15/06/2026
SORGINAK DANTZAN, Las brujas bailando
Guillermo, el médico de Amoroto, subía del barrio de Oleta a su pueblo. Se quedó en el camino: al instante fue misteriosamente arrebatado y luego se halló en la planicie de Txantan-torre, donde estaban bailando las brujas. A él le hicieron bailar también durante toda la noche.
De vez en cuando interrumpían el baile y bebían. A la madrugada, el médico se encontró solo.
(Contado el día 6 de junio de 1936, por el hombre del caserío de Gabaro, de Jemein).
El narrador de la leyenda precedente se refirió también a la siguiente:
El hombre del caserío Kanterape (Jemein) iba de noche a su domicilio. Cuando pasaba junto al prado de San Jacinto, vio en él un grupo de brujas que bailaban muy agitadamente. Se paró a mirar la fiesta. Al terminar el baile se reunieron todas para tomar un refresco. Al de Kanterape se lo ofrecieron también en copa de plata. Al ver en la cuadrilla a una vecina suya, exclamó: Jesus! Zeu emen? (¡Jesús! ¿Usted aquí?) Al instante desaparecieron las brujas y el casero de Kanterape se quedó solo con su copa en la mano.
Anton-Txita Elorrijo-ko baserritar bat ei zan. Egun baten lana ugari ein soluan-ta ondo nekatu-ta gero oyeratu ei zan olluakaz batera.
Oyan sartu ta belaxe zabaldu ei jakon bere gelako bentania. Jagi ta ikusi ondoren, barriro ogeratu ei zan; baña andik lasterrera zabaldu ei jakon barriro. Bigarrenean Anton-Txita pixkat bildurtu ei zan; baña, atan da guztiz be, jagi, itxi bentani oi ta barriro be oyan sartu ei zan aguro. Luak ez artuko bai artuko eguala, or nun zabaldu zan bentania irugarrenez; baña oinguan etza asartu jagiten.Onetan bentanara bildurrez-ikara begira eguala, sartu ei ziran leyotik gela barrura bi señorita. Artu oyan eguan letxe arkondara utzian bijen erdijan ta «uju... juka» urten ei eben irurak leyotik. Sasiartek-sasiarte ibili eijeben lenengo; gero, zelai batera juan-da, an, gura nai gura ez, dantzan erain ei eutsen guztiz zorabijau artian. Geyau ezin ebala, ikusi ebenian sorgiñok, itxi sasi-ondo baten Anton-Txita ori ta aldendu ei ziran artatik «ujujuka». Eta an sasi-ondo artan billau eijeben urreingo goixian bere billa ebilzanak, mosu ta gorputz dan-dana guztiz zaurituta.
(Cuentan que Anton-Txita era un campesino de Elorrio. Un día, después de trabajar mucho en la pieza y muy fatigado, se encamó a la hora en que lo hacen las gallinas. Tan pronto como se echó en la cama, se le abrió la ventana de su dormitorio. Después que, ya levantado, hubo mirado, volvió a la cama; pero pronto se le abrió de nuevo. La segunda vez, Anton-Txita, se asustó un poco; con todo, se levantó, cerró esa ventana y de nuevo se metió en la cama rápidamente. Cuando ya estaba medio dormido, he ahí que se le abre por tercera vez la ventana; pero esta vez no se atrevió a levantarse. En esto, cuando se hallaba tembloroso mirando a la ventana, se metieron de la ventana al dormitorio dos señoritas. Tomándole, tal como estaba en la cama en camisa, en medio de las dos, salieron los tres de la ventana, haciendo uju... ju. Primeramente le anduvieron de zarzal en zarzal; después, habiendo llegado a un prado, allí, a buenas o a malas, le obligaron a bailar hasta marearle totalmente. Cuando estas brujas vieron que él no podía más, dejaron junto a un zarzal a ese Anton-Txita, sé alejaron de aquello haciendo uju ju. Y en aquel sitio, junto al zarzal, le hallaron a la mañana siguiente los que andaban buscándole, con la cara y el cuerpo completamente magullados)
(Enviado por Eugenio Larrañaga, de Elorrio, el año 1922).
Un vecino de Forua volvía de noche de la taberna y en Etxebartxuko landa, que es un término de Murueta, halló un grupo de brujas (sorgiñak) que bailaban. Le invitaron a bailar con ellas. Después del baile le dieron de beber vino. Tomó en sus manos el vaso que le ofrecían y dijo: Jesus! Au da basoan politte! « ¡Jesús! ¡Qué bonito vaso! ». Al instante desaparecieron las brujas, y el vaso quedó lleno de sapos y culebras y de todo género de bichos sucios.
(Referido en 1922, por D. Juan José de Basteguieta, de Forua).
