07/05/2023
Siempre acababa sintiéndose diferente a todo cuanto la rodeaba. Las personas que iban y venían como en una estación, desaparecían siempre. No formaban parte de su mundo y a la vez, a medida que interactuaba por obligación con los demás, iba creciendo en ella una sensación de hastío que no la dejaba dormir por las noches. Ni siquiera entonces podía descansar tranquila, ni siquiera en ese momento dejaba de cuestionarse. Las ganas de vomitar relampagueaban en su estómago, una tormenta de sensaciones que no se iba por mucha agua que bebiera, por muchos ansiolíticos que tomara. Nada la acompañaba a ese vacío repleto de bruma en lo más hondo de sí misma. Hacía mucho tiempo que no se identificaba con la imagen que veía en el espejo. Caminaba por las calles y miraba escaparates, no para ver artículos que consumir, sino para verse reflejada en las lunas como un cuadro mal pintado, un bosquejo de algo que quería tomar forma pero no terminaba de ser. Una nube de pelo desordenado con los labios demasiado rojos, contrastando como una bofetada con el resto de su atuendo oscuro y gris.
Forzando la sonrisa, respondiendo que sí, que quizás esta vez iría a la cena de empresa, escuchando conversaciones frente a la máquina de café sobre el último ligue del jefe, se sintió indispuesta. Caminó al baño mientras todo su mundo parecía dar vueltas ante sus ojos y en su estómago, y se dobló frente al espejo, sintiendo cómo una serpiente zigzagueaba garganta arriba. Toda la escoria que tragaba día tras día parecía querer explotar allí mismo, en los baños de un trabajo que detestaba. Su garganta se dilató ahogándose, momentáneamente obstruida por un objeto viscoso y redondo, y en su reflejo vio cómo de su boca brotaba algo familiar: la mirada perdida, grisácea y objetiva de su yo más profundo. Un ojo que le devolvió la mirada, el abismo de la otra persona que había ocultado para no desagradar a nadie. Éste la desafiaba en silencio, a modo de lengua que se burlaba de ella arrojándole su realidad a la cara.
Salió en silencio sin despedirse de nadie. Ese fue su último día de trabajo.