18/02/2026
Anoche tuve uno de esos sueños que te dejan pensando todo el día.
Soñé con una ex compañera de secundaria… pero lo raro es que no la veía ni la recordaba hace más de 10 años. En la vida real creo que hasta está casada y tiene su vida hecha. Sin embargo, en el sueño apareció como si nunca se hubiera ido.
Éramos adultos, y había una onda muy linda. Caminábamos por todos lados, nos agarrábamos de la mano, la gente nos decía que hacíamos buena pareja… y lo más loco es que todo se sentía real, natural, como si fuera una historia que tranquilamente podría haber pasado.
En un momento la defendí en su trabajo, porque otras chicas la trataban mal. Y ahí empezamos a acercarnos más, como si se estuviera formando algo fuerte. Después pasa algo extraño: alguien se lastima y no puede correr una carrera, y ella me pide que la ayude porque sabe que yo entreno y voy al gimnasio.
Entonces corro.
Arranco con desventaja, salgo desde atrás, pero empiezo a pasar a todos. Llego cuarto… y el locutor dice algo como:
“increíble, salió muy atrás y llegó cuarto, pero si hubiera salido bien podría haber llegado primero sin problemas… una promesa del deporte”.
Ella estaba feliz. Y yo estaba feliz solo por verla feliz.
Y ahí entendí algo: el premio no era llegar bien. El premio era sentir que alguien te mira con orgullo.
Después, cerca del final, la abracé… pero ella se fue a hablar con un amigo. Y una señora se me acerca y me dice algo como:
“se nota que vos le estás diciendo la posta… pero ella se resiste a sentir lo que siente”.
Y el sueño empezó a borronearse.
Cuando me desperté, me quedó una tristeza rara. Como si hubiera vivido una mini historia de amor en otra realidad, y de golpe me la hubieran apagado.
Y hoy pensé mucho en eso…
Porque la verdad es que no era ella.
Su cara incluso cambiaba por momentos, como si mi mente no estuviera soñando con una persona exacta, sino con una figura, un símbolo.
Y ahí caí: a veces el cerebro usa gente del pasado como “personajes” para mostrarte algo de tu presente.
Agarrarse de la mano no era un detalle romántico: era necesidad de conexión real.
Defenderla en el trabajo no era casualidad: era necesidad de sentirme importante para alguien.
La carrera no era por correr: era mi mente diciéndome que, aunque arranque desde atrás, todavía puedo llegar lejos.
Y el locutor… era la validación que quizás uno necesita escuchar: “podrías ser primero, tenés potencial”.
Pero lo más fuerte fue el final.
Ese momento donde todo se estaba dando… y de pronto se aleja.
Como si el sueño me mostrara lo que quiero, pero también el miedo a que eso se escape.
Al final, en el sueño, le dije algo como: “adiós amor”.
Y fue raro… porque no era una persona real en mi vida actual.
Era como despedirme de una emoción: la sensación de compartir, de conectar, de estar acompañado.
Y me dejó pensando que quizás hace rato no siento algo así… y mi mente me lo mostró a su manera.
A veces no soñamos con personas.
Soñamos con lo que nos falta.