Un hombre del caserío Mugarri fue a trillar o desgranar trigo al caserío Unzueta, de Vergara. De regreso, ya de noche, al pasar cerca de la chabola de Bugarri, vio que una cuadrilla de brujas bailaba allí formando corro. Estas le invitaron a que tomara parte en el baile. Cuando llegó la hora de beber agua, el hombre empezó a santiguarse con el vaso en la mano. Inmediatamente desaparecieron las brujas, quedándose el hombre solo con el vaso en la mano. Todavía el vaso se halla en el caserío de Mugarri.
(Contado en Placencia por N. Gantxegi, el año 1918).
Mendelu’ko zubia (El puente de Mendelu).
La víspera de Santa Agueda, a las 7,30 de la tarde, se oye cada año una serie de campanadas de la torre de Fuenterrabía, dedicadas a la festividad de la santa. En ese mismo momento, según cuentan se reúnen las brujas de Larrun y Batallau (Aya) en el lugar del Puntal, donde celebran una fiesta con sus danzas y cantos característicos. Luego se desparraman, yendo unas al puente de Mendelu y otras a Santa Engracia. Esa noche no es fácil pasar por aquellos lugares sin que le acontezcan a uno encuentros agradables o desagradables con las brujas, como se ve en el siguiente relato. Un arriero de Oyarzun llegó al puente de Mendelu, de paso para Fuenterrabía, ya de noche y lloviznando. Decidió cobijarse debajo de uno de los arcos, y al cabo de un rato, oyó cómo unas brujas armaban un jolgorio con sus ujujus y danzas e invitaban al arriero a la zambra. Accedió éste y, en premio, recibió zakuto bat untzurre "una bolsa de onzas de oro". Pronto saldó las cuentas con el amo y ufano con su bolsa se encontró con un compañero. Este le preguntó cómo había solucionado sus problemas económicos tan rápidamente. El le contó lo sucedido. Entonces el segundo se encaminó también a Mendelu, se cobijó bajo un arco del puente y se echó a dormir. Al poco rato vinieron las brujas como de costumbre y con sus ujujus e irrintxis le despertaron. Empezaron a danzar y a cantar e invitaron al arriero a holgarse con ellas. Cantaban sin cesar esto: «lunes, martes, miércoles tres; jueves, viernes, sábado seis». El arriero, ignorando el alcance de su palabra replicó: «¿domingo?». Inmediatamente se abalanzaron contra él, dejándole hecho una sopa.
(Comunicado en 1943, por D. Angel Irigaray).
Iraeta’ko olaan lanean jardun eta etxera zijuala, Atxutxu’ko gizonak sorgin-pilla bat saltoka ta dantzan ikusi amen zituan zea esaten ari zirala: «egunez zar eta gauez gaste». Gkonak «daiogun» erantzun omen zien. Orduan, ori esan zualako, sorgiñak eldu ta ibaian matutia arte, sartu ta atera, ibilli omen zuten. Goizean eguna argitu zanean, bere burua ibai bastarrean zearo bustirik eta otzikaraz zeukala esnatu omentzan.
(Cuando volvía a casa después de trabajar en la ferrería de Iraeta, el hombre de Atxutxu vio a un grupo de brujas que saltaban y bailaban, mientras decían esto: de día viejas y de noche jóvenes. El hombre les contestó: ¡creámoslo Entonces, porque habló así, las brujas le agarraron y le turibularon en el río, metiendolo y sacándolo, hasta el alba. A la mañana, cuando hubo amanecido, se despertó en la orilla del río con su cuerpo totalmente mojado y tiritando.)
(Referido por Juan de Iruretagoyena, de Zarauz, en 1920)
Del manuscrito, ya citado, de D. Federico de Baraíbar copiamos los cuatro breves relatos siguientes.
El aceitero de Tejada.
«Iba de noche con los machos cargados de aceite. Las brujas se le presentan arañándole y no podía desasirse de ellas. Lo llevaron y arrastraron. La mujer le encontró en el camino tendido. Los machos libres y sueltos y los pellejos por el suelo a mucha distancia unos de otros».
De Delica (cerca de Orduña).
«Un tal Manuel se hallaba trabajando en el campo. Le anocheció en la heredad donde trabajaba. Después, sin saber cómo, apareció a la mañana todo arañado en las ventas de ..., a tres horas de camino. Volvió a su casa y el milagro se lo colgó a las brujas ».
De Hueto Abajo.
«Estaba un labrador trabajando en el campo. Después de anochecer lo cogieron las brujas y le arañaron cuanto quisieron. A la mañana le recogieron hecho un mapa»
De Unzaa.
«Bajaba uno a Artómaña. Estuvo en la pieza hasta muy tarde. Le salieron las brujas al camino en figura de gatos. Le arañaron y pax Christi».