Memorias de una corista

Memorias de una corista "MEMORIAS DE UNA CORISTA"
Autora
amazon.es/dp/B09HG18FTY Autora del libro" MEMORIAS DE UNA CORISTA"
Luces y sombras de las varietés. Ilusiones y decepciones.

Libro de tapa blanda en AMAZON
https://tinyurl.com/uw7ycwjm

Este libro está basado en mis vivencias, como corista, bailarina de Revista musical española y Music hall de los años 80 y 90. Mi historia relata situaciones personales. Las renuncias y entregas por el amor a esta profesión. Ensayos y estrenos de obras en teatros; cabarets; nightclubs; televisión, restaurantes-espectáculo y filmación de

películas. Un mundo de rumores y prejuicios para el público ajeno. Romanticismo y desamor. Giras en autocar, pensiones e incertidumbres. La parte de atrás del escenario: el machismo establecido, inconveniencias silenciadas y venganzas, acompañadas de plumas y brillos. Actos de nobleza. Momentos divertidos y no tanto, hasta llegar a ser coreógrafa, compartiendo el camino con humoristas y cómicos; vedettes, bailarines y coristas; coreógrafos y empresarios. Luces y sombras de las Varietés. Lo nunca contado. Si te interesa este tema, te invito a seguir mi blog con algunos adelantos y fragmentos. Fotografías. Personas, personajes, curiosidades y datos.

Hola y muchas gracias por seguir esta página.Hoy no hablaré de espectáculo.Doy este espacio, merecido, llorado y querido...
18/06/2026

Hola y muchas gracias por seguir esta página.
Hoy no hablaré de espectáculo.
Doy este espacio, merecido, llorado y querido, a mi hermano Joaquim Figueras Pijuán, fotógrafo de gran sensibilidad que perdió la vida el año pasado, en el Cap de Salou.

Os animo a visitar su perfil de Flickr y contemplar la belleza que captó durante más de 20 años en Tarragona, la Costa Daurada y Salou.

El enlace a FLICKR está en esta página impagable que le dedica el Diari de Tarragona y los buenos amigos del Centre d'estudis salouencs a quienes doy las gracias de todo corazón.

https://www.diaridetarragona.com/costa/263321/tesoro-visual-salou-legado-joaquim-figueras-pijuan-patrimonio-colectivo.html

El Centre d’Estudis Salouencs recibe la donación de miles de imágenes que captó el fotógrafo Joaquim Figueras Pijuan durante más de dos décadas

EL VESTIDO AZUL.***Cuando tenía unos 16 años mi madre me hizo un vestido largo.Y no, no era para un evento. El motivo er...
07/06/2026

EL VESTIDO AZUL.
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Cuando tenía unos 16 años mi madre me hizo un vestido largo.
Y no, no era para un evento. El motivo era que yo quería bailar con Fred Astaire. Y para irme preparando, ya ves tú qué tontería, me hice primero el vestido antes de saber si aquel deseo podría realizarse.
Hoy me sonrío ante aquella determinación, pero en ella se escondía algo más que una ensoñación adolescente. El objetivo de bailar en alguna parte que no fuera un hogar de jubilados, un envelat de fiesta mayor o uno de aquellos teatros vetustos de los barrios de Barcelona y alrededores.
Recuerdo que una vez, por Vallbona o muy cerca, me llevé el vestido en la maleta junto a mis trajes de baile para una de aquellas actuaciones hechas con más voluntad que maña.
No bailábamos mal. Pero no éramos artistas; éramos chicas inocentes que no querían parecer "eso" que llamaban a las bailarinas.
Después del espectáculo acostumbraba a tocar alguna orquesta. Miré hacia la platea de aquel cine viejo, ya libre de sillas, y pensé que allí no había nadie con quien bailar, nadie con quien estrenar aquel vestido.
Estuvo muchos años guardado hasta que me hice la mujer que ya ni cabía en él. Y mis sueños tampoco. Ni hubo hombre que mereciera que me lo pusiera. Un vestido azul turquesa satinado.
Conservo una fotografía de cuando jugaba a ser artista, cuando nadie miraba. La que nunca pudo mostrarse en el estricto ambiente académico, donde nunca se era buena ni sobresaliente.
Esto sería recurrente en mi vida. Se acabaron las idealizaciones románticas y nunca más deseé bailar ni con Fred, que ya estaba muy mayor, ni con nadie. De hecho, bien mirado, la mayoría de las jóvenes se visten de largo para una graduación o para una boda.
En cambio, yo me vestí de largo para mí misma y, al contemplarme en el espejo del dormitorio de mis padres, me sentía imperfecta cuando en realidad era preciosa.
El patito feo comenzaba a perder los plumones de la infancia, a adquirir nuevas formas y a sentir cosas que todavía no sabía nombrar.
Porque a esas edades nadie es del todo bello. Simplemente está en construcción.
Recuerdo que una vez le pregunté a mi madre si yo era guapa. Mi madre, que era una mujer prudente, quizá demasiado prudente, me respondió que era normal.
Y yo la creí.
Bendigo la capacidad de soñar y creer, que tan lejos me ha llevado, por muy naïf que todo pareciera.
Y también bendigo que mi madre no fuera la típica madre de la artista. Nunca me hizo creer que era excepcional antes de tiempo. Quizá se excedió en prudencia, pero me dejó la tarea de descubrir por mí misma quién era.
Fue allí, mucho antes de Fred Astaire, mucho antes del vestido, donde comenzó a forjarse el camino más firme que jamás he pisado.
El mío.
LOVE IS BLUE. En el primer comentario. Una canción que significó mucho para mí.

