Entre sombras y tinta

Entre sombras y tinta Entre Sombras y Tinta 🌙
Escribo lo que el corazón susurra cuando el alma se queda en silencio. Cada palabra es una caricia, cada sombra una historia.

Aquí, la tinta se convierte en sentimiento. ✒️

Alguna vez me preguntaron:—¿Tú trabajas?Y respondí:“No. Yo no trabajo… yo construyo.” 🚀Porque trabajar, para muchos, es ...
19/05/2026

Alguna vez me preguntaron:

—¿Tú trabajas?

Y respondí:
“No. Yo no trabajo… yo construyo.” 🚀

Porque trabajar, para muchos, es sobrevivir.
Para mí nunca fue suficiente sobrevivir.

Yo necesito sentir pasión.
Necesito retos.
Necesito propósito.
Necesito levantarme sabiendo que voy a impactar vidas, despertar mentes y romper límites.

No podría vivir atrapada en algo que no me haga vibrar.
No nací para cumplir horarios vacíos.
Nací para crear.
Para enseñar.
Para transformar.

Y sí…
soy intensa.

Intensa para soñar.
Intensa para aprender.
Intensa para creer en la gente incluso cuando ellos todavía no creen en sí mismos.

A veces esa intensidad incomoda.
A veces asusta.
Porque las personas apasionadas tienen algo peligroso:
encienden a otros. 🔥

La empresa donde estoy no me regaló un puesto.
Me dio libertad.
Me dio una plataforma.
Me dio la oportunidad de compartir conocimiento y demostrar que el verdadero poder jamás ha estado solamente en el dinero…

Está en la mente.

Porque una persona con conocimiento deja de depender.
Deja de sobrevivir.
Empieza a decidir.

Y eso cambia todo.

Al inicio éramos un grupo lleno de desconfianza.
Cada uno con sus miedos.
Con sus heridas.
Con esa voz interna diciendo:
“¿Y si no puedo?”

Pero poco a poco…
nos convertimos en algo distinto.

Un equipo.
Una comunidad.
Una familia de personas hambrientas de crecer.

Y eso tiene poder.

Porque cuando juntas personas comunes con una mentalidad extraordinaria…
se vuelve imposible detenerlas.

Aquí no solo hablamos de trading.
Aquí hablamos de evolución.
De mentalidad.
De aprender a pensar diferente mientras el mundo sigue dormido.

Y entendí algo que me cambió la vida:

El dinero jamás será más poderoso que el conocimiento.

Porque el dinero se pierde.
Pero una mente despierta…
ya no vuelve a ser pequeña nunca más. 📈🔥

Hoy me puse nostálgica con Farellones… pero de esa nostalgia buena, con risa incluida.Porque este pueblo tiene de todo: ...
12/03/2026

Hoy me puse nostálgica con Farellones… pero de esa nostalgia buena, con risa incluida.

Porque este pueblo tiene de todo: arrieros sabios, cuicos elegantes, zorrones desordenados… y todos mezclados en la misma mesa tomando algo, contando historias y riéndose de la vida. Así es la cordillera: aquí las etiquetas se quedan abajo en Santiago y arriba quedamos todos como compadres.

Me acuerdo cuando mis hijos eran chicos y los cumpleaños en la montaña eran otra cosa. Los niños corriendo en la nieve, con las manos heladas, comiendo torta con guantes puestos… mientras los papás, muy responsables por supuesto, “supervisábamos”… pero con una copa en la mano y la risa larga.

Entre medio alguien empezaba a contar historias de la montaña y de deportes, de travesías en la cordillera, de nevazones gigantes, de carreras de ski, de aventuras que terminaban siempre con un “no sabes lo que nos pasó…”. Y ahí quedábamos todos escuchando, mu***os de la risa o con los ojos bien abiertos.

También me acuerdo cuando yo les hablaba a mis amigos zorrones que vivían abajo en Santiago de este colegio mágico en la montaña. Les decía:
—“Tienen que traer a sus hijos aquí, esto es otro mundo.”

