04/06/2026
Volver al lugar donde los sueños aprendieron a caminar
Hoy después de una pausa, realizamos el primer encuentro y convivio de inicio del segundo semestre del Taller de Teatro Comunitario de Tuetal Norte, distrito de Tambor, como parte del programa de Talleres Culturales de la Municipalidad de Alajuela.
A simple vista podría parecer una coincidencia. El salón comunal de Tuetal Norte estaba ocupado por actividades de la comunidad y una gestión conjunta entre la Municipalidad de Alajuela y el Museo Histórico Cultural Juan Santamaría hizo posible trasladar nuestro encuentro a la Sala de los Murales, un espacio cargado de memoria e historia para la cultura alajuelense.
Pero hay días en que las coincidencias parecen dialogar con algo más profundo.
Para mí fue imposible entrar en esa sala sin recordar una parte muy importante de mi propia historia. Entre el año 2005 y el 2012, durante ocho años consecutivos, ese espacio acogió talleres gratuitos de teatro, marionetas, máscara, creación escénica y formación artística. Allí entrenábamos, ensayábamos, investigábamos y creábamos sin más respaldo económico que la confianza del museo y su disposición para abrirnos las puertas.
Por esos talleres pasaron más de quinientas personas.
Más de cien personas encontraron posteriormente oportunidades de creación, participación artística y desarrollo profesional. A partir de aquellos procesos logramos generar empleo creativo para actores, actrices y artistas, quienes participaron en producciones, giras y proyectos culturales que recorrieron distintas regiones del país, transformando la experiencia formativa en una verdadera plataforma de proyección artística, experiencia profesional y crecimiento humano.
De allí surgieron festivales de monólogos y diálogos, proyectos de marionetas, espectáculos originales, procesos de investigación escénica y más de veinte obras propias. Obtuvimos reconocimientos importantes, entre ellos dos fondos Proartes, y, sobre todo, vimos crecer generaciones de artistas que hoy continúan creando dentro y fuera de Costa Rica.
Aquella sala fue, para muchos, un primer hogar creativo.
Por eso resultó tan significativo regresar hoy, aunque fuera por una sola jornada.
Pero la experiencia tuvo todavía otra capa de sentido.
Durante aquellos años, los murales permanecían ocultos bajo capas de pintura. Nosotros ocupábamos ese espacio sin saber que detrás de aquellas paredes existía una memoria esperando ser revelada.
Con el paso de los años, gracias a un riguroso trabajo museológico, esas capas fueron retiradas y los murales recuperaron su presencia. Hoy vuelven a contar la historia de un pueblo que defendió su soberanía, construyó comunidad y participó activamente en la creación de una república.
Y ahora, viendo la sala restaurada, comprendí algo más.
No estuvimos simplemente en una sala de reuniones.
Estuvimos literalmente rodeados por una narración visual de Costa Rica.
Los murales hablan de la Campaña Nacional, de Juan Santamaría, de los símbolos republicanos, del territorio, de la vida campesina, del trabajo colectivo y de la construcción histórica de nuestra identidad como pueblo.
Y en medio de todo ello nos reunimos para leer Bajo un mismo sueño, Barrio adentro.
Los murales cuentan cómo un pueblo defendió una república.
La obra pregunta cómo un barrio puede defender su convivencia.
Los murales hablan de soberanía.
La obra habla de responsabilidad comunitaria.
Los murales hablan de memoria.
La obra habla de memoria.
Los murales hablan de construcción colectiva.
La obra habla de construcción colectiva.
Por momentos parecía que el espacio dialogaba con el texto.
Y encontré en ello una imagen profundamente significativa.
El lugar que antes ocultaba su memoria hoy la muestra.
Los murales estuvieron siempre ahí.
La historia estaba ahí.
La memoria estaba ahí.
Solo hacía falta retirar las capas que impedían verla.
Quizás esa sea también una de las tareas más importantes del teatro que intentamos construir.
No un teatro que ofrece respuestas fáciles.
No un teatro que busca distraernos de la realidad.
Sino un teatro que ayuda a mirar.
Un teatro que piensa.
Un teatro comunitario del desengaño, en el sentido más profundo de la palabra: quitar los engaños, quitar las apariencias, aprender a distinguir entre ilusión y realidad para comprender mejor el mundo que habitamos.
Porque el desengaño no consiste en perder la esperanza.
Consiste en aprender a ver.
Consiste en retirar capas de costumbre, de ruido y de apariencias hasta que algo esencial vuelve a hacerse visible.
Exactamente igual que ocurrió con estos murales.
Por eso el simbolismo de esta jornada me conmueve profundamente.
No solo regresé a un lugar importante de mi historia personal.
Regresé a un lugar que hoy representa físicamente una de las ideas centrales de mi búsqueda artística.
Un lugar donde la memoria fue rescatada.
Un lugar donde se reveló aquello que permanecía oculto.
Un lugar donde la historia volvió a hacerse visible.
Y allí, precisamente allí, se reunió una nueva comunidad para leer una obra sobre aprender a ver.
Vivimos rodeados de pantallas que nos hablan individualmente.
El teatro sigue reuniendo cuerpos en un mismo espacio para escuchar una misma historia.
Los murales celebran la construcción de una nación.
El círculo que formamos hoy celebró algo igualmente importante: la construcción de ciudadanía cultural.
Porque una comunidad que se reúne para leer, escuchar, debatir y pensar en conjunto está ejercitando exactamente las capacidades que hacen posible una democracia viva.
En tiempos donde predominan la velocidad, la opinión inmediata y el ruido permanente, reunir personas para reflexionar colectivamente se convierte en un acto profundamente necesario.
Por eso siento que hoy no solamente iniciamos un nuevo semestre del Taller de Teatro Comunitario de Tuetal Norte.
También volvimos, por unas horas, a un lugar donde muchos sueños aprendieron a caminar.
Y lo hicimos leyendo una obra que nos recuerda que los sueños verdaderos no se sueñan en soledad.
Se construyen juntos.
Quiero expresar mi agradecimiento a Marilyn Arias, de la Municipalidad de Alajuela, y a María Utarola, directora del Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, por hacer posible este encuentro. Gracias también a la Municipalidad de Alajuela por sostener estos programas culturales que permiten llevar el teatro a las comunidades y abrir espacios de encuentro, reflexión y creación colectiva.
Mi agradecimiento se extiende a cada integrante del Taller de Teatro Comunitario de Tuetal Norte por seguir demostrando que el arte puede ser un espacio de pensamiento, convivencia y comunidad.
Porque hay lugares que conservan memoria.
Y hay días en que esa memoria vuelve a hablarnos.
Hoy fue uno de esos días.
Registro fotográfico: Gaby Rima