03/09/2026
No, este post no va de uñas. Va de humanidad. De realidad. 🤍
Porque en estas fotos te hago un pequeño resumen de lo que han sido julio y agosto.
Julio fue un antes y un después en mi vida. Estaba atravesando una crisis que llevaba demasiado tiempo sosteniendo, sin saber muy bien hacia dónde ir.
Y no, no hablo de relaciones personales. Hablo de relaciones laborales.
De una parte de mí que deseaba seguir con todo, como si nada hubiera cambiado en estos últimos casi cinco años. Como si pudiera continuar haciendo las cosas de la misma manera, manteniendo la misma vida, el mismo ritmo y la misma versión de mí.
Pero en cinco años ha cambiado tanto mi vida… que ya no podía sostener lo que tenía.
Y reconocerlo me rompió.
Hay decisiones que, aunque sabes que necesitas tomar, duelen muchísimo. Porque no solo estás soltando algo que haces, estás soltando una parte de quién has sido durante mucho tiempo.
Y hubo días de llorar. De sentirme perdida. De preguntarme si estaba tirando por la borda todo lo que había construido. De sentir culpa por no poder seguir.
Pero también hubo algo que empezó a crecer dentro de mí: la necesidad de escucharme.
De parar.
De aceptar que quizá no estaba fracasando, quizá simplemente estaba cambiando.
Agosto ha sido un mes de recolocarme. De cerrar puertas que ya no podía seguir manteniendo abiertas y empezar a mirar hacia dentro.
Todavía no tengo todas las respuestas. Y, sinceramente, creo que no necesito tenerlas.
Ahora mismo solo sé que quiero una vida que pueda sostener. Un trabajo que encaje con la persona que soy hoy. Y aprender a no exigirme seguir siendo quien fui solo porque una vez me funcionó.
Así que sí, estas fotos tienen sonrisas, momentos bonitos, familia, días normales…
Pero también tienen lágrimas.
Y quiero que se queden aquí también.
Porque detrás de cada proyecto, cada logro y cada foto bonita, hay una persona. Y yo también estoy aprendiendo a mostrarme cuando no estoy bien.
Quizá este no sea el final de una etapa.
Quizá sea el principio de una mucho más mía. 🤍