El Paralelo fue una construcción colectiva---Escuché recientemente en l'Altaveu, un magazine de TVE Cataluña a la señora...
05/06/2026

El Paralelo fue una construcción colectiva
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Escuché recientemente en l'Altaveu, un magazine de TVE Cataluña a la señora Chelo García-Cortés afirmar que sin una determinada vedette el Paralelo no habría existido nunca.
Discrepo.
La grandeza del Paralelo no fue mérito de una sola vedette ni de una sola persona.
Conviene recordar que el Paralelo ya era un referente mucho antes de las figuras que hoy dominan el recuerdo popular. Su transformación como eje del espectáculo se produjo en 1894. Su prestigio no nació de un único nombre, sino del trabajo de generaciones enteras de profesionales que convirtieron aquella avenida en uno de los grandes centros escénicos de nuestro país.
Coristas, libretistas, músicos, actores, actrices que ya abanderaban sobre los escenarios una libertad alejada de los cánones dominantes, vedettes, empresarios, técnicos, escenógrafos, figurinistas, coreógrafos y tantos otros profesionales de artes y oficios sostuvieron noche tras noche una maquinaria humana y creativa extraordinaria.
Sin ellos, el Paralelo simplemente no habría existido.
Aunque durante décadas fuese considerado un gran centro de diversión popular, su verdadera singularidad residió en la convivencia de estilos, sensibilidades y formas muy distintas de entender el espectáculo. Esa riqueza fue siempre mucho más importante que cualquier nombre propio.
Sobre el trabajo de cientos de artistas y trabajadores se levantaron los teatros que dieron fama al Paralelo durante generaciones. Sin embargo, con el paso de los años, el recuerdo terminó concentrándose en unos pocos nombres, mientras muchos de quienes lo hicieron posible fueron olvidados junto a los propios escenarios que ayudaron a sostener.
Por eso me resulta especialmente molesto que desde un medio público se presenten determinadas opiniones personales como si fueran una explicación histórica. Cuando una afirmación así se difunde sin contexto, puede acabar consolidando una visión parcial que poco tiene que ver con lo que realmente fue el Paralelo.
La memoria también se construye desde aquello que se cuenta y desde aquello que se omite.
Yo pasé solo tres años allí y seguí mi vida. Pero hubo quien se enterró con él. Y esas personas merecen, al menos, que no se las borre de la historia.
Porque el Paralelo no puede resumirse en una sola figura.
Lo construyeron personas cuyos nombres nunca aparecieron en los rótulos luminosos.


C’È UN CAMBIAMENTO, E ADESSO CHE SUCCEDERÀDOVE CI MANDERÀ LA STORIACOSA SAREMO NOI DOMANI, NON SI SAPERÒ È IL DESTINO, T...
28/05/2026

C’È UN CAMBIAMENTO, E ADESSO CHE SUCCEDERÀ
DOVE CI MANDERÀ LA STORIA
COSA SAREMO NOI DOMANI, NON SI SA
PERÒ È IL DESTINO, TUTTO VARIA

(La notte in cui Glenn Miller e George Gershwin andarono a cena)

Gracias a Facebook… la serata in cui Pino D'Angiò e Carol cominciarono un viaggio creativo inatteso.

