05/07/2022
Un título nos informa que estamos en Los Ángeles en el año 2019 (entonces futuro), y luego Ridley Scott nos sumerge en una ciudad infernal y claustrofóbica. Los cielos están contaminados y hay una lluvia torrencial continua. El aire está tan podrido que está oscuro afuera, pero cuando estamos adentro, las luces exteriores brillan con fuerza. Un enorme rascacielos piramidal domina la ciudad.
Escenarios de megalópolis congestionada obsesivamente detallados; este es el futuro como un mercado negro, hecho de aspectos sórdidos revueltos del pasado. La urbe es mohosa, y mientras la miras observas su relación con la Metrópolis de Fritz Lang, las técnicas de iluminación de von Sternberg, con la Chinatown de Polanski y la Roma de Fellini.
El hecho de que casi toda la película transcurra de noche hace imprescindible un buen aprovechamiento de la luz. Los ángulos caprichosos de sombras y luces están fuertemente influenciados por el género Noir. A veces estas luces son tímidas, queriendo abrirse paso en la oscuridad, y otras dominan todo con colores vivos de neón. Este inteligente uso de la iluminación hace que sea una película oscura y atmosférica, pero siempre nos deja ver lo que está sucediendo.
Vangelis le da a la película esa carga de cine negro en su contraposición de música y silencio. Su música aparece de forma más destacada en las escenas al aire libre en las que la ciudad se muestra en todo su esplendor decadente, mientras que en las escenas de interior no suele haber música, para enfatizar el dramatismo y la interacción de los personajes.
La imagen trata este futuro retrógrado y mugriento como un hecho, una conclusión inevitable. La presunción del hombre plenamente realizado como un saqueador de la tierra es un elemento nuevo. Las películas de ciencia ficción del pasado solían ser utópicas o de advertencia; esta proyecta indiferencia, hastío y tal vez, hasta un poco de complacencia por esta visión de un futuro medieval. Sin embargo, todo eso es un elemento de background para tratar un tema que acecha en los bordes: ¿Qué significa ser humano?
Esta idea subyacente tiene una fuerte base visual: cuando una persona fabricada se parece a una persona nacida, cuando ni siquiera los ojos te dicen cuál es cuál, ¿cómo definir la diferencia?
Por eso los ángulos arquitectónicos vertiginosos y los coches de policía con forma de insectos que se elevan en la calle y entre los altos edificios y vuelven a caer. Todo contribuye al vértigo. Scott va más allá. Utiliza ángulos fuera de lo normal que no producen náuseas, exactamente, sino un mareo que nos prepara para los sentimientos de náusea que luego tendrá Deckard, debido al remanente de qué es un ser humano en la historia y en la realidad misma.
El conflicto de relación/posesión entre los “replicantes” y sus creadores, brinda numerosas interpretaciones de esta pionera película de ciencia-ficción crítica, que sin huir de los espectaculares efectos propios del género, incide en la reflexión sobre un inminente futuro, enlazando con las filosofías más clásicas del pensamiento.
Desde los inicios de la robótica, la informática y la tecnología en general, casi siempre se ha querido conseguir la liberación del hombre de su trabajo. El problema surge cuando esas máquinas esclavas comienzan a ser conscientes de su existencia, empiezan a sentir.
Esa cierta libertad de pensamiento las convertiría en “seres vivos”. ¿No esclavizamos a otros seres vivos de diversas formas, mediante la domesticación, cría y utilización en actividades agropecuarias? ¿Sería más ético si los replicantes no tuviesen aspecto humano? ¿Podría nuestra hipócrita sociedad limpiar su conciencia si los replicantes no fueran más que animales de granja en el espacio exterior?
Blade Runner emplea la tecnología como contraste para indagar en temas como el miedo, la esclavitud, la inmortalidad, las implicaciones morales de la manipulación genética, la creación de inteligencia artificial y la amenaza construida por el hombre contra sí mismo, el efecto del exagerado desarrollo de la civilización en el medio ambiente, la tecnología avanzada que no puede evitar la decadencia de las ciudades ni de la sociedad, el control sobre los individuos y las corporaciones como entidades dominadoras del mundo.
Las referencias al noir no son solo visuales, pues contiene y explora convenciones tales como la mujer fatal, la intriga, la narración en primera persona a lo Raymond Chandler (narración que no se encuentra en versiones posteriores) y la cuestionable perspectiva moral del héroe. Ridley Scott hace una reflexión admirable sobre la condición humana, en donde los límites de nuestra conciencia no se detienen con el ser humano, sino que se prolongan en su obra, en los androides.
Los temas filosóficos se extienden incluso a la religión. Los humanos tenemos sentimientos, raciocinio; los replicantes también, pero su Dios son los humanos y una vez mu***os todo lo que vivieron se perderá. Si hemos sido capaces de crear seres más humanos que los humanos, ¿Se necesita por tanto creer en una divinidad para justificar nuestra existencia? La respuesta es obvia.
Blade Runner es un clásico de culto. Estableció los estándares visuales a seguir cuando se trata de distopías en ciencia ficción, y más particularmente en el cyberpunk. Un futuro desolado, con avances tecnológicos, desigualdad social y corporaciones codiciosas.