04/08/2026
NIÑA QUE DOBLABA EL LLANTO
Para quienes aprendieron a no dar trabajo
y todavía ensayan cómo dejarse querer.
Me envolví yo sola, con celo en el pelo,
para no hacer ruido ni manchar el suelo.
Doblé la rabieta, guardé la pataleta,
dejé el miedo quieto detrás de la etiqueta.
"Qué niña tan buena" —decían—, qué encanto.
Yo hacía una esquina, escondía allí el llanto.
Me peinaba el susto, me abrochaba el pecho;
dormía la pena por el lado derecho.
Te guardo la miga, te aparto la espina,
te dejo la taza donde el frío termina.
Pero si una noche se me deshace el nido,
no tires del lazo: acércame tu oído.
Cuando me veas seria, subida de puntillas,
bájame con tu abrazo al hueco de tus costillas.
No me arregles el lazo ni me alises la falda.
Pon la mano despacio, despacio, en mi espalda.
Entonces, sin lazo, sin susto, sin prisa,
te dejo mi frente; tú cuídame la risa.
Eso era el regalo, pequeño e infinito
aprender en tus brazos a estar sin permiso.
Si alguna vez doblaste el llanto para no dar trabajo, deja un corazón para que esa niña sepa que la viste.
Guarda estos versos para cuando vuelva a ponerse de puntillas y compártelos con quien te enseñó que también se puede descansar en unos brazos.
Loana Leona ~