Viejoypeludo

Viejoypeludo Página para personas que sienten orgullo de haber pertenecido al Glorioso Benigno Malo Naturalmente que mi padre debió haber sido un burro y mi madre una burra.

EL BURROVICENTE

Como Ustedes podrán haberse dado cuenta (por más burros que sean), yo soy un burro y a mucha honra. Por que de ser mi padre un caballo, y mi madre una burra yo hubiese sido un “romo” y de haber sido mi madre una yegua y mi padre un burro hubiese sido un mulo, pero a Dios gracias no fue así y soy y seré un honorable representante de la clase asnal. Bueno yo ya no recuerdo exacta

mente donde ni cuando nací, por que yo era muy chiquito cuando lo hice, y además me parece que a pasado tanto tiempo, que creo que mi limitada memoria de burro no podría recordar, pero tengo una vaga idea de la hermosa figura de mi madre cuando pastaba plácidamente en un potrero, mientras yo succionaba esa rica leche de burra que tanto me gustaba, pero que dicen los entendidos en la materia que no es cierto que sea un gran alimento como creen algunos humanos medio burros, dicen que la leche de ratona o de coneja es de mucho mejor calidad, pero vayan ustedes a conseguir un vaso de tal leche que se supone hace a sus hijos mas inteligentes que a nosotros los humildes burros. Poco a poco me fue “mezquinando” esa deliciosa leche, apenas yo ya podía alimentarme con el pasto, pero en fin, creo que me desarrollé bien, porque a dios gracias fui un burro de muy buena alzada, de lomo largo y fuerte, de poderosas patas, de grandes orejas y cola, y lo mejor de todo, por que no dar gracias al Dios de los burros (que aun que ustedes no lo crean también existe), me dotó de un tremendo órgano viril, largo grueso y cabezón, que yo creo que fue por mucho tiempo, motivo de envidia de otros burros y por que no decirlo de algunos humanos medio burros. Cuando estaba erecto (algo que era muy frecuente) golpeaba con él mi pecho, como diciendo “por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa”; no dejaban de mirarme y sonreír con cierta socarrona envidia. Es verdad que, como algunos vinimos al mundo con suerte; prácticamente nunca me hicieron trabajar como burro, ni siquiera como humano, ya que para descontar mi comida y los cuidados que me prodigaban, mis patrones me constituyeron en padrote, es decir que mis dueños, amos y señores, alquilaban mis servicios sexuales, para cubrir las burras y especialmente las yeguas en celo. Por lo que a mí respecta, nunca me importó que cobrasen por esos servicios que me causaron tanta satisfacción, que ahora cuando recuerdo se me escapa una lagrima de burro, rememorando esos hermosos tiempos. Claro que la más grande de mis desgracias de mi asnal vida fue: justamente eso del sexo. Ahora que ya mi cerebro sé a esclarecido tanto, y gozo de las delicias del cielo, comprendo mejor el asunto, pues nunca me expliqué, por que teniendo yo tanto deseo y estando mi órgano tan dispuesto, hubieron muchas ocasiones, en que no aceptaron mi cobertura y mas bien me llenaron de patadas en pecho y quijadas, que múltiples veces quedé realmente maltratado y molido no tanto en mi físico, sino en mi orgullo y dignidad de macho rechazado. Bueno en honor a la verdad, (y ya no estoy en condiciones de mentir), cierto es que causé muchos problemas en el pueblo en el cual crecí y disfruté de mi terrenal existencia. Si ustedes los caballeros curiosos o morbosos, y a lo mejor algunas damas no hipócritas o picaronas, tienen el tiempo, o la suficiente curiosidad, me permitirán contárselos. Mi única promesa es que no se van a aburrir.