Y me miraban como si yo estuviera loca.
“¿Un colegio en la cordillera? Ya poh Augusta…”

Y mírenlos ahora… no solo trajeron a sus hijos.
Se quedaron.

Ahora son parte del colegio, del pueblo, de los carretes, de los cumpleaños, de las historias… y de esta pequeña comunidad que, sin darse cuenta, también está escribiendo un pedacito de la historia de Chile, cuando vemos a nuestros niños crecer… y de repente uno aparece campeón de ski, llevando el nombre de esta montaña por el mundo.

Y uno piensa…
todo empezó entre compañeros de colegio, amigos, cumpleaños infantiles que terminaban en carrete de adultos, risas en la nieve, abrazos en la puerta del colegio y conversaciones eternas mirando la cordillera.

Así se construyen las historias bonitas…
entre compas, entre colegios, entre amigos… y entre buenos carretes también.

Gracias familia Farellones.
Por las risas, por la locura compartida…
y por recordarnos que en la montaña la vida se vive más simple, más verdadera… y mucho más entretenida. 🏔️❄️🥂

Con amor entre sombras y tinta
MAOM

Hay lugares que no solo se visitan… se sienten.Y Farellones no es un destino, es un reencuentro.Aquí la vida en montaña ...
03/03/2026

Hay lugares que no solo se visitan… se sienten.
Y Farellones no es un destino, es un reencuentro.

Aquí la vida en montaña no se mide por el ruido, sino por el silencio.
Por esa brisa helada que te golpea el rostro y te recuerda lo puro, lo intacto, lo verdadero. Esa brisa que no solo enfría la piel… sino que limpia el alma.

Extrañaba esto.
Extrañaba la conexión.

Aquí una sonrisa sincera vale más que mil palabras.
Un abrazo apretado no es protocolo… es hogar.
Y cuando vuelves a encontrarte con personas que amas, cuando las lágrimas de alegría corren sin pedir permiso, entiendes algo profundo: hay lugares que te reconstruyen.

Farellones tiene esa magia.
Ese misticismo silencioso.

Los animales de la zona caminan con una calma ancestral, como si supieran secretos que nosotros olvidamos. El cóndor que sobrevuela imponente, los pequeños zorros que cruzan sigilosos, el viento que susurra entre las montañas… todo parece tener un mensaje.

Aquí recuerdas quién eres.
Aquí te vuelves más humilde, más simple, más real.

La montaña no compite, no grita, no exige.
Solo está.
Y en su presencia entiendes que lo más valioso no es lo que acumulas, sino lo que sientes.

Hoy agradezco este reencuentro.
Agradezco volver a sentir esa conexión que creía dormida.
Agradezco los abrazos, las risas, las lágrimas de felicidad.
Agradezco que la montaña me recuerde lo amada que soy.

Porque hay lugares que no solo te reciben…
Te reconstruyen.

Con cariño, Entre sombras y tinta MAOM

Hubo un tiempo en que viví mi propia noche oscura del alma.No era solo cansancio.No era solo problemas.Era esa sensación...
28/02/2026

Hubo un tiempo en que viví mi propia noche oscura del alma.

No era solo cansancio.
No era solo problemas.
Era esa sensación de estar en medio de un océano inmenso, de noche, sin orilla a la vista.

Las olas eran gigantes.
Responsabilidades que pesaban más que mi cuerpo.
Dolores que no podía compartir.
Miedos que me visitaban en silencio cuando todos dormían.

Nadaba…
Y nadaba…
Y mientras más intentaba mantenerme a flote, más agotada me sentía.

La noche oscura del alma no grita.
Susurra dudas.
Te hace creer que no eres suficiente.
Que no puedes más.
Que tal vez el mar es demasiado grande para ti.

Y por momentos lo creí.

Hasta que entendí algo que lo cambió todo:

No estaba destinada a ahogarme.
Estaba destinada a aprender a surfear.

El mar no se calmó.
La tormenta no desapareció.
Las olas siguieron siendo enormes.

La que cambió fui yo.

