22/09/2026
La coherencia no es que la vida salga como quieres, sino saber qué hacer cuando no sale como esperas.
Hay algo que con el tiempo aprendemos, aunque no siempre nos resulte fácil: no podemos controlar todo lo que nos ocurre, pero sí podemos decidir cómo actuar frente a aquello que nos toca vivir.
Ser coherente no significa tener siempre la razón, ni mantener una decisión simplemente porque alguna vez dijimos que era la correcta.
Significa que nuestros pensamientos, nuestras palabras, nuestros sentimientos y nuestros actos intenten caminar en la misma dirección.
Porque de poco sirve hablar de respeto si actuamos desde el egoísmo. Hablar de honestidad mientras ocultamos lo que realmente sentimos. Decir que queremos a alguien mientras hacemos cosas que sabemos que pueden terminar haciéndole daño.
Y también hay coherencia cuando la vida cambia nuestros planes.
A veces toca aceptar una situación que no buscábamos. Otras veces toca luchar por cambiarla. Y otras, quizá, toca marcharse.
Pero cualquiera que sea el camino, deberíamos intentar recorrerlo sin traicionarnos a nosotros mismos y, sobre todo, sin provocar un daño innecesario a quienes están a nuestro lado. Porque la coherencia no consiste en conseguir siempre lo que queremos.
Consiste en ser capaces de mirarnos al espejo después de haber tomado una decisión y poder decir: “Quizá no haya sido fácil, quizá no haya salido como esperaba, pero actué de acuerdo con lo que pienso, con lo que siento y con lo que creo.”
Al final, nuestras decisiones hablan mucho más de nosotros que nuestras palabras. Y quizá la verdadera coherencia sea precisamente eso: hacer que lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos no sean tres versiones diferentes de la misma persona.
Paco GB
¿Cuánto de lo que haces cada día es realmente coherente con lo que dices pensar, sentir y defender?
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