¿Que de donde vino mi nombre?, Tengo que explicárselos de lo contrario, voy a tener muchos detractores que se llaman como yo……. VICENTE, simplemente “burro Vicente”. Cualquier humilde habitante del campo sabe que el nombre de un animal doméstico, tiene que ser el mismo que del dueño original, en caso de ser macho como yo, o de la dueña en caso de pertenecer al sexo femenino, que a Dios gracias no me tocó esa mala suerte, y conste que no lo digo por ser machista sino mas bien realista. Pienso yo, de haber nacido burra, jamás me hubiese divertido tanto que como pollino garañón, famoso reproductor y aventurero como ninguno. Imagínense ustedes la de peripecias que me hubiese tocado vivir, de ser una burra. Piensen que a más de hacerme trabajar como negro o negra, (perdonarán no tengo nada contra la honorable raza negra). A propósito mi color era como de cualquier burro que se precie de tal; es decir gris. Digo a más del repugnante trabajo físico, que en honor a la verdad nunca me gustó. Me hubiesen llevado cada cierto tiempo ante un fenomenal burro para que me cubriera, habría tenido que estar mascando el aire, mientras él me “media el aceite". Mi cerebro asnal piensa que siendo burra eso me hubiese gustado, pero a menos que el tamaño de mi vientre reproductor no lo permitiera, me habrían hecho trabajar como burro, o por lo menos como humano y… ¡Horror!, que después de nueve meses, de llevar un molesto abdomen voluminoso, me hubiese tocado parir, y eso si que es cosa difícil, como me e percatado las pocas veces que e observado el parto de algunas de mis burras. Claro está, que no sé mucho sobre mis ancestros, pero yo escuchaba los comentarios que hacían sobre mi origen. Decían que mi padre era un fenomenal burro Argentino, y que el dueño de mi madre pagó mucho dinero para que mi padre le prestara sus servicios, (no a él por supuesto sino a mi madre) De ahí que yo fuera el burro más grande e inteligente del pueblo, y por que no decirlo el mejor dotado, si de órganos sexuales se trata, circunstancias que me sirvieron tanto para ser un honorable reproductor y no un simple burro trabajador como muchos de ustedes... pueden creer. Verdad es también que en múltiples ocasiones abusé de mi suerte. Por ese constante afán de reproducirme cometí muchos desafueros que a veces no me fueron perdonados. Ya entrados en confianza les contaré lo que sucedió en una ocasión en que el “santo sacerdote”, cura de la parroquia, llegaba lánguido y cansado de un largo viaje. Me lancé decidido y con todo el empuje de mi fuerte cuerpo, en afán de cubrir a la hermosa yegua que lo transportaba. Parece que falló mi olfato, al creer que ella estaría dispuesta al acto, pero no fue así, ya que aun cansada como estaba, echó a correr, lanzando tremendas patadas a mi honorable pecho burril, (que ya de tantas coces anteriores, lo tenía hecho callo), Todo este lío hizo que taita curita termine magullado y en el fango lleno de lodo, pues era época de invierno. Aún me duele la garrotiza que me propinaron el sacristán y otros metiches aduletes del cura, que creo siendo más pecadores que yo, trataban de comprar el cielo a base de congraciarse, con su reverencia, a quién también preste mis servicios viriles, (no para él mismo, no sean mal pensados), sino para una guapísima y tremenda burra de su propiedad que cuando estaba en celo expandía al ambiente un olor tan excitante que realmente me desesperaba. Es que en verdad era una real hembra, dotada de todas las cualidades propias que pueden adornar una buena burra. Se acomodaba bien antes del acto, abriendo ligeramente sus patas traseras para tener mayor estabilidad y aguantaba tranquila el embate de mi órgano viril, masticando el aire de una forma tan elegante que me excitaba todavía más. Tenía una vagina (sepan caballeros que yo también sé términos cultos, ya que no fui tan ignorante), tenía una vagina digo: cálida, bien lubricada, profunda y misteriosa, que no desperdiciaba mis sesenta centímetros cúbicos de semen. Cuando la destaponaba al extraer mi órgano, como sucedía con otras hembras muy jóvenes o de muy baja talla a la que ofrecía mis servicios, por que dicha sea la verdad (y donde está la verdad está Dios), yo no le hacia fieros a ninguna hembra de la clase equina, llámese esta burra o yegua. Taita Dios me dotó de un instinto sexual tan desarrollado, que ante el menor olor de las feromonas que se producían en el estro de las hembras, y a veces hasta sin eso, yo siempre estaba dispuesto al ataque, por lo que creo que en ese sentido tuve mucho en común con los humanos, que según e notado en múltiples ocasiones, les gusta “dar fierro” estén o no sus hembras en celo. Y hablando de clase equina, alguna vez escuche de mi patrón que en un lugar lejano había unas burras salvajes de pelaje fino y brillante de color café que se llamaban “onagros”, y me hacía las ilusiones de viajar a esos lugares para probar suerte, o mejor dicho para probar burras de otra pinta, como quien dice para variar, y mas que todo por la circunstancia de ser salvajes como a mi me gustaban. Creo que ustedes deben de saber que inteligente como fui, nunca perdí la oportunidad de escuchar las conversaciones de los humanos, que frecuentemente