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LA COPIA QUE SOBREVIVIÓ
Todo comenzó mucho antes de que yo lo supiera.
A los 15 años coreografié Summertime. Sola, en el aula de danza.
A los 19, In the Mood. En TVE, acompañando a la orquesta del Colegio ALPE.
Más adelante llegarían Rhapsody in Blue en Scala Meliá Madrid, Moonlight Serenade en TV3 y una vida entera atravesada por músicas que parecían perseguirme desde algún lugar.
Durante años pensé que eran solamente afinidades estéticas.
No lo eran.
En 2015, gracias a Facebook, apareció Giuseppe Chierchia. Pino D’Angiò.
Y con él llegó una de las aventuras creativas más extraordinarias de mi vida.
No apareció solo un artista y amigo.
Apareció una obra.
La notte in cui Glenn Miller e George Gershwin andarono a cena.
(Estrenada en 2007 con Giuseppe Chierchia aka Pino D'Angiò, Nino Castelnuovo, Irene Fargo y Silvia Gavarotti, bajo la dirección de Beppe Arena)
Un musical inclasificable, elegante y muy humano que parecía unir, sin saberlo, muchas de las obsesiones musicales y emocionales que habían acompañado mi recorrido artístico desde adolescente.
Pino viajó a Barcelona con dos ejemplares encolados del libreto. Con nuestros nombres.
Uno quedó en manos de una productora.
El otro me lo entregó y se marchó sin su copia.
La productora nunca respondió.
Durante años no fui plenamente consciente de lo que significaría aquel gesto.
Después llegaron los correos, más bases musicales inéditas, las conversaciones, las ideas de expansión, las notas sobre personajes, la estructura artística, los contratos y una amistad construida entre música, humor, visión y afecto italiano.
“Ti voglio bene”, decía.
Y también:
“Con una sonrisa… pero ¿y el contrato?”
Pino lo hizo bien.
Blindó su obra.
Y dejó expresamente ese legado protegido en mis manos.
Pasaron los años. Las dificultades de salud.
España no era el lugar. Nunca lo fue.
Llegó el luto. El respeto. La espera.
Y un día, tras el consejo de mi abogado, entré en una notaría con una carpeta llena de música, documentos, correos, manuscritos, contrato como única representante legal, pendrive con daticert, PEC de la Posta Italiana y memoria viva.
La notaria me dijo, sonriendo, que había hecho conmigo un máster sobre legados de artistas.
Entonces comprendí algo.
Aquella copia no había sobrevivido por casualidad.
Tal vez algunas obras eligen también quién debe cuidarlas mientras esperan volver a casa.
No aparecen en la foto mi indispensable “partner in crime”, Marcos Muñoz, ni tampoco mi querido Alan Cook, que ha puesto su voz y su sensibilidad al servicio de este viaje.
¡Xavi!… uno más. Desde Taiwán, Vinaròs o Estados Unidos, enviándome su voz para la demo audiovisual, cargada de humor veterano y esa energía de escenario que nunca caduca. Siempre dispuesto a colaborar para encontrar el camino dentro de la maraña de productoras italianas cuando yo aún no sabía por dónde empezar.
Con él… y mi amigo Alter, lo hemos logrado.
Y como hay historias que nacen para volar alto… fuimos directamente a buscar a los más grandes.
Los secretos existen para ser contados… al menos una parte.
Continuará.

“Castiga, que algo queda”****Hoy os traigo una reflexión que quizá resonará en muchas personas: la innecesaria tiranía d...
27/05/2026

“Castiga, que algo queda”
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Hoy os traigo una reflexión que quizá resonará en muchas personas: la innecesaria tiranía del castigo aplicado sin orden ni medida. Y no hablo de la familia y sus normas ni de la escuela, ese lugar que a veces deseduca más por mala voluntad que por ignorancia.

Me refiero a empresarios, coreógrafos, maestros de baile, jefecillos de segunda fila, capitanes de coro, vedettes y directores que convirtieron su cargo en un látigo moral y económico para cualquiera que, desde la profesión o la vocación, tuviera que soportarlos de manera totalmente desproporcionada y, por tanto, injusta.

Hay quienes —aunque parezca mentira en un mundo escénico tan dado a reunir sensibilidades imperfectas, inseguras y extraordinarias— no dudaron en amargar la vida de quien solo quería ser artista. Y lo hicieron con ese refinamiento turbio que otorga el monopolio del “porque lo digo yo”, una fórmula que excluye cualquier sentido ético y cualquier posibilidad de diálogo. Porque ya sabemos que el arte, demasiadas veces, tampoco es democrático.

