Venu Desirée

Venu Desirée Si el arte no te saca de tu zona de confort ¿qué sentido tiene? A veces musa, otras veces historia...

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"Mariposas"  Lo crucé en otro lugar. No nos dijimos nada, no hacía falta. Nos conocíamos de antes.A partir de su mirada ...
01/05/2025

"Mariposas"

Lo crucé en otro lugar. No nos dijimos nada, no hacía falta. Nos conocíamos de antes.
A partir de su mirada hacia mí, caminé detrás de él.

Su habitación olía a encierro y represión. Latía de su cama, la urgencia de concretar sólo una fantasía. (La más negada).

Apenas entré, me empujó contra la puerta, me agarró del cuello, firme, como si quisiera que le diga algo sin siquiera haberme preguntado.

Y miré sus labios finos de tantas mentiras, de las veces que cambió detalles del mismo discurso y con seguridad le aclaré: Si vas a pretender algo de mí, que no sea a cualquier precio. Como un estafador.

Entonces sus manos se vencieron en mi piel.

Fue acariciándome los pómulos como no creyendo que estaba allí, exteriorizada de un sueño. Y me recordó a aquella tarde en el bar de la muñeca semidesnuda que colgaba del techo, sobre un piano de cola. – Mientras esperábamos un par de cafés, en nuestra primera cita. – Algo que no sabés ni por qué, ni cómo, llegó hasta ahí. Pero que ahí estaba, mirando el mundo, al revés.

Poco a poco me desprendió el body. Me lamió el pecho, mientras lo observaba minuciosamente, como si buscara algo que solo él sabía que estaba allí.

Eso que antes revoloteaba entre sus dedos, mientras sus ojos se enternecían. Y ahora se encontraba escondido debajo de mis costillas. Pero él no lo intuía.

Eran las mariposas muertas, de tanto esperar.

Con un trayecto tembloroso, fue surcando mis piernas.

Me pidió que le nombre cosas. Y comencé por la ausencia. La de viejos anhelos y viejas costumbres.

Lo obedecí a mi modo: Jugando a que su hambre era el mío.

El suyo de devorar, el mío de probar.
El suyo de someter,
el mío de quedarme
justo
con lo que necesitaba.

Cuando el aire ya estaba espeso y la cama hablaba un idioma de dimensiones separadas, me vestí y me fui.

Mientras él se quedaba congelado
como un viejo fantasma
que con la distancia va perdiendo su voz,
en mi recuerdo.

Y el calor de mis nervios ya no atravesaban mi espalda, encendiendo las llamas,
que solían derretir
aquel suelo de cristal,
que tanto
vértigo
nos daba.

Entrelazaba sus dedos con los tuyos cuando despertó en medio de la madrugada, asustada por una intensa pesadilla. El rel...
28/03/2025

Entrelazaba sus dedos con los tuyos cuando despertó en medio de la madrugada, asustada por una intensa pesadilla. El reloj de su muñeca, colocado en tu mesita de luz, marcaba las 3:30 am. Al abrir los ojos, todavía reposabas allí. No te habías ido de su lado.
Supo buscarte con la mirada. Sólo con la mirada. Esperando una respuesta. O una mísera reacción; simplemente algo.
Algo que le dijera que sí, que la amabas. Como un abrazo. O una pregunta.
Pues ya hacía días que no escuchaba tu voz, y eso también la aterraba. Tu silencio.
Sus ojos, bien abiertos, comenzaron a dudar si la silueta que se mecía a su lado era la tuya - mientras el aire que entraba por la ventana le refrescaba la sien y le movía suavemente el flequillo - o si se trataba de una versión que recién conocía, de ese muchacho que la enamoró. Con el que había pasado inviernos sin calefacción y veranos llenos de humedad.
Soñó que estaban juntos, cansados.
Cansados, pero juntos. Y se volvió a dormir, sin intentar acariciarte de nuevo, con otras pretensiones. Sabía que no te importaba siquiera, tenerla desnuda. Ya no la deseabas. Con el tiempo, lo aceptó.
Se había rendido. Su noviazgo de semanas de esplendor, enfrentaba una crisis, como las que enfrentan las parejas que llevan muchos años. De esas en las que caben mil razones para mandar a volar todo, resumidas en un suspiro que aplaca el aire hasta convertirlo en adoquín.
Se había rendido.
Mientras él,
dormía.