se reunían a mí alrededor para observar mis “coberturas” o simplemente para admirarme, y de esa manera fue que escuche que en un lugar llamado África, habitaban unas preciosa burras muy bien equipadas para una “lucha cuerpo a cuerpo”, pero que a pesar de que el clima era muy caliente usaban camisetas blancas con rayas negras, o negras con rayas blancas, no recuerdo bien como mismo era. Días y noches enteras me las pasaba soñando con viajar a esas lejanas tierras, para poder sacarlas las camisetas y “tirarlas en pepas” como debe ser lo católico, apostólico y romano, habida cuenta que taita Diosito nos trajo al mundo de esa manera, es decir en pepas y no con tangas ni bikinis, peor con camisetas ni pijamas. En verdad que sufrí tantas patadas y vejámenes, de algunas hembras, que en ocasiones mis quijadas quedaban tan magulladas que no podía ni siquiera masticar la hierva. Me quedaba triste por un tiempo (como burro en aguacero), pero como el señor Dios es tan bueno y a veces bendice con ambas manitos, rapidito me pasaba la congoja al presentárseme una nueva posibilidad de ejercer mi oficio de burro garañón, que como ustedes se habrán dado cuenta no es un oficio tan sencillo, sino que requiere de muchas macro cualidades, algunas de las cuales, la mayoría de ustedes no poseen, pero ya se quisieran, a pesar de que a muchos de ustedes las pocas“ cualidades que Dios les a dado, les han causado tantos problemas que nunca pueden resolverlos, y parte del dinero de su sacrificado trabajo, tiene que pasar al tribunal de menores como “impuesto al banano” y eso me parece bien, por que los humanos chiquitos son tan indefensos que si no tienen quien les mantenga y proteja del medio, perecen irremediablemente. (Claro que hay algunos mantenidos de por vida) y eso me parece muy mal. Naturalmente que prolífero como fui debí haber tenido muchos hijos. A Dios gracias nunca tuve que preocuparme por la manutención, ni el vestuario, ni la salud, tampoco de la educación de ninguno de ellos, por que en realidad, pasto para comer hay dondequiera, los burros no necesitamos vestirnos por que tenemos una gruesa y peluda piel, que nos protege de las peripecias del tiempo y la amargura. Casi nunca nos enfermamos, y como somos muy burros de nada nos serviría la educación, ni siquiera la “compensatoria no escolarizada”
En el fondo pienso yo, que realice un gran servicio a la humanidad, ya que mejoré la raza de tanta burra, evitando de esta manera que mi descendencia aumente las filas de tantos burros y mulos subnormales, inconscientes de sus limitaciones que se pavonean por ahí haciéndose los mucho lotes. En realidad que a veces me pasé de la raya. Me muero de vergüenza de contarles todas mis peripecias, pero en fin se han de enojar si algo les omito. Ustedes deben saber que en una ocasión, cuando todavía era un novato en las artes sexuales y hacia mis primeros pinitos, malogré una vacona a la que habían enclaustrado en un montadero para que la cubriera un toro reproductor. Como era lo lógico, para mi no había ninguna lógica, y excitado como estuve, mi ser burril me pedía sexo, seexo y seeexo, me lance encima de la hembra y suplante al toro, causando a la pobre rumiante sangrado de su vulva, que no está diseñada para un órgano grueso y cabezón como el mío sino para un largo y delgado pene, como la sabia naturaleza había diseñado el del toro. Cuando llegaron con el toro padrote....Ya pueden imaginarse el lío que se armo y naturalmente ¿quién creen que pago los platos rotos?; (o mejor dicho la vulva rota) ... Adivinaron; quien más que yo. Me amarraron a un árbol de naranjo y me molieron a palos, que les juro, nunca mas se me ocurrió volver a cometer semejantes vulvicidios. Muchos años preste mis servicios de reproductor. Si bien es verdad que los años burro son mucho más largos que los años humano, ya que nosotros generalmente pasamos más aburridos que algunos de ustedes, y tenemos un tiempo menor de promedio de vida. (Multipliquen una edad burril por cinco, para que tengan un equivalente aproximado de edad humana). Creo que estaba en la flor de mi juventud, cuando se termino mi existencia terrenal, a más de que pude haber fallecido mucho antes, cuando la mala gente colocó un trapo viejo impregnado en gasolina sobre mis ancas y le prendieron fuego. Luché desesperadamente por librarme de tal objeto, pero esos malditos humanos que deben estar quemándose actualmente en los quintos infiernos, y no gozando como yo de las delicias del cielo, habían amarrado el objeto a mi cuerpo como si fuese una albarda. Corrí desesperado tratando de librarme de mi martirio y mientras más aceleraba mi velocidad, mas se encendía mi fogosa albarda hasta que terminó de consumirse dejándome tremendas quemaduras en mis ancas y lomo, que me producían mucho dolor. Pienso yo que en realidad trataron de matarme. Y solo por que no dejaba en paz a las hembras de la vecindad, con mi desmedida sed de sexo. Pasé muchos días entre el umbral de la vida y la muerte y de no ser por los pródigos cuidados que me daba mi dueña; quien con verdadera vocación de santa, limpiaba diariamente mis heridas con agua de matico y prácticamente me alimentaba en el hocico; hubiese fallecido.