Aprendí a pararme sobre el miedo.
A encontrar equilibrio en medio del caos.
A mirar la ola más grande —esa que antes me paralizaba—
y verla como impulso, no como amenaza.

Salí de mi noche oscura del alma el día que dejé de resistir la vida
y empecé a montarla.

Cuando entendí que cada golpe me estaba entrenando.
Que cada caída me enseñaba equilibrio.
Que cada ola gigante me estaba preparando para algo más alto.

Hoy, cuando el mar se agita, no huyo.
Respiro.
Me afirmo.
Y espero la ola grande.

Porque sé que ahí —justo ahí—
es donde doy mi mejor versión.

La noche fue real.
El dolor fue real.
El miedo fue real.

Pero también lo fue mi fuerza.

Y ahora no temo al océano de la vida.
Lo surfeo.

Con cariño,
Entre sombras y Tinta
MAOM

Hay momentos en la historia en los que el alma se estremece.Momentos en los que, aun teniendo una opinión, aun creyendo ...
05/01/2026

Hay momentos en la historia en los que el alma se estremece.
Momentos en los que, aun teniendo una opinión, aun creyendo comprender las causas, el miedo aparece.
No un miedo infantil, sino ese miedo silencioso y profundo que nace al darnos cuenta de que la guerra ya no es una noticia lejana, que ya no ocurre solo en libros o películas, que está demasiado cerca de nuestra casa, de nuestra Latinoamérica, de nuestra gente.

Nunca antes habíamos tenido conflictos de esta magnitud tan próximos, tan reales, tan palpables.
Y aunque desde una mirada energética y consciente uno pueda pensar que el mundo necesita un remezón, un sacudón que despierte conciencias dormidas, el cuerpo tiembla, el corazón se inquieta, y el espíritu busca refugio.

En estos días me invade el nerviosismo.
No por ideologías, no por banderas, sino por lo humano.
Por las familias.
Por los hijos.
Por los amigos.
Por todos aquellos que, sin elegirlo, quedan atrapados en decisiones que no les pertenecen.

Hoy, más que nunca, solo la espiritualidad persiste.
Hoy es momento de volver a lo esencial, de cerrar los ojos y pedir —con humildad y fe— que Dios envíe un ejército de ángeles para proteger a cada familia, a cada hogar, a cada ser amado, sin importar el país ni la frontera.

Es tiempo de meditar.
De comprender que aquello que antes observábamos como espectadores, hoy nos incluye como protagonistas.
Que tengamos razón o no, nuestra opinión es solo eso: una opinión, porque los hechos ya están ocurriendo y la historia ya está en movimiento.

Desde una mirada holística y metafísica, este momento nos recuerda la fragilidad de la materia y la urgencia del despertar espiritual.
Nos invita a elegir el amor por sobre el miedo, la conciencia por sobre el juicio, la oración por sobre la rabia.

Que este tiempo difícil no nos endurezca el corazón.
Que nos vuelva más humanos.
Más compasivos.
Más unidos.

Y que, aun en medio del caos, recordemos que la luz siempre encuentra la forma de abrirse paso, incluso en la noche más oscura.

Entre sombras y tintas,
MAOM

LA MAGIA DE SERVIRHay momentos en la vida en los que uno siente que el mundo se vuelve demasiado pesado. Los problemas p...
06/12/2025

LA MAGIA DE SERVIR

Hay momentos en la vida en los que uno siente que el mundo se vuelve demasiado pesado. Los problemas parecen más altos que los sueños, y el corazón más frágil de lo que uno admite. Pero un día, sin planearlo, descubrí algo que transformó mi vida por completo: la magia de servir.

Empecé a servir… y todo cambió.
Personas llegaron a mi vida con sus propias batallas invisibles. Rostros cansados, cuerpos tensos, almas buscando un refugio. Con el tiempo comprendí que no buscaban solo un tratamiento: buscaban una presencia humana, alguien que los escuche, que los reciba sin juicio, que les entregue unas manos que alivien y un alma que acompañe.

