22/09/2026
No todo miedo dice que hay peligro
Hay miedos que vienen a protegernos.
Cuando existe una amenaza concreta, cuando alguien vulnera nuestros límites, cuando hay violencia, manipulación o riesgo real, el miedo puede ser una brújula.
Nos dice: **mirá, cuidate, salí de ahí.**
Pero hay otros miedos;
Miedos que aparecen cuando algo nos importa.
Cuando amamos.
Cuando empezamos a sentir hogar en alguien.
Cuando deseamos algo y descubrimos, al mismo tiempo, que podríamos perderlo.
Y hay también miedos antiguos.
El presente toca una herida conocida y el cuerpo recuerda antes que nosotros.
Entonces reaccionamos frente a lo que está sucediendo (como si también estuviera sucediendo todo aquello que alguna vez sucedió).
Quizás crecer emocionalmente no sea dejar de tener miedo.
Quizás sea aprender a preguntarnos:
¿Este miedo me está avisando de un peligro presente?
¿Está recordando un peligro pasado?
¿O está intentando protegerme de un futuro que todavía no ocurrió?
Porque las tres cosas pueden sentirse igual en el cuerpo…
pero no necesitan la misma respuesta.
A veces habrá que irse.
A veces habrá que poner un límite.
A veces habrá que quedarse quietos y acompañar al cuerpo hasta que comprenda que aquello ya pasó.
Y otras veces habrá que hacer algo todavía más difícil:
aceptar que amar también implica no tener garantías.
Puedo tener miedo de que te vayas
sin convertir ese miedo en la certeza de que vas a irte.
Puedo sentir miedo de perder algo hermoso sin empezar a destruirlo para evitar el dolor de perderlo.
Puedo amar profundamente sin entregarle al otro la responsabilidad de hacerme sentir segura todo el tiempo.
Tal vez la pregunta no sea:
¿Cómo hago para no tener miedo?
Sino:
¿Qué viene a contarme este miedo y qué parte de su historia pertenece realmente al presente?
El miedo puede traer información.
Pero no siempre trae una profecía.
Y aprender a distinguir una cosa de la otra también es una forma de volver a nosotros.
**Mariana Romero · Terapeuta Integral**
Cuerpo •Mente•Emoción •Espíritu