17/08/2026
17 años sin tu mirada, hoy se cumplen ya desde que te fuiste a jugar un grand slam con el barba, viejito querido, abrazo grande allá donde estés.
Miradas perdidas
Hay miradas que lo dicen todo, miradas libertarias, miradas rebeldes acompañadas de acciones valientes. Miradas primarias que me enseñaron a existir.
Aquellos que las llevaban, son aquellos a quienes sigo. Sigo sus pasos, sus palabras, sus canciones y sus proezas, seguían adelante a través y a pesar de todo, ignorando críticas, celos, odio y siempre contra la corriente.
En contra de un imperio, de los medios de comunicación, de las multinacionales o del gobierno de turno.
En contra de una multinacional y a favor de un pueblo originario, a favor de la independencia de una Nación, de la paz mundial, de la salud o de una revolución.
Mirada de médico, aunque no ejerciera, ejerció una revolución.
Mirada de cirujano, aunque en realidad, nos regaló un corazón.
Mirada de artesano, aunque en realidad, su mirada reflejaba rebelión.
Mirada de artista, aunque en realidad, fue un noble de la paz.
Mirada de líder, aunque en realidad, fue el mejor redentor.
Mirada de padre estricto, aunque en realidad, fue el mejor educador.
Miradas de distintas épocas y distintas nacionalidades, los conocí, aunque a la mayoría no los viví, porque somos almas gemelas, almas de sedición, porque somos corazones perturbados, corazones soliviantados.
Es que este sistema nos puso la mirada en una encrucijada, la mirada contemplando a hacia otra dirección. Nadando en contra de la corriente, siendo siempre desobedientes.
Las seis miradas ya partieron, unos fueron asesinados y otra mirada fue obligada a suicidarse porque en su corazón no cabía más amor. La más importante de todas ya partió y me dejó un hueco vacante en el corazón.
Algunos serán recordados como héroes, otros no tanto, otros fueron usados por los medios de comunicación y algunos por sus miedos y sus odios les creyeron.
Algunos dirán que son batallas perdidas, yo digo que son miradas ganadas, pero la guerra sigue y para ganarla no hay que olvidarlas, porque, sin quererlo, lograron conmovernos y lograron querer imitarlas.
Fueron miradas que fijaron mi semblante para siempre.