Y fue allí, entre masajes faciales y silencios profundos, donde algo en mí despertó.
Algo que había dormido bajo el ruido de mis propias preocupaciones.
Recordé para qué fui creada.

Cuando mis manos tocan un rostro, no pienso en mis problemas.
En ese instante medito, converso con Dios, y le pido en silencio que Él sea quien fluya a través de mí.
Que use mis manos como instrumento, que calme, que alivie, que aporte aunque sea una chispa de paz a quien confía en mí.

He visto a mis pacientes quedarse dormidas, relajarse, llorar suavemente, abrir su alma en silencio. Y entendí que, en ese momento sagrado, no soy solo yo… es Él trabajando a través de mí.
Yo solo soy un canal, una herramienta que Él toma para tocar vidas.

Y entonces sucede la magia:
Mis problemas se hacen pequeños.
La carga se vuelve liviana.
La mente se calma.
El alma vuelve a respirar.

Porque cuando sirves desde el corazón, cuando entregas amor sin reservas, cuando entiendes que tu misión es brindar alivio… la vida te devuelve todo multiplicado.
Empiezas a fluir en abundancia.
Te sientes útil, valiosa, viva.
Sientes que estás exactamente donde Dios quiere que estés.

Hoy sé que mis manos no solo masajean:
acompañan, contienen, abrazan, limpian, liberan.
Y cada rostro que toco me recuerda que la vida cobra sentido cuando uno permite que el amor haga su obra.

Yo sirvo, y en ese acto, Dios me sostiene.
Yo doy, y Él me multiplica.
Yo escucho, y Él me habla.
Yo alivio un poco a otros… y Él me sana a mí.

Porque la verdadera transformación no ocurre cuando hacemos algo perfecto, sino cuando lo hacemos con el alma abierta.

Y en este camino sagrado, entre suspiros y meditaciones silenciosas, entre lágrimas liberadas y sonrisas que renacen, entendí una verdad que cambió mi destino:

Cuando sirves a otro, Dios te ilumina a ti.

Durante los últimos tres años sentí que caminaba sola por un desierto interminable. Hubo días en que el cansancio me ven...
24/11/2025

Durante los últimos tres años sentí que caminaba sola por un desierto interminable. Hubo días en que el cansancio me vencía, noches en las que el dolor me atravesaba el alma, y momentos donde mi corazón gritaba por ayuda sin recibir respuesta alguna. La lucha fue tan dura, tan agotadora, tan implacable… que llegó un instante en que simplemente me derrumbé. No porque quise, sino porque ya no había fuerzas para seguir fingiendo fortaleza.

Y fue justo allí, en el suelo, de rodillas, donde empezó todo. Donde entendí lo que jamás hubiera entendido de pie. Donde mis lágrimas se mezclaron con mis oraciones, y mis oraciones se transformaron en mi único sostén.

Porque a veces creemos que caer es fracasar… pero la verdad es que mi verdadero levantamiento comenzó el día que ya no pude sostenerme sola.

Y entendí algo que marcó mi vida: cuando la lucha se vuelve tan dura que te derrumba, no es silencio… es Dios hablándote. No con susurros tímidos, sino con gritos del cielo que te dicen:
“¡Ahí no es! Esa no es la vida que tengo para ti. Ese no es el lugar donde quiero verte. Muévete. Confía. Suéltalo.”

Y descubrí que Dios muchas veces te habla cuando ya no puedes más, porque solo en ese punto tu corazón se vuelve totalmente receptivo. Solo de rodillas, vacía de orgullo, vacía de fuerzas, pude escucharlo de verdad.

Ese día levanté mis ojos al cielo, no pidiendo milagros, sino sabiduría. Y en medio de mi quiebre, sentí una paz que no venía de mí. Una calma que no sabía de dónde brotaba, pero que llenó cada grieta de mi alma.

Comprendí que Dios no me dejó caer para destruirme, sino para reconstruirme. Que no me permitió tocar el suelo para humillarme, sino para enseñarme a levantarme con una fuerza que no era humana… era divina.

