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A finales del año 2017, decidí creer con todas mis fuerzas en el poder de la palabra y que el universo conspira a favor de nosotros si nuestras energías son positivas. Desde entonces sin un plan, pero con mucho convencimiento decrete el próximo año ¡me voy del país!
Debo confesarles que siempre desde niña soñé con viajar por el mundo, conocer otras culturas y costumbres, pero jamás me imaginé dejar mi hermosa Venezuela, sin conocerla a ella por completo. Y sobre todo dejarla por necesidad.
Fue a consecuencia de la situación país, que sentí era el momento de ocuparme, tomar acciones, dejar atrás los miedos e ir en búsqueda de nuevas experiencias. No podía esperar más, sentía que los años pasaban en vano y la frustración era mayor por no cumplir mi propósito de vida.
En un principio, como isleña que llevo al caribe por dentro quería emigrar a un lugar cálido, dónde no sufriera tanto por el frío. Pero luego de investigar dónde era más accesible el trámite para establecerse como emigrante, y dónde en relación a la moneda tendría mayor posibilidad económica entendí que debía atreverme a ir más lejos.
Entonces empecé a apuntar a la Argentina, un país donde uno de mis hermanos había tenido la oportunidad de vacacionar, y mediante su experiencia siempre me intereso conocer.
Pasaron unos meses, y todo se fue engranando para consolidar esta decisión. Llego marzo 2018 y ya tenía casi todo planificado, solo faltaba lo más importante, la fecha, sentía miedo de viajar sola, era mi primer viaje al exterior y sin fecha de retorno.
Sabía que el camino no sería fácil, asimilar que dejaba mi vida, mi familia y amistades, todos esos abrazos que me contenían en momentos difíciles. De repente el universo volvió a sorprenderme, por medio de una amiga conocí a dos chicas jóvenes con las mismas ganas de emigrar por un mejor futuro, coordinamos para viajar juntas, combinando el viaje por tierra hasta Brasil y luego en avión hasta Buenos Aires.
Pero mis compañeras no lo hicieron, entonces me dicen tú puedes abordar, ellas no. Imaginen mi situación, luego de compartir tres días, de conectarnos por un mismo propósito, no podía dejarlas. Desde ese momento empezamos a ser valientes emigrantes, que no íbamos a dejar nadie nos quitará la oportunidad de vivir dignamente, y luchar por nuestros sueños.El 20 de abril salimos desde la isla de margarita, puedo decir han sido los cinco días más largos de mi vida, y en medio del viaje empezó mi aprendizaje. Al llegar el momento de hacer el Check in en Manaos el personal de la aerolínea nos exige que por ser venezolanas debíamos tener un pasaje de retorno, en mi caso al comprar el pasaje como me salía al mismo precio, lo compre ida y vuelta.
Y como dicen cuando una puerta se cierra, otra se abre, gracias a la ayuda de otros pasajeros, logramos resolver y abordamos el siguiente vuelo llegando a Buenos Aires el 24 de abril del 2018, al siguiente día salimos a entregar curriculum, y al cuarto día inicié mi primer trabajo como promotora en una tienda de vinos.
Allí empecé a conocer más de cerca a los argentinos, su dialecto, su comida y costumbres, definitivamente una linda experiencia. Estuve en Buenos Aires solo por unos días, porque ya había decidido seguir las vueltas de la vida que me daba la oportunidad de conocer y vivir en otro destino que no era la tradicional capital donde en su mayoría se encuentra la comunidad de emigrantes venezolanos.
Entonces nuevamente emprendí un viaje, esta vez sin compañía, luego de 5 horas llegué a la ciudad de Crespo, mejor conocida como la "Capital Nacional de la Avicultura" en la Provincia Entre Ríos. Un lugar donde convergen diversas culturas como italiana o alemana, que intentan mantener sus costumbres en el tiempo y su gente se caracteriza por ser trabajadora y progresista en medio de la vida rural.
La vida es una sola, y si no arriesgamos ¿cómo saber si era bueno o malo? Para mi llegar a un lugar donde solo conocía a una persona era un gran reto, solo para valientes, pero como toda una millennials quería explorar y vivir un destino diferente, a la vez tenía fe y confianza en que Dios estaba de mi lado y había movido las piezas necesarias para darme este destino.
Hoy un año y medio después, estoy feliz de haberme arriesgado, vivo sin culpas, y para mi emigrar ha significado crecer en lo personal y profesional. Sigo trabajando día a día en no darle caducidad a mis sueños, por el contrario he desarrollado mi espíritu de emprendedora, ahora tengo la capacidad de automotivarme, para mantener clara la visión al futuro y trabajar en favor a mi propósito de vida.
Definitivamente no importa el destino que elijas, todo depende de tu personalidad y valores, pienso que la clave como emigrantes es que debemos adaptarnos a dónde vamos y no pensar que el país se adaptará a nosotros.
Cuando tomes la decisión de enfrentar tus miedos y dar el primer paso, te aseguro lo demás ira fluyendo, el simple hecho de no caer en el egocentrismo y la soberbia nos vuelve mejores aprendices así que cada puerta que toques si lo haces con humildad, seguramente se abrirá esa, y muchas más, para emprender una nueva vida.
Recuerda “Nuestro destino nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas”. – Henry Miller