18/05/2026
Corría el año 2003 o 2004.
Yo tenía unos 27 o 28 años y andaba bastante perdido en la vida. Mucho carrete, desorden y poca claridad. Sentía que iba de un lado a otro sin una dirección concreta.
En esos años llegaba al taller y muchas veces no sabía qué hacer. Me dispersaba, saltaba de una idea a otra y me faltaba algo fundamental: enfoque y disciplina.
En medio de ese caos tuve un accidente que terminó llevándome detenido. Estuve detenido apenas uno o dos días, pero fue suficiente para detenerme de verdad.
Ese momento me sirvió para reflexionar y tratar de enfocarme. Una de las maneras que encontré para hacerlo fue empezar a pintar usando una retícula de trabajo: cada día debía rellenar cierta cantidad de cuadrados, mezclando colores uno por uno a partir de colores primarios y blanco. Era un trabajo lento y obsesivo, pero justamente ahí estaba el aprendizaje.
Llegué al pixel para seguir trabajando el retrato, algo que ya me interesaba desde la infancia. En esa época el pixel todavía no era algo tan presente visualmente como hoy, y creo que nunca había visto a alguien hacer pintura a través de pixeles. Lo más cercano que conocía era el trabajo de Chuck Close.
También me interesaba que el espectador tuviera que desplazarse para ver la obra. Que la imagen pudiera desarmarse y transformarse dependiendo de la distancia y la mirada.
Y para sorpresa mía, empezaron a aparecer las imágenes. Cuadrado por cuadrado. Color por color.
Fueron cerca de dos años dedicados al pixel, y esta pintura que les comparto fue parte de una exposición colectiva en el Centro Cultural La Reina. Además, la obra apareció destacada en Las Últimas Noticias de esa época, algo que me dio un impulso importante para seguir trabajando.
Por esos años también participé en concursos, postulé a becas y empecé lentamente a desarrollarme como artista. Pero después de un tiempo me decepcioné un poco de todo ese “mundillo del arte” y decidí hacer mi propio camino.
Un camino más individual y personal, trabajando a mi manera, sin depender tanto de validaciones externas.
Mirando hacia atrás, entiendo que esa retícula no solo ordenó una pintura. También me ayudó a ordenarme a mí.
Aunque seguimos en el camino