Hoy doy un salto de fe inmenso, un salto que solo quienes han estado de rodillas pueden entender. No me quedo donde Dios me quiere sacar. No insisto en puertas que Él cerró. No lucho contra lo que Él me invita a soltar.

Porque aprendí que cuando oro desde el fondo de mi dolor, Dios mueve el cielo entero para levantarme.

Y si algo sé ahora es esto:
Caí de rodillas… pero fue desde allí que realmente aprendí a levantarme.

Con amor
Entre sombras y tinta MAOM

Cuando una hija vuela… y una madre floreceMi querida amiga,Hoy quiero escribirte desde el corazón, porque mañana no es u...
24/11/2025

Cuando una hija vuela… y una madre florece

Mi querida amiga,

Hoy quiero escribirte desde el corazón, porque mañana no es un día cualquiera… mañana tu hija se casa, y con ese “sí” que ella dará, también se abre un capítulo completamente nuevo para ti. Mientras todos hablan de vestidos, flores y celebraciones, yo pienso en ti, en lo que seguramente estás sintiendo, en esa mezcla de orgullo, nostalgia, alegría y ese pequeño n**o en el pecho que solo una madre comprende.

Sé que has estado fuerte, sonriente, acompañando cada detalle, pero dentro de ti pasan muchas cosas. No es solo que tu hija forme un nuevo hogar; es que una parte de tu vida se transforma. Esa mesa en la que tantas veces comieron juntas, donde se rieron, donde discutieron, donde crecieron… ahora empieza a convertirse en algo distinto. Empieza a tomar la forma de lo que un día añoramos en la casa de nuestros abuelos: ese espacio sagrado donde la familia se reúne porque sabe que ahí siempre habrá amor, calor y unión.

Tú, sin darte cuenta, te estás convirtiendo en eso: en el corazón que une, en el punto de encuentro, en la mujer que lleva la antorcha para que las nuevas generaciones sigan recordando de dónde vienen. Y eso es un rol enorme, lleno de responsabilidad, pero también lleno de amor. Un rol que no se impone: se gana… y tú te lo has ganado con tu forma de ser, con tu fortaleza, con tu ejemplo, con tu nobleza.

Mañana verás a tu hija caminar hacia su propia historia, y aunque una parte de ti quiera detener el tiempo, sé que otra parte está feliz porque ella está lista. Lista gracias a ti, a tu guía, a tu dedicación, a la forma tan hermosa en que la has amado todos estos años. Si ella hoy puede construir un hogar, es porque primero lo aprendió de ti.

Y ahora, mientras ella empieza a formar su familia, la tuya se expande. No se reduce: crece. Cambia, sí… pero crece. Ahora tu rol no es solo de madre, sino de pilar, de consejera, de refugio, de esa presencia que sostiene sin invadir, que acompaña sin imponer, que ama sin medida.

Tal vez hoy te sientas un poco nostálgica. Es normal. Todo cambio trae un pequeño duelo. Pero también trae una inmensa bendición: ver que lo que sembraste dio fruto. Ver que tu hija elige con libertad, con madurez, con ilusión… porque tú supiste enseñarle a elegir, a amar, a confiar.

Quiero que mañana, cuando la veas vestida de novia, respires profundo y recuerdes que esa preciosa mujer es, en parte, el reflejo de todo lo que tú hiciste bien. No hay logro más grande para una madre.

Estoy orgullosa de ti, amiga. Orgullosa de la mujer, de la madre, y ahora del nuevo rol que te espera. Un rol que lleva tu esencia: unión, amor, fortaleza y esa capacidad única que tienes para mantener a tu familia cerca, incluso cuando la vida los lleve a distintos caminos.

Que mañana tu corazón se llene, no de nostalgia, sino de gratitud. Porque tú estás viendo uno de los milagros más hermosos de la vida: ver a un hijo volar.

Te quiero mucho, y estoy contigo en este momento tan especial.

