10/09/2026
𝑳𝒐𝒔 𝒂𝒛𝒖𝒍𝒆𝒋𝒐𝒔 𝒅𝒆 𝑨𝒕𝒐𝒄𝒉𝒂: 𝒖𝒏𝒂 𝒗𝒆𝒏𝒕𝒂𝒏𝒂 𝒂 𝒍𝒂 𝒊𝒏𝒂𝒖𝒈𝒖𝒓𝒂𝒄𝒊𝒐́𝒏 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝑩𝒂𝒔𝒊́𝒍𝒊𝒄𝒂 𝒂𝒄𝒕𝒖𝒂𝒍
En el vestíbulo de la entrada lateral de la Basílica de Ntra. Sra. de Atocha, en el acceso correspondiente a la calle de Julián Gayarre, se conserva un enorme panel cerámico fechado en 1951, compuesto por 280 azulejos pintados a mano.
En el centro se encuentra representado el conjunto de Atocha, con la recién estrenada basílica, reconstruida entre 1946 y 1951 sobre los restos del templo anterior, destruido durante la Guerra Civil. Aparecen también en la composición el Campanile, el jardín principal, las escalinatas y el arbolado de la época, ofreciendo una interesante visión del templo y de su entorno en el Madrid de mediados del siglo XX.
A la derecha, dominando la composición, destaca la Virgen de Atocha de perfil, representada con unos trazos angulosos y de carácter contemporáneo. Se muestra sin corona, con el Niño sobre sus rodillas, dentro de una gran mandorla de nubes que simulan el cielo.
Alrededor de la figura se despliega un resplandor de rayos dorados que la separa visualmente del paisaje y le confiere una gran fuerza simbólica: la Virgen parece convertirse en el sol que ilumina y contempla la escena, proyectando su presencia sobre todo el conjunto de Atocha.
En la parte inferior izquierda, bajo la corona real, aparecen las armas reales y un emblema de la Orden de Predicadores, cuyo centro incorpora las letras A y M, por "Ave María". La composición recuerda así la historia de Atocha, vinculada desde hace siglos tanto a la Monarquía española como a la Orden de Predicadores. Una cinta situada en la parte inferior identifica el lugar: "REAL BASÍLICA de Ntra. Sra. de ATOCHA" — MADRID» 1951
𝑬𝒍 𝒂𝒖𝒕𝒐𝒓: 𝒖𝒏 𝒅𝒐𝒎𝒊𝒏𝒊𝒄𝒐 𝒓𝒆𝒔𝒊𝒅𝒆𝒏𝒕𝒆 𝒆𝒏 𝒆𝒍 𝒑𝒓𝒐𝒑𝒊𝒐 𝒄𝒐𝒏𝒗𝒆𝒏𝒕𝒐 𝒅𝒆 𝑨𝒕𝒐𝒄𝒉𝒂
El panel adquiere todavía mayor interés cuando conocemos a su autor y al extraordinario personaje que se encuentra detrás de esta obra: fray Pedro Berceruelo O.P, de la orden de los Dominicos
Nacido en Bercero (Valladolid) el 23 de noviembre de 1920, fray Pedro fue hermano cooperador dominico, licenciado en Bellas Artes en Madrid y diplomado en cerámica. Trabajó sobre todo la acuarela, con la que representó numerosos paisajes urbanos. Sus obras son un valioso testimonio de calles, edificios, rincones y perspectivas de distintos lugares, captados con una sensibilidad muy particular.
Su relación con Nuestra Señora de Atocha fue especialmente estrecha. Allí residió durante muchos años y tuvo su estudio de pintura y un horno para sus trabajos cerámicos en el propio convento, desarrollando en él buena parte de su actividad artística y profesional.
Su obra se encuentra en distintos conventos dominicos —entre ellos Villava, La Coruña, Bilbao, León, Roma y Atocha—, además de numerosas colecciones particulares. También expuso y vendió sus trabajos en galerías madrileñas como Verona, en la calle San Bernardo, y la Sala Macarrón.
La vida de Berceruelo estuvo marcada por una gran dedicación religiosa y artística. Afectado de sordera desde la infancia, fue descrito como un hombre reservado, contenido y muy volcado en su mundo interior. Encontró en el arte una forma de expresión inseparable de su vocación religiosa.
Murió en el Convento de Nuestra Señora de Atocha en 1994, después de haber pasado allí buena parte de su vida y de haber dejado plasmada para la posteridad una verdadera estampa de aquel Madrid de 1951.
Hoy sus azulejos siguen dándonos la bienvenida a Atocha y nos permiten detener la mirada en aquel año en que la actual basílica volvió a abrir sus puertas a los fieles tras su reconstrucción.