¿Que como fallecí? Ha, eso si que fue cosa seria, ya que fue causa y motivo de gran novelería y distracción, en ese pequeño pueblo en el que transcurrió mi terrenal existencia, y que carecía de espectáculos que pudiesen sacar del marasmo a su gente, que se aburría mas que nosotros los burros. Es necesario que les cuente que en esa época el alambre de púas era tan caro, que las propiedades se delimitaban separándolas con hondas zanjas realizadas en el suelo, quedando continuidad para transitar, solo por el sitio en el que se colocaba un portón con palos atravesados. Para otros animales resultaba un perfecto claustro, a menos que sus patrones les permitiesen salir. Pero no así para mi digna persona, que aprendió a retroceder un buen espacio, correr al galope para tomar un gran impulso y dando un largo salto salir muy orondo al camino público, para poder perseguir a mis anchas a mis esquivas novias, o simplemente a aventurar un poco, ya que como les he contado, mi vida fue siempre llena de aventuras y hazañas
Esa mañana sí que amanecí de mala suerte. Aun ahora no recuerdo, que fue lo que soñé la noche anterior, pero me levanté medio nervioso y algo preocupado, más a poco de amanecer escuche el resoplar de una recua de equinos que atravesaban por el camino principal y el ambiente se lleno del delicioso perfume de feromonas de alguna hembra pidiendo guerra. No pude aguantar la curiosidad de investigar si en ese gran conjunto, había alguna hembra dispuesta a copular conmigo. ¿Y qué creen que paso? Si eso mismo, tomé un gran impulso y trate de traspasar al otro lado de la zanja, pero por el ofuscamiento que me daba la excitación de solo pensar en la posibilidad de tener sexo, calculé mal el salto y caí bruscamente panza arriba en el fondo, de la profunda zanja, fracturándome instantáneamente el cuello. Al traccionarse mi médula espinal se produjo la inmediata erección de mí pene, quedando de esa ridícula manera muerto y expuesto al aire libre. Posteriormente mi espíritu lleno de gozo abandonó mi cuerpo de jumento para convertirse en un ser etéreo que “muerto” de gusto se encaminaba a los cielos, ingresando primero en un profundo túnel extremadamente luminoso, que sin embargo no me causaba daño si no mas bien un indescriptible sosiego. Prácticamente todo mi querido y muy adorado pueblo, (notan que ya estoy hablando como político), desfiló a observar el espectáculo de los despojos mortales de semejante macho bien dotado que había muerto con las botas puestas fiel a la causa hasta las últimas consecuencias, y con el arma al brazo, o mejor sería decir con el pene erecto, y a la vista de todos; para orgullo he inspiración de la juventud y de las generaciones venideras, en el afán de salvar a esta patria a la que los malos políticos, la oligarquía, el testaferrísmo, la corrupción y la perdida de los valores éticos y estéticos, le tienen donde le tienen. Es decir hundida en el fango de la pobreza y la miseria, carente de pan techo y empleo. Tengan ustedes la seguridad de que si hubieran confiado en mi humilde persona para gobernarles; Si no hubiesen desperdiciado su valioso voto; otro gallo les hubiese cantado o mejor sería decir otro burro les hubiese rebuznado. (Persisto en pensar y utilizar un lenguaje político, parece que esto ya es mal de todos los burros). Los primeros en venir a la observación de mi tragedia, fueron los viejos pícaros del pueblo, que se pasaron la noticia cómo reguero de pólvora, convocándose a asistir al espectáculo. Algunos se quedaron hasta muy tarde espantando los gallinazos que querían destrozar mi cuerpo para alimentarse. Parece que algunos de mis admiradores no podían permitir que destruyeran a picotazos mí..., por tantas glorias famoso órgano viril, valuarte y gloria de la masculinidad pueblerina, que era por donde esas enlutadas aves carroñeras querían