🌒 Dejar de romantizar el crecimiento personalEntre sombras y tinta — MAOMEl crecimiento personal se ha convertido en un ...
06/11/2025

🌒 Dejar de romantizar el crecimiento personal

Entre sombras y tinta — MAOM

El crecimiento personal se ha convertido en un ideal que a men**o se pinta con colores brillantes y palabras inspiradoras, pero la realidad es mucho más compleja y dolorosa.
Reconstruirnos no es un viaje lineal lleno de epifanías gloriosas, sino un proceso crudo que comienza cuando recogemos los pedazos de lo que quedó tras el colapso.

Cada fragmento roto tiene bordes filosos que nos lastiman al tocarlos, recordándonos el dolor de lo que fue. No se trata solo de juntar los trozos y pegarlos; esos bordes deben pulirse para que puedan encajar sin herirnos más.
Y ese pulido duele. Es enfrentarse a las astillas, a los cortes, y al constante esfuerzo de intentar que algo roto vuelva a funcionar de una manera completamente nueva.

Cuando finalmente comenzamos a armar ese rompecabezas, el resultado no es perfecto ni reluciente. Es incómodo, pesado y desbalanceado. Caminamos con cautela, lentos y adoloridos, cargando la incertidumbre de no saber si lo que estamos reconstruyendo será suficiente para sostenernos.
La brújula parece rota, y nos sentimos desorientados… pero seguimos adelante, porque no hay otra opción.

— entre sombras y tinta
MAOM

✨ Para aquellos que aún se preguntan por qué me alejé…Primero, intenté con el amor.Porque siempre creí en su poder sanad...
24/10/2025

✨ Para aquellos que aún se preguntan por qué me alejé…

Primero, intenté con el amor.
Porque siempre creí en su poder sanador, en su capacidad de unir almas, de cerrar heridas, de transformar lo imposible.
Amé con todo lo que tenía, sin reservas, sin condiciones. Amé lo bueno, lo malo, lo imperfecto. Amé con paciencia, con entrega, con la esperanza de que si daba suficiente amor, si me esforzaba lo suficiente, todo encontraría su equilibrio.

Pero no fue así.

Descubrí que amar no siempre es suficiente cuando el amor solo fluye en una dirección.
Me encontré mendigando cariño, esperando palabras que nunca llegaron, justificando ausencias, normalizando vacíos.
Me repetí a mí misma que debía ser más paciente, más comprensiva, más fuerte.

Entonces, intenté con la compasión.
Me convencí de que tal vez no se trataba de recibir, sino de entender. Que si soportaba un poco más, si toleraba lo intolerable, todo cambiaría. Y así lo hice.
Me tragué las lágrimas, silencié mis dolores y me aferré a la idea de que la culpa no era tuya.
Me dije que los problemas eran causados por terceros, por personas que hablaban mal de ti, que te envenenaban, que se aprovechaban de nuestra distancia.

Justifiqué cada herida con la esperanza de que, algún día, te darías cuenta de quién realmente estaba a tu lado.
Pero jamás entendí por qué, si yo siempre te defendía, tú te juntabas con aquellos que me hacían daño.
Nunca comprendí por qué elegías a mis enemigos como compañía, mientras yo, en silencio, te justificaba una y otra vez.

Me dolió, pero me callé.
Porque el amor y la compasión me decían que debía seguir, que quizás mañana sería diferente, que tal vez aún había algo que salvar.

Hasta que un día, simplemente no pude más.

Cuando el amor se desgasta y la compasión se vuelve un sacrificio, solo queda una opción: soltar.
No por rencor, no por odio, sino porque entendí que había olvidado amarme a mí misma.
Que había dado tanto, que me había vaciado.

Y cuando finalmente tomé distancia, descubrí algo que jamás había sentido a tu lado: paz.

Y así, sin más, un día desperté y entre tú y yo había un mundo de distancia…
pero también, por primera vez en mucho tiempo, un mundo de tranquilidad.

No me fui porque dejé de amar,
me fui porque me di cuenta de que yo merecía más.

🌙
Entre sombras y tinta
MAOM

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