Ha habido artistas obligados a cambiar de ciudad, de entorno o incluso de profesión para sobrevivir a vetos, venganzas y a todo aquello que siempre se escondió bajo la muy bien llamada “mano negra”.
Por aquí cerca todavía se utilizaban listas negras de gente abnegada y explotada cuando pedía mejoras laborales o salariales. Todo el que haya liderado un grupo de “sufridores del 1,2,3 laboral” lo sabe, pero… calla. Por si acaso. Porque la hipoteca y la nevera no están para idealismos y da mucha pereza empezar en Barcelona o Madrid sin nada a lo que agarrarse.

Si miráis a vuestro alrededor, entre los recuerdos más íntimos e inocentes, quizá encontréis pistas que os conduzcan a una escena incómoda: un ensayo humillante, un aula bajo presión, la figura borrosa pero real de alguien que, atrapado en sus propias miserias, decidió hacerse fuerte aplastando cualquier chispa de ilusión o de humanidad.
Sus métodos nunca fueron educativos ni profesionales y, aun así, fueron aceptados como parte del oficio cuando no eran más que otra manera de castigar. Porque algo queda.
Hasta que un día te liberas de ellos y también de su maleficio gratuito. Y entonces descubres algo todavía mejor: que si antes no los necesitabas para sobrevivir, ahora tampoco.
Porque aquel nunca fue nuestro precio a pagar.
Sino su deuda pendiente.

Mi primer podcast se realizó en julio de 2021.Por aquellas fechas entraba y salía del hospital. Tres ingresos, para ser ...
22/05/2026

Mi primer podcast se realizó en julio de 2021.

Por aquellas fechas entraba y salía del hospital. Tres ingresos, para ser exactos.

Y aun así, recuerdo la ilusión enorme de poder conversar con Raquel Bazo en su programa La Gatera, antes incluso de publicar Memorias de una corista.
Gracias también a Javier Llanos, director de TAPTC Teatro y del programa en Canal Extremadura Radio, por hacerlo posible.

Con la firme intención de conocernos personalmente algún día.
Parece mentira que, desde su localización geográfica, hayan contribuido tanto con sus emisiones a la revista española hecha en Barcelona (Colsada) y a la difusión de mi libro antes incluso de publicarlo.

El programa ya no existe, y los enlaces de tantas horas de trabajo están rotos…
Pero aquí dejo, en mi canal, la memoria que nos unió.

Porque hay encuentros, datos, anécdotas y afectos que permanecen mucho más allá de cualquier emisión.

Gratitud siempre.
https://www.youtube.com/playlist?list=PLY0fYvpS9wF1wzEqxkzmndDkEKo-Ce_OI

Con Raquel Bazo y el director Javier Llanos (TAPTC teatro)Muchas gracias.Serie de 4 entrevistas realizadas en LA GATERA, RADIO CANAL EXTREMADURA.Julio de 2021.

MENOS POSTALES Y MAS RESPETO********Hay personas que confunden la cercanía y la supuesta sinceridad con el derecho a inv...
22/05/2026

MENOS POSTALES Y MAS RESPETO
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Hay personas que confunden la cercanía y la supuesta sinceridad con el derecho a invadir la vida ajena.
Desde hace tiempo estoy atravesando asuntos personales y familiares complejos, además de la preocupación compartida por la salud delicada de un gran amigo y referente al que muchas personas queremos profundamente.
Precisamente él, que es quien tendría más derecho que nadie a reclamar presencia o explicaciones, jamás me ha exigido nada. Ha entendido siempre, con enorme inteligencia y humanidad, que a veces cuidar también significa no añadir más peso, más presión ni más culpa a quien ya está sosteniendo demasiadas cosas a la vez.
Por eso resulta especialmente molesto tener que soportar llamadas, audios, juicios y comentarios constantes por parte de quien ha decidido convertir mi imposibilidad de acudir en una supuesta falta moral que no existe.
Bloquear no es “pelearse”. Bloquear es poner un límite cuando alguien transforma la supuesta sinceridad en invasión, desgaste y falta de respeto.
La edad no concede automáticamente ni autoridad moral ni categoría humana.
Algunas personas siguen viviendo instaladas en el rumor, la intromisión y el juicio permanente sobre las vidas ajenas. Precisamente esa fue una de las peores herencias de cierto mundo del espectáculo que muchos aún idealizan desde la nostalgia.
Yo no debo explicaciones sobre mis silencios, mis ausencias ni mis decisiones personales. Y desde luego no tolero que nadie utilice mi vida privada para desacreditarme personal o artísticamente desde el desconocimiento absoluto.
A veces se es mejor amiga desde el silencio, el respeto y la coherencia que desde la presencia invasiva.
Menos postales de buenas noches en whatsapp y más respeto.
Por cierto: ya no todas las referencias sobreviven a nuevas ediciones de mi libro.
Firmado: “la amiga filósofa”.