comenzar su festín. Ya un poquito entrada la tarde, llegó el director de la escuela “Pedro Fermín Cevallos”, con los alumnos de quinto y sexto grado a observar el espectáculo de mi pobre persona. Y los guambras malcriados se divirtieron mucho tratando de "atinar" a pedradas mi maltrecho órgano que ya iba perdiendo su tamaño y dureza. Les cuento en confianza que ya cuando casi estaba oscuro llegó taita curita con las monjas y algunas Hijas de María. En vez de hacerme un merecido panegírico, el religioso se puso a explicar que, así mueren los pecadores que solo viven para el sexo y que por ello es menester que los humanos nos cobijemos siempre bajo el manto de la virgen inmaculada, que con su pié está aplastando a la serpiente que significa la columna vertebral de los humanos; de donde dicen que nacen unos tales nervios de Hegar, que van al pene para producir su erección, y para que este órgano no pene por impotencia. El asunto es que ya cansado de contemplar mi cuerpo que entraba en estado de descomposición y esos malditos gallinazos comenzaron a despedazarlo, decidí seguir mi camino espiritual y avanzar al cielo. Era obvio que yo no me creía merecedor ni del purgatorio, peor del infierno. Ya suficiente me habían quemado en la vida. Mi sorpresa fue mayúscula, cuando un viejito barbón me impidió el paso aduciendo de que yo era un pecador que no podía gozar de las delicias del cielo, que solo estaba destinado a las almas puras y sin mancha que hubiesen fallecido en la gracia de Dios. Tuve que hacer gala de una gran elocuencia para convencer al señor Don Pedro, (que así se había llamado el anciano en cuestión), que se empecinaba en no dejarme entrar. Le expliqué que yo era un simple burro y que no tenía la culpa si mis hormonas masculinas fueron tan poderosas y que simplemente me limite a obedecerlas por que creí que esa era la misión que Dios me había encomendado en la tierra, ya que su divinidad, en conocimiento de causa, fue quien me hizo macho y me prodigó tantas cualidades para ejercer mi profesión de “burro garañón”, y que a mi humilde criterio solo cumplí con las obligaciones de tan noble profesión, que él mismo en su infinita sabiduría me había endilgado. Parece que el señor conserje del cielo se cansó de tanta perorata mía, que ya comenzó a cabecear como queriendo dormirse y dijo: pasa, pasa, que al fin un burro más en el cielo no hará mucha diferencia. Así que sepan ustedes que estoy disfrutando del paraíso. Pero de ninguna manera como creen algunos de ustedes, que mi cielo consiste en estar miraaando la cara de Dios, como drogado o tarado, que eso en nada enaltecería su nombre, ni me causaría beneficio. No señores, no es así. Aún que ya no tengo cuerpo material ya que soy un ser etéreo, asexuado y sublimado en mis conocimientos, mi cielo es mi memoria, que me permite ser yo mismo, y los recuerdos me llenan de gozo. Claro está que en raras ocasiones me da mucha nostalgia, lo que me asemeja de alguna manera a ustedes los humanos. No me deprimo ni me aburro, tengo un par de alas blancas, lo que me permite volar muy alto cual “asnal pegazo”. Conservo un cerebro que pone misiles poderosos a mis sueños. A pesar de haber sido un humilde jumento, nunca existió en mi persona, la maldad, la envidia, el egoísmo, ni el afán desmedido de lucro, como parece existir en la mayoría de ustedes los “dichos” humanos. De alguna manera, y a través del hijo de mi terrenal dueño que hace sus pinitos de escritor, hago llegar a ustedes este relato para honor y gloria de mi nombre,”El BURRO VICENTE”. Si terminaron de leerlo, cometieron una burrada, pero de todas maneras, espero haberles “desasnado” un poquito y aumentado sus conocimientos sobre burrología. Y les agradezco mucho por haberse convertido en mis muy queridos admiradores.

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