28/05/2026
C’È UN CAMBIAMENTO, E ADESSO CHE SUCCEDERÀ
DOVE CI MANDERÀ LA STORIA
COSA SAREMO NOI DOMANI, NON SI SA
PERÒ È IL DESTINO, TUTTO VARIA
(La notte in cui Glenn Miller e George Gershwin andarono a cena)
Gracias a Facebook… la serata in cui Pino D'Angiò e Carol cominciarono un viaggio creativo inatteso.
*****
LA COPIA QUE SOBREVIVIÓ
Todo comenzó mucho antes de que yo lo supiera.
A los 15 años coreografié Summertime. Sola, en el aula de danza.
A los 19, In the Mood. En TVE, acompañando a la orquesta del Colegio ALPE.
Más adelante llegarían Rhapsody in Blue en Scala Meliá Madrid, Moonlight Serenade en TV3 y una vida entera atravesada por músicas que parecían perseguirme desde algún lugar.
Durante años pensé que eran solamente afinidades estéticas.
No lo eran.
En 2015, gracias a Facebook, apareció Giuseppe Chierchia. Pino D’Angiò.
Y con él llegó una de las aventuras creativas más extraordinarias de mi vida.
No apareció solo un artista y amigo.
Apareció una obra.
La notte in cui Glenn Miller e George Gershwin andarono a cena.
(Estrenada en 2007 con Giuseppe Chierchia aka Pino D'Angiò, Nino Castelnuovo, Irene Fargo y Silvia Gavarotti, bajo la dirección de Beppe Arena)
Un musical inclasificable, elegante y muy humano que parecía unir, sin saberlo, muchas de las obsesiones musicales y emocionales que habían acompañado mi recorrido artístico desde adolescente.
Pino viajó a Barcelona con dos ejemplares encolados del libreto. Con nuestros nombres.
Uno quedó en manos de una productora.
El otro me lo entregó y se marchó sin su copia.
La productora nunca respondió.
Durante años no fui plenamente consciente de lo que significaría aquel gesto.
Después llegaron los correos, más bases musicales inéditas, las conversaciones, las ideas de expansión, las notas sobre personajes, la estructura artística, los contratos y una amistad construida entre música, humor, visión y afecto italiano.
“Ti voglio bene”, decía.
Y también:
“Con una sonrisa… pero ¿y el contrato?”
Pino lo hizo bien.
Blindó su obra.
Y dejó expresamente ese legado protegido en mis manos.
Pasaron los años. Las dificultades de salud.
España no era el lugar. Nunca lo fue.
Llegó el luto. El respeto. La espera.
Y un día, tras el consejo de mi abogado, entré en una notaría con una carpeta llena de música, documentos, correos, manuscritos, contrato como única representante legal, pendrive con daticert, PEC de la Posta Italiana y memoria viva.
La notaria me dijo, sonriendo, que había hecho conmigo un máster sobre legados de artistas.
Entonces comprendí algo.
Aquella copia no había sobrevivido por casualidad.
Tal vez algunas obras eligen también quién debe cuidarlas mientras esperan volver a casa.
No aparecen en la foto mi indispensable “partner in crime”, Marcos Muñoz, ni tampoco mi querido Alan Cook, que ha puesto su voz y su sensibilidad al servicio de este viaje.
¡Xavi!… uno más. Desde Taiwán, Vinaròs o Estados Unidos, enviándome su voz para la demo audiovisual, cargada de humor veterano y esa energía de escenario que nunca caduca. Siempre dispuesto a colaborar para encontrar el camino dentro de la maraña de productoras italianas cuando yo aún no sabía por dónde empezar.
Con él… y mi amigo Alter, lo hemos logrado.
Y como hay historias que nacen para volar alto… fuimos directamente a buscar a los más grandes.
Los secretos existen para ser contados… al menos una parte.
Continuará.