16/05/2026

A Facebook no le gustan los enlaces externos en el post.
Entradas legibles en mi blog. Enlace en comentarios.

Los bailarines del Saló Arnau plantan la función***A propósito de una crónica de Josep Sandoval publicada en La Vanguard...
16/05/2026

Los bailarines del Saló Arnau plantan la función
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A propósito de una crónica de Josep Sandoval publicada en La Vanguardia el 20 de marzo de 1988
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El mundo de las variedades tenía sus propias leyes. No estaban escritas, pero todos los que trabajaban en aquellos teatros las conocían perfectamente. Una de ellas era sagrada: el horario. En el Paralelo barcelonés, con funciones dobles y noches que se alargaban hasta la madrugada, el reloj formaba parte del espectáculo tanto como las luces o el telón. Aunque, como bien sabía cualquiera que hubiera trabajado en revista o variedades, se sabía cuándo se entraba pero no cuándo se salía.

La Maña, vedette y empresaria del espectáculo, tenía una relación muy directa con el público. Era una artista expansiva, intuitiva, capaz de mantener viva la energía de la sala hasta el último minuto. Y esa intensidad escénica acabaría provocando uno de los episodios más recordados del Saló Arnau.

Ocurrió una noche de finales de los años ochenta. La función volvió a alargarse más de lo habitual. Las trece personas que formaban el ballet bajaron por la escalera del apoteosis y abandonaron la función antes del cierre del telón.

La escena sorprendió tanto dentro como fuera del teatro. Yo me encontraba entonces en el Salón Oasis de Zaragoza. Recuerdo a Ricardo Moscatelli entrando en el camerino y comentando el episodio con auténtica perplejidad. Días después, el periodista Josep Sandoval recogía el incidente en prensa bajo un titular difícil de olvidar: “Los bailarines del Saló Arnau plantan la función”.

Pero aquella noche no apareció de la nada. Según recogía la crónica publicada en La Vanguardia, el malestar venía acumulándose desde hacía tiempo. El cuerpo de baile arrastraba reclamaciones relacionadas con horarios, salarios, contratos y determinadas condiciones escénicas, entre ellas la realización de números en topless, habituales entonces en muchos espectáculos de revista. Todo ello dentro de un sistema donde muchas veces las normas reales funcionaban más por costumbre que por claridad contractual. Aquella noche terminó convirtiéndose en el detonante visible de una tensión que llevaba tiempo creciendo. La empresa, por su parte, defendía que la situación estaba regularizada.

En los teatros de variedades, además, el cuerpo de baile no era un simple acompañamiento visual. Sostenía buena parte del ritmo, las transiciones y la energía del espectáculo. Por eso, cuando las tensiones acumuladas terminaban aflorando, todo el engranaje escénico se resentía inmediatamente.

Por entonces, muchas cuestiones relacionadas con los derechos de imagen, las grabaciones televisivas o determinadas condiciones artísticas se movían en terrenos bastante ambiguos. Los teatros promocionaban sus espectáculos mezclando entretenimiento, publicidad y exposición personal. La frontera entre imagen artística y uso comercial resultaba, en muchas ocasiones, imprecisa. No faltaron tampoco conflictos relacionados con grabaciones televisivas o emisiones de imágenes en topless que algunas artistas consideraban fuera de lo pactado.

A mí misma me ocurrió al descubrir, sin previo aviso, que me habían convertido en imagen destacada de una publicación deportiva, en una sección similar a “la chica de la semana”. Antes habían aparecido también artistas como Tania Doris o incluso una compañera inglesa Jane, apodada “Cañón” por Luis Cuenca. Todo formaba parte de una normalidad que entonces casi nadie cuestionaba.

Eran tiempos en los que el escenario convivía constantemente con zonas grises legales y laborales que hoy probablemente resultarían mucho más difíciles de argumentar.

Así era el Paralelo. Un mundo brillante y agotador al mismo tiempo, donde la magia del escenario convivía cada noche con las tensiones reales del oficio. De vez en cuando, incluso en medio de los aplausos, la función podía escaparse de lo previsto.

Como ocurría tantas veces en aquel mundo, la flexibilidad funcionaba mientras existiera un cierto equilibrio tácito entre escenario, empresa y artistas. En el mundo de las variedades, incluso después de los conflictos más sonados, el espectáculo debía continuar al día siguiente. Y eso obligaba a empresas y artistas a entenderse antes de lo que parecía.

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