10/10/2026
Había pasado tanto tiempo buscando el amor en mapas ajenos, en miradas prestadas y en palabras que otros debían pronunciar para sentirme valioso. Sin embargo, un buen día el ruido del mundo se apagó y, al mirarme al espejo de verdad, por primera vez me vi. No vi mis defectos habituales ni las marcas del cansancio; vi mi propia valentía, mi ternura y la hermosa capacidad que tengo de seguir adelante, aunque existan días que quisiera soltarlo todo: mis ganas de triunfar, aún un poco más y ser más valorado en el mundo interpretativo, ese espacio donde realmente me siento pleno.
Ese día me enamoré de mí.
Es un romance silencioso pero profundo. Me he enamorado de la forma en que sonrío cuando nadie me mira, de la paciencia que me tengo cuando cometo errores y de la calidez que habita en mi pecho. Me quiero muchísimo, con un cariño que no pide condiciones ni espera que sea perfecto para aceptarme. He aprendido a ser mi propio refugio, el abrazo que me calma en las noches tormentosas y la voz que me celebra en los días brillantes. Qué paz tan inmensa se siente saber que el gran amor de mi vida no estaba lejos, sino latiendo con fuerza dentro de mí.
Autora Chaim Martín.