12/03/2025
Decidir abrir el corazón también implica despedidas sin remedio. Como retener con fuerza una voz que jamás volverás a es...
19/02/2025

Decidir abrir el corazón también implica despedidas sin remedio. Como retener con fuerza una voz que jamás volverás a escuchar, los sábados por la mañana o los domingos a media tarde. Es encontrar un calor distinto en otro cuerpo... Y por un momento, tranquilidad y seguridad se confunden, ya no enfrentadas por el miedo. Pero subyace la idea de que, aun así, quizás no. Y los sentimientos florecen mientras la noche oscurece, pidiendo: "no me dejes, por favor."

Los días transcurren como el agua en el lavamanos de un bar de mala muerte: rápidos y ordinarios. Y no entiendo qué hace especial la presencia de un cepillo azul, si no la existencia de su dueño.

Pero no en mis días. En ellos, la rapidez de los inicios y la violencia de un adiós.

¿Dónde estoy cuando no estoy? Hay pensamientos que merodean mi cabeza la mayor parte del día. Oscilan entre futuros exag...
14/02/2025

¿Dónde estoy cuando no estoy?
Hay pensamientos que merodean mi cabeza la mayor parte del día. Oscilan entre futuros exageradamente grandiosos y los puentes más lúgubres de un pueblo olvidado en el sur. La vuelta al mundo tiene el freno de mano puesto. Ya no gira. Solo está ahí, acumulando el óxido suficiente hasta que un día, el gris -ruin- de un par de tachos de pintura lo esconda por completo.
Esa promesa de felicidad.
De cualquier manera, queda linda para la foto: Atardecer, amigas y unas anécdotas para olvidar.
Hasta el sol se escapa de nosotras, sus rayos no alcanzan lo que antes. Se pierde en el horizonte. Arrastra con él los pensamientos que merodean mi cabeza. Diluyendo la nostalgia y las viejas buenas intenciones. O la terquedad de sujetar más fuerte al dolor, para no fracasar en ese 'último' intento
Cada ultimátum fue un pase libre a la eternidad de una condena.
Cubículos distintos, mismo penal. ¿Y encima teníamos que agradecer 'poder elegir'?
De abrazarlos fuerte y besarlos aún más. (A su “él”, a mi “ël”; a ellos). Aunque parecieran el mismo; prototipo de un varón suscripto a un canal de YouTube donde le enseñan a invertir en la bolsa; la bolsa de gatos o a leer sobre progenitor rico y progenitor pobre.
“Pensaba que, si lo dejaba, dolería menos. Pero duele más. Y quizás peor. Tenerlo haciendo daño era una anestesia. Al menos lo tenía"
Pero sus efectos se terminan cuando ya no podés dormir. “
-Calma niña. Aquí estaré.
Conversaciones del amor, de las expectativas que teníamos de mirar nuestros celulares para Navidad, Año Nuevo, el 14 de febrero, su cumpleaños y mi cumpleaños. Esperando que ellos recapaciten porque nosotras encarnamos esas heridas. Tan suyas. ¿Por qué nuestras? ¿Al final el hecho de “no perder” o “no ser un fracaso” en términos de vínculos sexoafectivos, no es más que un acto de posesión, aunque tengas un n**o en la garganta y la condescendencia se te haya hecho costumbre? ¿Aunque seas vos, la que está encerrada?
Mirábamos nuestros celulares con esa espera, mientras que, al mismo tiempo respondemos otros, como a un ramdom común: “ah sí, qué interesante, ¿Cuándo nos vemos?”... que no busca nada más que dos horas de atención o 15 minutos de no masturbarse solo...¿Quién se fuma con tanta tranquilidad, la soledad que nos corroe?
Mis amigas son mi mejor historia de amor.
Mi mejor revancha.

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