—¿Así cómo?
La respuesta tardó demasiado.
—Como si ya supieras demasiado.
Adrián se inclinó apenas hacia ella.
Su voz, ahora, era casi un susurro.
—Lo único que sé… es que si sigues viniendo, en algún momento vas a dejar de mentirme.
Nathalie sostuvo su mirada.
Y por un segundo…
Solo por uno…
Sus labios quedaron demasiado cerca.
Demasiado.
Tanto que el aire entre ellos dejó de existir.
Ninguno se movió.
Ninguno retrocedió.
Ninguno habló.
Pero entonces…
—Jefe.
La voz llegó desde atrás.
Seca.
Molesta.
Cortando el momento como una cuchilla.
Adrián no apartó la mirada de Nathalie al principio.
Pero terminó girando.
Marco.
Otra vez.
Mirándolos con una expresión que ya no ocultaba nada.
Desconfianza.
Y algo más.
Advertencia.
—Tenemos que hablar —dijo.
Adrián tardó un segundo en responder.
—Ahora no.
Marco miró directamente a Nathalie.
—Creo que sí.
El ambiente cambió al instante.
La tensión ya no era solo entre dos.
Ahora había algo más.
Algo peor.
Algo que empezaba a romper el equilibrio.
Nathalie dio un paso atrás.
Muy leve.
Pero suficiente para sentirlo.
Marco no le quitó los ojos de encima.
—No sé quién eres —dijo finalmente—, pero no me gustas en este lugar.
Ella sonrió despacio.
Con frialdad.
—No vine para gustarte.
Marco no devolvió la sonrisa.
—Eso ya lo imaginaba.
Adrián se tensó apenas.
—Basta.
Pero ya era tarde.
Porque Marco seguía mirando a Nathalie como si ya hubiera decidido algo.
Y Nathalie lo estaba mirando igual.
Como si entendiera que el verdadero problema…
No era Adrián.
Todavía no.
nathalie tome