12/09/2022
Ahí está se queda como mirando y aunque no lo vea me sigue buscando. Cómo un deforme pasado con sabor agridulce del que estuve enamorado. Con su mirada absorta sobre mí hombro entumecido. Me busca mis labios por un beso furtivo.
Alardea por las calles en brazos de otros paseando en sus manos golpeando otros rostros. Y me llama a lo lejos como un espejo de esos rotos. Con un reflejo aturdido pero que ya no es el mío.
Y cuando aparenta la soledad abrazarme acariciándome cómo buscando encamarse. Ahí aparece una vez más regodeando su silueta pretendiendo besarme. Y la verdad es que por momentos lo extraño aunque no me duela su corta distancia. Ni su alarde de fiesta seguida de amargura de mordaza.
Si con el anduve y me llevo dónde quise me enseñó el arte de todo aquello que hice. De aquello que deshice de aquello que maldice. Hermoso fue llevarlo y tenerlo en mis escritos, en mis paseos en las mesas con amigos de esos que ya no he visto. De su mano áspera pero perfumada y de esos toques de náuseas decoradas por el humo de un cigarro de madrugada.
Pero ya no lo veo y prácticamente ya no lo quiero a pesar de quiénes me quieren me obligaron a enterrarlo. Su fantasma vaga y está en sus cuerpos